Lo que es y hace un buen maestro
Fernando Cajas
Hoy, 25 de junio, celebramos el Día del Maestro en Guatemala. Es un día para honrar a quienes, con vocación y coraje, construyen identidades, humanizan generaciones y siembran las semillas del futuro de nuestra patria. Pero más que una celebración, debe ser un momento de reflexión colectiva sobre lo que realmente significa ser un buen maestro en un país que enfrenta enormes desafíos educativos, sociales y democráticos.
Un maestro es, ante todo, un artesano de la construcción de identidades. Trabaja con las emociones, las relaciones humanas y el conocimiento como una construcción social compartida. No es un simple transmisor de información, sino un guía y humanizador que acompaña temporalmente a sus estudiantes para ayudarles a descubrir quiénes son, quiénes fueron y quiénes pueden llegar a ser. Como bien expresa el poema de Antonio Machado, inmortalizado por Joan Manuel Serrat: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. El buen maestro no impone sus experiencias ni sus miedos; facilita que cada estudiante construya su propio sendero.
Esta visión se enriquece con investigaciones como la de Rosana Santiago García y César Darío Fonseca Bautista, en su artículo “Ser un buen profesor. Una mirada desde dentro” (EDETANIA 50). A través de las percepciones de docentes mexicanos, destacan que las cualidades del buen profesor surgen de la práctica diaria y del contexto, más allá de listas burocráticas: dimensiones éticas, relacionales y profesionales que van mucho más allá de la mera entrega de contenidos.
Ser maestro es una vocación sagrada que exige rigor y compromiso ético. No se improvisa. De esta labor depende el futuro de las personas y, en última instancia, el de la humanidad. En Guatemala, donde solo uno de cada diez estudiantes domina operaciones básicas de matemáticas, los bajos resultados educativos no son casualidad: son el costo de una formación docente improvisada, desvinculada de la práctica reflexiva, la investigación didáctica y la realidad de nuestras comunidades.
Un buen maestro es un profesional humano y preparado. Muestra curiosidad genuina por la vida y el aprendizaje de sus alumnos. Motiva, corrige con justicia, establece límites claros y ayuda a soñar en grande. No se encierra entre las cuatro paredes del aula: dialoga con colegas, comparte experiencias y utiliza la evaluación como herramienta para mejorar el aprendizaje, nunca para generar temor o exclusión.
Especialmente en matemáticas y ciencias, el buen maestro promueve el pensamiento crítico y la construcción activa del conocimiento. Aquí adquiere relevancia central el concepto de Mathematical Knowledge for Teaching (MKT) de Deborah Loewenberg Ball (Universidad de Michigan, mi profesora), enriquecido con los aportes de Ricardo Cantoral del CINVESTAV-IPN y líder histórico del Comité Latinoamericano de Matemática Educativa (CLAME). Este enfoque permite:
- Explicar conceptos de manera clara y adaptada, partiendo del Discurso Matemático Escolar.
- Anticipar errores comunes de los estudiantes.
- Emplear representaciones potentes (visuales, manipulativas y contextuales).
- Responder en tiempo real a las ideas y confusiones de los alumnos.
- Reconocer las prácticas sociales de la ciencia y matemática —modelar, predecir, describir, explicar, diseñar— que dan sentido al contenido escolar.
Coincidiendo con la mirada “desde dentro” de Santiago García y Fonseca Bautista, debemos escuchar y fortalecer las voces de los propios maestros. Urge reconstruir las Escuelas Normales con programas rigurosos, práctica intensiva en campo y estrecha vinculación con investigación didáctica. Las reformas recientes representan un primer paso, pero deben ir acompañadas de inversión real, preparación adecuada de formadores y protección frente a la politización y el clientelismo que tanto daño han causado a nuestra educación pública.
Necesitamos mejores maestros, sí, pero también mejores líderes educativos. Hay que invertir en formación continua basada en evidencia, que forme docentes reflexivos, críticos y competentes, es una prioridad nacional impostergable. Esta tarea forma parte de la lucha más amplia por recuperar la autonomía universitaria y la misión académica de la USAC, frente a las fuerzas que pretenden capturarla.
Como sociedad, estamos en deuda con nuestros maestros. Reconocerlo y actuar en consecuencia es la mejor manera de construir el Guatemala que soñamos: más justo, más culto y verdaderamente democrático.
