Será este el nuevo orden mundial

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

¿Quién ha invadido países y pueblos enteros durante cien años y más? ¿Quién ha lanzado miles y miles de bombas sobre pueblos indefensos, incluyendo bombas atómicas? Queremos respeto a las naciones. Queremos respeto al derecho internacional. Queremos respeto a la autodeterminación de los pueblos.

Hugo Chávez

El 2 de enero del 2026 marcó un hito, un antes y un después en la historia de las relaciones internacionales y el orden mundial, con la brutal agresión a la soberanía venezolana y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por parte de la CIA y el ejército estadounidense, dirigidos por Donald Trump.

Anteriormente, en la que fue llamada Operación Causa Justa, el jefe de gobierno de Panamá, Manuel Antonio Noriega, fue secuestrado por órdenes del presidente de Estados Unidos. George W H Bush envió miles de soldados al país para detener a Noriega, quien había estado al frente de un régimen militar durante seis años. El otrora agente de la CIA fue acusado de narcotraficante y condenado a 40 años de prisión. Lo mismo ocurrió en Corea, Vietnam, Guatemala, Cuba, Chile, Irak, Libia por citar algunos países.

De ahí que la agresión a Venezuela, no haya sido algo nuevo, insólito, algo novedoso e inaudito, pues el proceder por parte de los distintos gobiernos de Estados Unidos, demócratas y republicanos, en el mundo, ha sido el ser intervencionista, invasores, cuando sus intereses se ven en peligro o los gobiernos de los países no ceden a sus propósitos.

El país que presume ser garante de la paz en el mundo, defensor de los derechos humanos, la nación que respeta la soberanía de los pueblos, modelo de democracia, en la práctica se ha caracterizado por ser un país agresor,  enemigo de la paz en el mundo.

Con la intervención militar en Venezuela, el planeta vuelve a la ley de la selva, en la que impera el más fuerte, el que aplasta, aniquila al débil con toda impunidad y sin importar las consecuencia. De nada sirven los acuerdos internacionales, el derecho de las naciones, cuando un país posee el arsenal militar para hacer valer su interés y hacer lo que le plazca.

Ante lo sucedido, las organizaciones creadas para regular y establecer la convivencia pacífica entre los pueblos, para garantizar la paz mundial, como las Naciones Unidas, permanecen en un inadmisible silencio, mostrando su inutilidad, más bien demostrando estar al servicio de los intereses del país del Norte.

Europa, atenta a los movimientos de la Federación de Rusia y de China, países que considera una amenaza a sus intereses, está siempre presta a censurar cualquier acción que considere una agresión a la paz del mundo por parte de esos países, pero ante la acción perpetrada por Donal Trump en Venezuela y Netanyahu en Palestina, desvía la atención, justifica la acción y guarda vergonzoso silencio pues son países que consideran sus aliados.

Cómo es posible que un país ataque militarmente a otro y secuestre a su presidente, violando normas y tratados del derecho internacional y que el mundo continúe igual, impávido, sin decir nada. Por aparte, resulta inaudito que algunos aplaudan la agresión estadounidense demostrando con ello su perversión.

Los medios de comunicación, por lo regular, comprometidos con las élites dominantes del mundo, justifican tal acción mostrando al presidente Maduro como un cruel dictador, un tirano que mantiene hundido a su país en la miseria, sin embargo, los índices internacionales, en cuanto a desarrollo humano, en salud, en educación y seguridad, dicen lo contrario.

Las élites venezolanas acostumbradas, en el pasado, a expoliar a su país, conjuntamente con las capas medias del país bolivariano, temerosas de caer a estratos que consideran más bajos, vitorean el vil secuestro de Maduro y el bombardeo infringido por el gobierno de Estados Unidos.

Y es que, para las élites en el exilio venezolano, al igual que los grupos de derecha en el resto de los países latinoamericanos, los negocios turbios, el lucro, el volver a sus privilegios, que consideran causas justas, para los que ven en el secuestro de Maduro una oportunidad de volver a sus ganancias, pesan más sus intereses personales que la dignidad de todo un pueblo.

