ROLANDO MORÁN (Ricardo Ramírez de León)
29 de diciembre de 1929 – 11 de septiembre de 1998
No era excesivamente alto, pero su altura era, sobre todo, política, ideológica, moral, humana…
Revolucionario autodidacta, de pensamiento profundo y visión estratégica. Su historia personal condensa también la de una época histórica y la de generaciones de revolucionarias y revolucionarios.
Firme en sus convicciones y decisiones.
Como buen líder, era un elemento cohesionador. Eso le permitió ser un eje en la construcción de la URNG. Era también un maestro.
De gran corazón, sensible… Apreciaba a las personas, los animales y la naturaleza. Calaba profundamente en la comprensión de los demás. Esa sensibilidad lo hacía también disfrutar de la música: era un melómano.
Sencillo. No necesitaba “pavonearse” para hacerse ver. Sin vanidad y sin pretenderlo, se hacía sentir y reconocer. No necesitaba ser llamado Comandante, pero lo era a plenitud.
Hombre, y como tal, con debilidades y errores. No hay dioses. Y se oponía al endiosamiento de cualquiera. Era partidario de rendir honores únicamente después de muertas las personas, pues incluso quienes consideramos ejemplares pueden torcer el camino y desdecir con hechos deleznables su trayectoria anterior.
De salud endeble. Contaba con un solo pulmón desde la juventud. La dureza de la guerra y, después, el contexto tras la firma de la paz, las intrigas y las divisiones, aceleraron su partida.
Nos hace mucha falta.
