Un llamado a la integridad
Mynor René Martínez
En redes sociales está circulando un video del presidente electo Bernardo Arévalo con una tónica distinta a sus otros mensajes, con una producción bien elaborada y con muchas significaciones.
En este video el presidente Arévalo invita a los guatemaltecos a tener una actitud de integridad, o sea a respetar la ley, a evitar la corrupción y a defender la democracia.
Un punto importante del mensaje es que no solo va dirigido a los simpatizantes, también va dirigido a los que se oponen a su gobierno, a los partidarios de otras facciones, a quienes le están haciendo la guerra, una actitud poco común en la política nacional, donde generalmente no se da espacio a los contrarios.
Esto es un ejemplo del cambio de paradigma que se está viviendo con miras al nuevo gobierno, dejando atrás pensamientos paradójicos que dividen, como izquierdas y derechas, ricos y pobres, ladinos o indígenas, hombres y mujeres, etc. Son esas divisiones las que rompen el tejido social, nos destruyen la identidad y lastiman la armonía y el desarrollo del país.
Este llamado del presidente invita a desarrollar una vida integral, a que las personas sean íntegras y a una sociedad integrada, el único camino para el desarrollo. Una sociedad quebrada, dividida y subyugada por un grupo no puede prosperar.
Si bien la lucha contra la corrupción es importante, porque ejerce mecanismos de corto plazo para evitar el saqueo y el despilfarro de los recursos, también se requiere de una política de largo plazo y esa debe ser encaminada hacia una educación de la integridad.
Según la Real Academia Española (RAE) la integridad proviene del término íntegro, que se refiere a un ser completo, pleno, intacto; asimismo, se reconoce que alguien es íntegro cuando es decente, honesto, probo, recto, intachable, honorable, honrado, irreprochable, incorruptible, insobornable.
Parece que en nuestra cultura estos valores han sido relegados a cosa del pasado, desvalorizando su significado y desmeritando a las personas que lo practican, aduciendo que no aprovecha las oportunidades, que no quiere agarrar cuando puede, incluso que es “tonto” si deja ir la oportunidad de llegar a un puesto para hacer negocios.
La integridad se aprende en casa, en la escuela, en la iglesia, en la comunidad, pero es necesario que alguien lo haga evidente y ese es el Estado, a través de los poderes Ejecutivo, el Congreso y el sector Justicia, dando el ejemplo con sus actos.
Una sociedad que se maneja por los valores de la integridad tiene muchas ventajas que desembocan en el desarrollo humano de sus habitantes, el crecimiento de su economía y en la consolidación de sus empresas.
Las naciones que más conflictos mantienen son las que menos se desarrollan, porque pierden su tiempo recogiendo a sus muertos, sanando heridas, vengándose de la contraparte; mientras más caos existe más entropía se genera, esto significa que nada de los que se produce puede florecer ni crecer.
Tomo personalmente el mensaje del presidente Arévalo y lo hago mío. Desde el lugar que me toque actuar me comprometo a promulgar la integridad, en mi familia, mis negocios, mis clases en la universidad, mis relaciones sociales y mi vida personal. Les invito a que hagamos más fuerte la cruzada para instaurar una sociedad integral y comencemos una nueva etapa de nuestra historia.
