De alianzas, coaliciones y unidad

Zurdo

Miguel Angel Sandoval

He observado, con alguna sorpresa, aunque no mucha, opiniones sobre la forma que podrían tener los acercamientos que ya existen entre varias de las fuerzas progresistas del país. De manera general hay en buena parte de las afirmaciones, una suerte de tendencia a ver los fenómenos políticos con lentes retrovisores. Si en el pasado este tipo de acercamientos no funcionó, ahora tampoco va a funcionar. Y colorín colorado… O sea, nada nuevo bajo el sol.

No estaría tan seguro de la pertinencia de este tipo de conclusiones y, por el contrario, apostaría por ver lo nuevo que hay en las actuales aproximaciones entre los grupos progresistas. El nombre es lo de menos. Si son alianzas, procesos de unidad, complementaciones, coaliciones, otras formas. Lo importante es que en el proceso que tiene un primer escalón en el Pacto por la Democracia del 20 de agosto, hay un buen esfuerzo invertido. Jornadas de trabajo en unos cuatro o cinco meses, para concluir con el documento firmado por varias fuerzas políticas y sociales. Es una expresión de eso que se denomina voluntad política.

Que no está firmado por todas las fuerzas progresistas, es claro que no. Y afirmar que eso es una debilidad es no conocer de procesos políticos. Aunque señalar que haría falta el concurso de otras fuerzas políticas, es equivalente a descubrir el hilo negro. En ese esfuerzo se encuentra el FAD, pero no solo a nivel de las direcciones partidarias. Lo hace con las expresiones sociales de los departamentos, y en esa dirección, el FAD de Alta Verapaz es una de las primeras expresiones de algo que sí es posible. A ese esfuerzo seguirán otros.

Una aproximación permite observar lo difícil que es la construcción de los espacios compartidos, llámense alianzas, coaliciones y otras formas en el terreno puramente electoral, es la existencia de una ley electoral que necesita ser hecha de nuevo. Es antidemocrática, se fue convirtiendo con el correr de los años en una camisa de fuerza a la política, a los derechos de los partidos políticos, y al ejercicio pleno de la democracia. Derivó en una suerte de ley penal en lo político. La aberración guizachesca a la tortrix. Aclaro, las alianzas son absolutamente políticas, las coaliciones tienen en sello electoral y, por tanto, de la ley.

No es posible que la lucha política, que los principios políticos, que el ejercicio de los derechos políticos, estén a cargo de abogados, que no juristas, que solo se limitan a ver la ley a secas, los artículos sin relación con la política y la sociedad y las instituciones del estado, en otras palabras, ¡lo hacen con la pretensión de que la política sea una expresión de una norma con muchas deficiencias! Antes que entender la política como un paso anterior a la ley. Pero así funciona la ley electoral y de partidos en nuestro país Es lo que hay y con ello hay que trabajar.

Pero este señalamiento lo que tiene en el fondo, es la necesidad que existe de que compañeros vean en la relación que se establece entre diferentes fuerzas políticas, precisamente eso: relaciones políticas que no están definidas por la ley electoral. Pues los principios o las ideológicas, las posturas políticas, no son parte de las atribuciones de esta ley de partidos. Y en ocasiones eso es difícil. De alguna manera, la política a la chapina se convirtió, con el tiempo, en el arte de darle vuelta a la ley para poder hacer política, aunque de manera simultánea la mayoría de partidos fue perdiendo esa calidad para devenir franquicias electoreras.  

Solo imaginar que los partidos no puedan hacer política fuera de tiempos electorales es una barbaridad. La política tiene en lo electoral un momento, pero ese momento no es todo. Es apenas un momento, y luego, los partidos tienen la gorda obligación de pronunciarse sobre los diferentes temas, de dar formación política a sus integrantes, y un largo menú de actividades. Por ello, los intentos de circunscribir a los partidos a unos pocos meses de campaña electoral, es vedar el derecho elemental de poder decir: mi partido está en contra de los subsidios a la gasolina, o mi partido está en favor de los subsidios. Eso es parte del debate político que no se le puede evitar, pero que con la actual ley todo se convierte en “pruebas” de campañas anticipadas y por ello, ¡ilegales!

Esta relación perversa entre la ley y la política es lo que en ocasiones hace que miembros de partidos sean extremadamente cautos al momento de discutir sobre alianzas, coaliciones, o fusión, pues eso forma parte de la ley electoral, razón por la cual, hace falta curarse en salud antes de dar pasos concretos. Y para abordar esto, en los próximos días en todos los departamentos tendrán un resumen de los pasos que hay que dar en los escenarios electorales. Aunque este tema revela como los partidos aceptan las reglas del juego aun si a regañadientes, pero lo aceptan y se amoldan al mismo. Al menos en una parte, aunque no en todos. Este párrafo es un ejemplo del tamaño que pueden tener las dificultades en las relaciones políticas y ello de cara al proceso electoral del 2027.

 Y ello tiene que ver con algunas demandas de los sectores sociales, que de manera general no se detienen en este tema pues el mismo no forma parte de su realidad. Sobre este punto no vi, a la fecha, un solo comentario. Aunque es necesario señalar que en el ámbito de los partidos no se entiende en ocasiones el rol de los sectores sociales organizados y se llega entonces a una especie de diálogo de sordos. Es por ello, entre muchas otras razones, que el FAD optó por no ser un partido político, sino que desarrolla una serie de acciones como fuerza política no partidaria, lo cual lo acerca con los partidos y con las organizaciones sociales, pues existe un terreno común en las dos realidades.

Aterrizando un poco más, de lo que se trata de cara al proceso del 2027 que ya dio inicio, -basta solo ver las vallas llamando a la afiliación- es de impulsar en donde se pueda alianzas, coaliciones y otras formas de colaboración entre las fuerzas sociales y los partidos políticos progresistas, cerrando el paso a quienes sean caracterizados como corruptos y ajenos a las demandas más sentidas de la sociedad. Es por ello que se demanda que se limite la reelección de diputados o que se recorten los altos sueldos de los alcaldes. Y en ello no nos podemos equivocar.

Si en procesos recientes, hubo debilidades en las prácticas de alianzas, como, por ejemplo, competir dos planilles para un mismo electorado, y perder por un puñado de votos por ese hecho, es momento de rectificar. El gran objetivo es cerrar el paso a los corruptos, a los enemigos de la democracia real, de la transparencia real, a los portadores de viejas prácticas clientelares, a quienes durante años llevaron a nuestro país a la situación que vivimos.

De todas formas, desde el FAD se insistirá en procesos de alianzas, de unidad cuando sea el caso y de otras formas prácticas, apegados a las exigencias de la ley electoral, aunque señalando lo antidemocrática de la misma. Algo sí debe quedar muy claro: la dispersión y la participación aislada, atomizada es parte de una práctica estimulada por la visión de las élites de siempre en contra de lo que la realidad nos demuestra. Es el caso de lo que arrojan todas las muestras estadísticas que dicen con creces, que la dispersión solo favorece a los corruptos de siempre. El esfuerzo del FAD estará entonces, en la construcción de la más grande alianza entre las fuerzas progresistas, revolucionarias y democráticas.

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