Lula, el sindicalista presidente
Miguel Angel Sandoval
Desde la primera ocasión en que Lula ganó la presidencia de Brasil, ese éxito estuvo marcado por la aglutinación de fuerzas, siempre, desde la lucha sindical había apostado por la unión de fuerzas. Sin sectarismos y sin imposiciones. Solo con la idea de avanzar y dar a Brasil una oportunidad. Lo logró, ahora lo sabemos y lo festejamos, por cuarta ocasión. Solo como dato: ningún presidente en nuestro país podría aspirar a una reelección, menos en cuatro ocasiones, a pesar de haber sido puesto en prisión, pues de lo contrario ya estaríamos en su quinto mandato. La razón es simple. Es un líder natural de la gente que vio en los gobiernos de Lula, avances concretos, reales. Eso lo explica.
En esta ocasión como no se había visto en elecciones pasadas, hubo un intento de impedir su triunfo con una intervención desde la cúpula de Trump, sus corifeos en el continente, del tipo Milei que incluso llegó a Brasil para insultar y hacer campaña por Bolsonaro. El genocida de Israel se manifestó de forma pública y agresiva. Además, en esta ocasión fue el turno del evangelio-sionista en una conspiración de alcance mundial, del uso de las redes por los dueños de Meta y otras plataformas, granjas de Bots, toda esta parafernalia, y vencio a todos los algoritmos, a pesar de un traspié en la primera vuelta, Lula salió victorioso. Y ello lo celebramos en todo el continente.
Un poco de antecedentes. Desde la fundación del partido de los trabajadores PT, que es un hito en todo el continente, pues se trata del único partido de los trabajadores fundado por los mismos trabajadores, que rompen con la vieja escuela política de ese país. Claro que en su inicio no solo se integró por trabajadores, pues se nutrió también de las comunidades de base de la iglesia católica, de los estudiantes, de todos los sectores que habían luchado por el fin de la dictadura, y dato muy importante, de la legión de exiliados que regresaron al fin de la dictadura militar brasileña.
Lula, acostumbrado a las diferentes expresiones sindicales y a la negociación política por los temas laborales y salariales, nunca pensó en unanimidades a la fuerza, o creadas por cuotas y esas cosas. Lo hizo siempre con respeto por las características del interlocutor con el que tenía que conversar, acordar, unirse. Ello explica el éxito del PT. Y digo algo más. En el PT, desde el inicio, hubo corrientes internas, unas más radicales otras menos, alguna con algo de oportunismo, otras con mucho de principismo, pero todas petistas. La corriente que Lula encabezó fue la denominada articulación. Eso lo define desde siempre.
Lula ha sido siempre un articulador. En el marco del sindicalismo, juntaba esfuerzos con los sindicatos blancos, con los radicales, con los oportunistas. Ese fue su rol, años después, en el marco del Foro de Sao Paulo. Amplio, democrático, plural. Podía mantener relaciones fraternas con el abanico de fuerzas de la izquierda continental sin excepciones. Con todos encontraba la forma de conversar, de llegar a acuerdos. Era su naturaleza. Y ahora como presidente por cuatro ocasiones, continúa con esa vocación. Total, las diferencias entre quienes queremos cambiar las condiciones deplorables de nuestros países, son mínimas, superables.
Ser electo presidente en dos ocasiones, luego ser encarcelado por jueces del tipo Orellana y fiscales del tipo Curruchiche, vivió una epopeya desde la cárcel. Cientos o miles de personas permanecían afuera de la prisión de Lula y día con día, le hacían un coro gigantesco que decía, “buen día presidente” y por la tarde, “buenas noches presidente” y ello durante todo el tiempo que estuvo en prisión. La gente no se equivocó. Lula era inocente de los cargos espurios que le hicieron. Como no se equivocaron los líderes del mundo que siempre lo visitaron.
Después de la cárcel, que le impidió participar en unas elecciones, en las cuales ganó Jair Bolsonaro, triunfó en otra elección, su tercera, que quiso ser impedida por un intento de golpe de estado, y ahora, gana por cuarta ocasión. Es sin lugar a dudas una lección de constancia y de compromiso. Se trata de un obrero metalúrgico que por cuarta ocasión asume la presidencia de ese país continental. Es necesario subrayar que su victoria electoral no se debe solo a su carisma como líder de los trabajadores. Se debe principalmente a los resultados de su gobierno.
Todo mundo lo sabe y lo dice: enormes logros en la reducción de la pobreza en Brasil, país que siempre fue visto como el más desigual del continente. Hay datos sobre 30 millones de brasileños que salieron de la pobreza por los programas de gobierno del PT y Lula. Dio resultados impresionantes en educación y durante su mandato se construyeron decenas de universidades públicas y se apoyó la investigación científica. Entre muchos avances. Pero hay algo que es necesario reconocer: fue de los primeros países fundadores de los BRICS, y convirtió a Brasil en un líder mundial. Eso es el resultado de los cuatro gobiernos de Lula y del gobierno de Dilma que fue defenestrada por la derecha.
Hoy que obtuvo un triunfo contra todos los pronósticos y la narrativa uniforme de los conservadores del continente y de nuestro patio, ya se dice que, por tener el congreso y el senado en contra, le puede ocurrir lo mismo que a Dilma, y a continuación largas y sesudas elucubraciones. En estos vaticinios se olvidan de varias cosas: el PT es un partido curtido en la lucha política, los sectores sociales están organizados, y la presidencia de Brasil tiene herramientas para dar la lucha política en condiciones aceptables. Y un dato no menor: el sistema judicial a pesar de casos como el de los jueces que llevaron a Lula a la cárcel, tiene un nivel de autonomía y seriedad distintos a lo que tenemos en nuestro país.
Adicionalmente, es de prever que con los resultados desfavorables a Trump en las elecciones de medio término, las presiones disminuyen en Brasil y que Lula, con una victoria electoral que derrotó todos los pronósticos, pueda continuar con su mandato. Es casi seguro que tenga que hacer algunos ajustes en su equipo de gobierno, aunque en líneas generales la política impulsada estos años debe continuar por el mismo rumbo. Ajustes si, cambio de rumbo no parece que pueda ocurrir. Finalmente, ahora hay un actor nuevo y reforzado: el pueblo brasileño que de manera masiva se hizo presente en estas elecciones. Con este nuevo actor, movilizado, pensaría que Brasil vivirá nuevas jornadas de cambio y transformaciones de carácter democrático y progresista.
