Libertad sin equidad

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La ignorancia y el oscurantismo en todos los tiempos, no han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía. Emiliano Zapata

Todo ser humano aspira a ser libre, incluso constituye un derecho inalienable de todo ser humano; pero que lo sea, no significa que lo ejerza. Por eso es necesario esclarecer qué se entiende por libertad. Básicamente, se concibe la libertad a la capacidad que posee una persona para pensar, decidir y actuar según su voluntad, sin sufrir abusos o presión de otros.

No obstante, a pesar de que la libertad es un derecho humano, muchas personas han padecido la restricción del ejercicio de su autonomía. Paradójicamente, al ser el liberalismo político y económico la corriente que más exige su cumplimiento, es el sistema que más impide el ejercicio de la libertad, a muchas personas, pues lo que promueve, para un reducido número de personas que detentan el poder, es la incuestionable libertad de hacer lo que les plazca, dentro de la sociedad.

En tal sentido, la libertad que fundamenta al capitalismo es la libertad económica, el libre mercado, es decir, que el productor venda sus productos sin la intervención del Estado y el comprador pueda comprar según su voluntad. Considera que es el método más eficaz para crear riqueza, fijar precios justos mediante la competencia y garantizar la libertad individual de producir, comprar y vender sin control estatal. Sin la mano invisible del Estado diría Adam Smith.

Pero será así en la práctica, corresponderá tal planteamiento teórico a lo que sucede realmente dentro de las sociedades, genera esa libertad económica, competitividad en la oferta y la demanda a modo de propiciar un equilibrio en el que tanto el productor como el consumidor salgan favorecidos.

Lo que no dice el capitalismo es que los productores y distribuidores pueden crear gremiales, monopolios y oligopolios, con el fin de que ellos sean los que fijen los precios, de modo que el balance entre la oferta y la demanda y la competencia que pueda darse en la oferta, que se traduzca en un precio justo, sea solo una despiadada ilusión.

Teniendo en cuenta que la libertad cobra sentido en sociedad y que ésta requiere de normas, reglas y leyes de convivencia para buen funcionamiento y que, además, cada miembro que forma parte de ella está obligado a cumplir lo establecido, la libertad individual tiene límites, no se puede hacer aquello que vulnere los derechos del otro y que, con ello, quebrante la armonía que se pretende.

Para John Locke, libertad es un derecho natural e inalienable que no consiste en hacer todo lo que uno quiera de forma desordenada, sino en el poder de actuar y disponer de la propia persona y bienes bajo la ley natural, sin depender de la voluntad ajena. De manera que cada ser humano tiene el derecho y la capacidad de decidir por sí mismo, gobernar su vida y cuidar de sus cosas, sin que alguien más lo mande u obligue hacerlo.

No obstante, desde que una persona decide vivir en sociedad, se establecen relaciones de poder, en donde unos lo ejercen y otros se someten a él y es claro que así debe ser, pues se requiere de un gobierno en el cual se deposite la soberanía de la población, para su buen funcionamiento, de no ser así, todo sucumbiría en un caos colectivo en el que cada persona exigiría lo que se le dé la gana. La libertad individual, en este caso, se circunscribe a un orden político que, según sea su ejercicio, puede o no corromperse.

Qué es lo que otorga poder en una sociedad, sin duda uno de los aspectos, quizás el más relevante para ejercerlo, sea la riqueza. De ahí que, quién la acumula, también adquiere el poder, que incide en el margen de acción de aquellos que no lo tienen. Por ello, John Stuart Mill señalaba que la libertad es la facultad que tiene cada persona para buscar su propio bien y felicidad a su manera, siempre y cuando no prive a otros de su bienestar ni los obstaculice. De modo que su ejercicio tiene límites que, dentro de la sociedad, los establece el Estado como regulador de la conducta de sus miembros.

El peligro al que se enfrenta una sociedad que se fundamenta económicamente, en el capitalismo, es que al coincidir con el liberalismo en aspectos como la propiedad privada y el libre mercado, al considerar que la iniciativa individual sin control excesivo del Estado genera riqueza, orden social y progreso económico, el apetito de lucro y el deseo ferviente de acumular riqueza no tiene límites y, al no tenerlos, mientras más capital se posea, más poder se adquiere, poder que limita el posible ejercicio de la libertad a los demás, sobre todo a los más desprotegidos.

Decir que se es libre, sin contar con el poder para ejercer ese derecho, constituye una abstracción sin sentido. Y es por lo que Herber Marcuse decía: La libre elección de amos no elimina ni a los amos ni a los esclavos. La libre elección entre una amplia variedad de bienes y servicios no significa libertad si estos bienes y servicios perpetúan el control social sobre una vida de trabajo duro y miedo; eso precisamente se vive dentro del sistema capitalista, no se decide por cuenta propia, se escoge lo que el sistema permite.

Cómo evitar que, a partir de la acumulación de capital, se adquiera también el poder sobre aquellos que no lo tienen. Podrán, en dado caso, los valores éticos cambiar el comportamiento de un capitalista, es decir, lograr que, a partir de inculcarle valores morales, deje de explotar al trabajador, anteponga los aspectos humanos sobre el lucro y, desde luego, que prevalezca el bien común sobre los intereses personales.

Tal suposición, constituye una contradicción, dentro de lo que, en esencia, es el capitalismo, debido a los valores que ostenta y que persigue tal sistema económico, que se traduce en un exacerbado apetito de lucro, en la acumulación desmedida de la riqueza, en “la explotación del hombre por el hombre”.