No es de extrañar que los medios de comunicación muestren a María Corina Machado arrodillada ante la figura de Donald Trump, humillada, ofreciéndole su desvalorado premio Nobel, para congraciarse con él y le permita gobernar Venezuela. ¿Sabrá esa señora lo que es dignidad humana?  Decía Scott Adams, nada define a los seres humanos que su voluntad de hacer cosas irracionales buscando respuestas tremendamente improbables y eso es precisamente lo que le ha sucedido a Machado, al esperar que, con su comportamiento sumiso, servil e indigno, se le premie con la presidencia de Venezuela.

Pero, qué sucedió con el apoyo de Rusia, de China al gobierno de Maduro, quizás el pragmatismo político pesó más y, desde luego, fue lo que marcó su destino, esperemos que no sea así. Qué les queda entonces a los países pequeños, sin poderío militar, ante cualquier agresión imperialista, únicamente les queda unirse, como un bloque solidario, para enfrentar cualquier ataque o agresión de ese tipo.

No obstante, para ello se debe contar con una unidad política, la que lamentablemente, en estos momentos, no se cuenta, debido al progreso del fascismo corporativo, de la ultraderecha en algunos países de la región, anclada en gobiernos serviles como los de Daniel Noboa, Javier Miley, José Raúl Mulino y Santiago Peña.

El mundo ya no será el mismo de ahora en adelante o, quizás, desde hace mucho tiempo ha sido así y el resto del mundo no ha reparado en ello, o no les interesa, pues algunos se han beneficiado con ello y otros, consideran que no les ha afectado directamente.

Sin embargo, Donald Trump representa una amenaza a la paz del mundo y, por ello, el mundo debe tomar las medidas correspondientes para evitar que hechos como los acontecidos ya no sucedan, pues en un mundo en donde no se respetan las reglas de convivencia, la destrucción del planeta sería algo inevitable. La amenaza de Trump se cierne sobre México, Colombia, Canadá.

Tan solo el 18 de enero del presente año, BBC News publicó: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este sábado la imposición de nuevos aranceles a Dinamarca y otros 7 países europeos por su oposición a su plan para hacerse con Groenlandia. A Trump no le importa quebrantar toda norma internacional, con tal de hacerse con las riquezas de otros países y territorios del mundo.

Ahora, cualquier agresión o intervención militar será justificada, pues se ha sentado un precedente, lo que antes se hizo veladamente o con el apoyo interno de los grupos opositores a los regímenes que consideran hostiles, ahora con notoria claridad y abuso de poder, fue agredido nuevamente un país latinoamericano. Bajo esas condiciones, el pez grande siempre se comerá al más chico y los demás países del mundo permanecerán en un sepulcral silencio, por temor a que les suceda lo mismo.

La ignorancia de unos, la perversión de otros hace que estos aplaudan los actos violatorios a toda norma internacional, emprendidos por el gobierno estadounidense en Venezuela.

Curiosamente, sucede todo lo contrario con dictaduras como la República de Ruanda, en donde su presidente se ha perpetuado represivamente en el poder por más 4 décadas, sin que haya crítica alguna por los gobiernos de los países occidentales. Grupos de derechos humanos dicen que el régimen ruandés encarcela a opositores y etnias disidente, además de haber asesinado a dirigentes tanto en el país como en el extranjero. Hechos que pasan inadvertidos para el resto de los países del mundo.

El presidente ruandés Paul Kagame prestó juramento este domingo (11.08.2024) para un cuarto mandato, tras haber obtenido más del 99% de los votos en las elecciones del 15 de julio, contando con el beneplácito y apoyo de Estados Unidos, ya que es un socio amistoso del país del norte.

Al parecer, el mundo está cambiando, pero los cambios en los países más pequeños serán imperceptibles si se continúa priorizando el tener sobre el ser, si siguen imperando criterios como los que señalaba Thomas Jeferson, en los que el dinero y no la moral es el principio de las naciones fuertes.

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