Retorno de China cargado de experiencias
Mynor Martínez
Como pasa el tiempo de rápido, tan solo cuatro meses atrás estaba recorriendo miles de kilómetros desde Guatemala hasta la enigmática China. Es curioso, pero siento que fue mucho más tiempo, por lo intenso de la experiencia.
Como es normal, traía conmigo una serie de ideas que me había formado de lo que era el Gigante Asiático y al llegar comencé a descubrir mis errores de percepción y de conceptos.
Algo tan sencillo como pensar que los chinos se saludan con reverencia, como lo hacen los japoneses y coreanos. Pues no. Aquí no tienen ese hábito, lo más cercano que alcancé a ver fue que hacían reverencia al realizar una presentación pública.
Como estudioso de la semiótica, me interesó mucho conocer la cultura, las costumbres, los signos, los códigos sociales. Eso fue un laboratorio viviente, una experiencia que palpé con cada día que viví, en cada viaje que realicé, en cada conversación (por cierto, muchas pláticas con equipo de traducción).
A eso debo sumar las concepciones políticas y sociales que se manejan en nuestro hemisferio, donde la información es prejuiciosa y tendenciosa, ya sabemos de dónde viene, para que hablar de ello. Desde la palabra “comunismo” para tratar de asustar al viajero para que se cuide de que no se le peguen esas ideas, porque es antidemocrática, porque es contra la “libertad”, entre otras cosas más.
Si algo aprendí en este viaje es que las definiciones de ciertos conceptos pueden ser diferentes en cada cultura y en cada sociedad. Eso precisamente sucede con el término de democracia. Los chinos están conscientes de ello, y por ello hacen hincapié de que su democracia no es la misma que en occidente.
Mientras que en América la democracia es la capacidad de gritar, patalear, escupir injurias y calumnias con toda libertad, aunque las circunstancias nunca cambien en nada para la población, para los chinos, la democracia es de carácter popular, eso significa que los resultados deben reflejarse en la cobertura de las necesidades básicas de la población, aunque ello signifique que haya un sistema que coerción para evitar las desviaciones. No es un sistema perfecto, pero si perfectible.
Para ellos cooperación es antes que competencia, pero sin competencia tampoco hay avance. Es una mezcla tan propia que no es fácilmente replicable en otro lado del mundo, para tranquilidad del hegemón de occidente. Eso se refleja en su constitución que reza que son “un país marxista comunista, pero con características chinas”. La primera parte es la definición que no cambia, en cambio la segunda parte es la definición flexible, la que permite realizar ajustes. Es muy taoísta de su parte.
Si algo me sucedió en este viaje es que practiqué más el “consumismo” que el “comunismo”. Aquí comí Pizza Hut y McDonald’s más que en Guatemala, subí a vehículos no tripulados, fui a disfrutar como niño a Universal Studios. Caí en la trampa de Taobao (el Amazon local), con un sistema de envíos y comunicaciones espectacular, que invita a la compra compulsiva.
Pero al mismo tiempo, observé como en cada escuela estaba presente el sistema político, con sus signos, sus fotos de los presidentes Mao o Xi Jinping, con sus manifiestos y su orgullo patriótico. Fui testigo en primera fila del Desfile del 80 aniversario de conmemoración de la Guerra contra el Fascismo y la Invasión Japonesa, que fue una manifestación de fuerza geopolítica.
Esa dualidad o más bien dicotomía, es la que hace de China un lugar sin igual en el mundo. Aquí se aprende que las concepciones económicas, políticas, ideológicas, filosóficas y humanas pueden cambiar en cualquier momento. Ni Karl Marx, ni Ludwig von Mises pudieron imaginar un lugar, así como este en la historia.
Sin duda mi vida no será igual después de esta experiencia, retorno con una percepción diferente y siento la necesidad de ir nuevamente a China las veces que pueda, para refrescar un poco mi consciencia, tomar lo bueno, dejar lo que no es funcional y de ser posible ayudar a mi entorno, aplicando ciertos formatos que puedan ayudarnos a mejorar las condiciones de nuestra vida social.
Gracias China… Xié Xié.