En informe de OXFAM, Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre, de enero del presente año, se señala que la riqueza conjunta de los milmillonarios aumentó el año pasado en 2,5 billones de dólares, una cifra que prácticamente equivale a la riqueza total en manos de la mitad más pobre de la humanidad, es decir, 4.100 millones de personas.

En un comunicado anterior, la institución publicó que los 8 hombres más ricos del mundo poseen lo mismo que 3 mil 600 millones de personas, los 22 hombres más ricos del mundo poseen mayor riqueza que todas las mujeres de África. De modo que la riqueza en las personas más ricas ha aumentado exorbitantemente.

Y así, continúa el informe de OXFAM, los milmillonarios tienen 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político que la gente corriente. La brecha entre los superricos y el resto de la población se amplía cada vez de manera más intensa y está generando también una brecha política enormemente peligrosa e insostenible, afirma Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam. Brecha que incide indudablemente en las libertades del resto de la población en el mundo.

En consecuencia, acumular riqueza para unos significa mayor pobreza para otros, no es un juego de gana-gana, sino que, en la lucha por el control del mercado, habrá siempre ganadores y perdedores. Cada vez más la riqueza se concentrará en menos personas y la pobreza aumentará progresivamente en otras. Qué libres pueden ser aquellos que materialmente viven en la miseria, que no cuentan con ningún poder para ejercerla, que ignoran lo que la libertad representa.

En este caso, la libertad que defienden y vociferan los capitalistas recalcitrantes es una irreal abstracción que, para Karl Marx, se reduce al derecho de la propiedad privada y oculta una profunda desigualdad real y coerción económica. Para ellos, los capitalistas liberales, los seres humanos nacen libres y se les debe garantizar tal libertad en sociedad, pero de hecho, los únicos que pueden gozarla son ellos mismos, los demás, los que sobreviven cada día, el “ser libres”, les viene sin cuidado, a pesar de ser un derecho inalienable de todo ser humano.

Por qué será que, en el actual momento político, Benjamín Netanyahu y su ministro de seguridad, Itamar Ben-Gvir, tienen la libertad de masacrar y esclavizar al pueblo palestino; Donald Trump es libre de secuestrar a un presidente de una nación soberana, ataca impunemente a un país por el hecho de considerarlo una amenaza, se siente con la libertad para hacerlo pues tiene el poder y ninguna nación de este planeta se los va a impedir. En la práctica, la justicia, al igual de quién es libre, lo determina el poder del más fuerte.

Se puede aspirar a ser libre, entendiendo por libertad la autonomía de decidir por cuenta propia lo que se va a hacer, al igual que la libertad negativa que planteara Isaiah Berlin, pero también, según su planteamiento, la denominada libertad positiva, que es el poder y control para autorrealizarse. Sin embargo, para él, la libertad no es la presencia de una capacidad, sino la ausencia de una interferencia, a pesar de que, sin capacidad para ejercer, ser libre pierde sentido para el ser humano.

Desde tiempos inmemorables, los seres humanos han esclavizado a otros, limitándoles su derecho a ser libres, a decidir por sí mismos lo que harán con sus vidas. La interrogante que surge al respecto es, ¿cuál es la causa de tal situación restrictiva? La respuesta la expuso Federico Engels al indicar que fue a partir del origen de la propiedad privada de los medios de producción, que se inició la división de clases sociales y a la esclavitud, en la que la libertad quedó quebrantada para muchos.

Es a partir del deseo insaciable de acumular cada vez más riqueza, que la explotación de unas personas sobre otras se hizo presente, pues era necesaria la mano de obra gratuita para producir más y, con ello, lograr mayor riqueza. Las grandes fortunas se generan apropiándose del esfuerzo ajeno a través de la renta, el interés y los salarios injustos decía Pierre Josep Proudhon. Todas tienen su macula  que las deshonra.

La esclavitud surge como resultado directo del aumento de la productividad económica y de la aparición de la propiedad privada, lo que transformó las guerras tribales de supervivencia en un sistema de explotación de mano de obra. A partir de ahí, el esclavo fue limitado en el ejercicio de su voluntad, restringiéndole la posibilidad de decidir por él mismo, su destino.

Con el tiempo y los cambios ocurridos que originaron el surgimiento de nuevos modos de producción, las limitaciones al ejercicio de la libertad se fueron transformando a razón de las nuevas condiciones materiales, de modo las continuaron las contradicciones entre el rico y el pobre y, con ello, limitaciones al ejercicio de la libertad para muchas personas.

Es importante aclarar que la imposición de criterios puede surgir desde un sistema que limita el poder de decisión a las personas, como es el caso de lo que sucede en el capitalismo, en donde pocos pueden decidir sobre sus vidas, o desde un Estado totalitario, en el que se anulan la libertades individuales, como es el caso de las dictaduras.

Es más, no tener conciencia de lo que representa ser libre también es una forma de esclavitud. De ahí que saber lo que representa la libertad y que ello conlleva una responsabilidad, debería ser el comienzo para su ejercicio. No saber lo que representa ser libre, estar ajeno a lo que ello significa, constituye una condición que solo beneficia a los opresores.

Libertad sin equidad es un sin sentido. Por lo que una sociedad en la que las personas no poseen lo que necesitan para vivir, no tienen las oportunidades para pasar de un estado de insatisfacción a otro de satisfacción, en donde no reciben un trato justo, decir que son libres, es un insulto.

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