Estudiantes franceses toman de nuevo La Bastilla
Miguel Angel Sandoval
Hoy de madrugada traté de ver videos de los últimos días sobre la rebelión estudiantil de Francia y también vi uno que otro de Bélgica, y otro de Génova, Italia. Miles y miles de estudiantes que, en París, hicieron la toma simbólica de la Bastilla como en los días de la revolución francesa de 1789.Una jovencita lideresa de Rennes, una ciudad de Francia, decía entre otras cosas, que había que retomar la consigna de mayo del 68 que decía que la democracia estaba en las calles no en las instituciones, al tiempo que hacía un llamado a realizar asambleas democráticas en todo el país, encabezadas por los estudiantes de la secundaria. Y dentro de mí sólo pude gritar ¡Vive la france!
Los estudiantes tienen rabia, están encabronados, enrages dicen por allá. Y tienen razón. Todo tiene hoy un fondo claro: desde hace años con el gobierno del reyecito Micrón, se disminuyó la inversión en la educación para cumplir con las demandas de Trump de ampliar el gasto militar para la guerra en Ucrania. Pero no solo eso. Para preparar la guerra en contra de Rusia, si no hoy, quizás mañana, pero siempre convertir las economías de toda Europa en economías para la guerra en contra de los rusos, antes comunistas, hoy no tanto, y antes de todo eso, los bárbaros asiáticos.
Pero no solo se disminuyó la inversión en educación. En Francia como en Europa, hay menos inversión en las pensiones de retiro, en la salud, en la cultura, y en todo lo que tenga que ver con el denominado estado de bienestar. Y ello para prepararse para la guerra o para cumplir con las medidas económicas de la escuela neoliberal. Es una tontería. Y como el fantasma de la guerra de Europa en contra de Rusia crece, vimos que, en Génova, Italia, una enorme manifestación en contra de la guerra, y en Bélgica, estudiantes entonando cantos en contra de la guerra y con fondo musical de una canción popular rusa. Es el doble mensaje: no a la guerra, menos contra Rusia. Y en Francia, Bélgica, Italia y otros países, con miles ondeando banderas palestinas.
Mientras en España, la crisis estalló por la vivienda y las movilizaciones en todo el país llevaron, junto con otras razones de un profundo descontento, por las recientes expresiones de corrupción, a que el gobierno del socialista Pedro Sánchez, anuncia elecciones anticipadas como la única salida practicable para aminorar un poco una crisis profunda, que es oportuno decir, con la posición española de poner límites a la injerencia de Trump en las decisiones de ese país.
Pero el tema principal es la revuelta de los estudiantes franceses, que, por las declaraciones de una joven lideresa, invocan el movimiento icónico del mayo del 68 en Francia, que dio paso a expresiones estudiantiles en el mundo durante 1968 y en 1969. Son los años de una revolución de los jóvenes en el mundo, del hartazgo por la deriva autoritaria de la posguerra. Y eso fue lo que encendió la mecha de una revuelta de los jóvenes que tuvo su cenit en Francia. Son los tiempos en los que se escuchó en todas partes la consigna central de ese movimiento: seamos realistas, pidamos lo imposible. No niego que esta columna esté con un ánimo entusiasta en grado sumo, pero es que es impensable escribir sobre estos acontecimientos sin hacerlo desde el entusiasmo que contagian los jóvenes que por miles cantan revolución en las calles de Francia y ahora de varios países más.
Hoy los estudiantes liceanos o sea de secundaria, dicen en todo el país, ante el llamado a diálogos, de un ministro que lo mejor que puede hacer es renunciar con todo su desgobierno, que la única condición de los estudiantes para ir a mesas de diálogo, es que el gobierno ponga en la mesa un cheque por 10 mil millones de euros para financiar la educación. Y esto se sigue en todo el país con atención, pero, sobre todo, con los estudiantes en las calles, como en mayo del 68, diciendo por miles, revolución, revolución. Por miles los estudiantes gritan en Francia: ustedes son incompetentes, nosotros somos incorregibles.
Y en efecto, lo que ocurre en Francia es una revolución, encabezada por los estudiantes de 14, 15, 16 años, pero que saben que la disminución del gasto en educación para alimentar el gasto de defensa, el gasto para la guerra, es lo que tiene al país incendiado. Es algo que se puede ver en decenas de videos que circulan por las redes sociales. Y esos videos no dejan mucho lugar a dudas. Se observa a la juventud movilizada y a la policía antidisturbios haciendo su tarea y lanzando gases, usando carros de agua, y toda la parafernalia en contra de la gente, para defender lo indefendible.
Pero lo más alentador en estos días, es que, desde las calles de toda Francia, los estudiantes están desempolvando ideas sobre la revolución, sobre la rebeldía, sobre la justificada rabia que tienen por el desgobierno que existe, por la forma de gobernar en contra de la gente que quizás algún día votó por ellos. Al tiempo que responden como solo lo hacen los gobiernos represivos, con gases, balas de goma, y ya hay más de 200 heridos, entre estudiantes y casi cien entre maestros. Y los estudiantes que por miles y miles salen a las calles, ahora ya están acompañados de sus maestros, de los sindicatos, de sus familias. Ya no habrá marcha atrás, y no habrá marcha atrás pues lo que demandan es justo, es el futuro, que no está en la guerra, menos en la guerra de Trump y sus perritos falderos y si se encuentra en la educación. Gritan cada vez más: Otro mundo es posible. Y esto es, sea cual sea el resultado, una revolución.
