Crónicas del Mundial: el que meta el último gol gana

HMkyT7xXEAA2JTN

España contra Portugal reafirmo la siesta española

El partido entre España y Portugal solo generó dos momentos que merecieron la pena. Dos, en 90 minutos más el añadido, instantes lograron que la gente saliera de la siesta. El resto fue táctica, sudor y aburrimiento en todos los sentidos.

El primero fue triste. Cristiano Ronaldo, el hombre que desafió a la gravedad y la vejez durante dos décadas, se despidió de los Mundiales sin el ruido que merecía su leyenda. No hubo estadio de pie, ni ovación cerrada, ni lágrimas de compañeros. Solo el silencio de quien sabe que el tiempo, ese árbitro implacable, también cobra sus facturas. CR7 se fue como llegó: con la frente en alto, pero esta vez sin el gol que lo hubiera hecho inmortal. El fútbol, es cruel con los que se aferran al pasado. Y Cristiano llevaba años jugando contra el cronómetro. Al final, el cronómetro siempre gana.

Portugal se va con la sensación de que pudo haber hecho más, pero con la certeza de que su estrella ya no es lo que era. Porque el problema no fue el equipo, ni el entrenador, ni el planteamiento. El problema fue que el fútbol moderno ya no tiene espacio para los que se empeñan en ser el centro de todo. Y Cristiano, aunque se empeñe en negarlo, ya no es el centro de nada.

El segundo momento fue de esos que reconcilian con el deporte. Mikel Merino, un tipo que no está en las portadas, que no tiene un documental en Netflix ni una cuenta de Instagram con millones de seguidores ( quizás ahora si), apareció en el minuto 91 para recordarnos que el fútbol también es de los que trabajan en silencio, o cuando el entrenador les permite.

El gol no fue casualidad: fue la consecuencia lógica de un equipo que nunca dejó de intentarlo a su manera. Merino, tiene eso: cuando el partido está más muerto que el interés por el futuro de Cristiano, él aparece para darle vida.

España avanza sin convencer, pero con la esperanza de que Merino siga teniendo esos destellos de genialidad que le salvan el pellejo a su entrenador, porque el otro Oral no sé qué, no dio para mucho más. Porque si de algo sirvió este partido fue para demostrar que, en el fútbol, los héroes no siempre tienen nombre de estrella. A veces, se llaman Mikel, seguro es primo del rector de la URL. Ah, perdón, Mikel es nombre, no apellido.


México-Inglaterra: el Azteca se quedó con las ganas (y con un hombre de más)

El partido fue tan emocionante… hasta que alguien pulsó el botón de la locura. Jude Bellingham se saltó todos los esquemas preconcebidos y anotó un doblete en poco más de un minuto, noventa y ocho segundos. Dos goles en dos minutos. Cuando México aún no había terminado de digerir el primero, ya iba 0-2.

Thomas Tuchel, que no es tonto, reforzó la defensa con Stones y Burn. Entre los dos completaron once despejes. México, con un hombre más durante la parte final del partido, generó 37 centros al área en el segundo tiempo y hasta 20 remates totales a lo largo de los 90 minutos. El resultado: cero goles en esa etapa. Cero.

El penal de Harry Kane y el gol de Raúl Jiménez desde los once metros fueron anécdotas. La historia la escribió la defensa inglesa, que se convirtió en una muralla. Y México, como siempre, se quedó en la puerta de los cuartos de final. Otra vez.


El caso Balogun: cuando Trump llamó y la FIFA contestó (o cómo el «orden basado en reglas» se fue de vacaciones)

El Mundial acaba de quedar marcado para siempre por una intromisión política en una decisión tomada en la cancha. Múltiples reportes de prensa confirman lo que el presidente de Estados Unidos reveló: fue presión directa sobre la FIFA la que consiguió cancelar la suspensión por tarjeta roja del delantero estrella del equipo estadounidense.

Folarin Balogun fue expulsado en el partido contra Bosnia y Herzegovina por una entrada en la que pisó el tobillo del defensor bosnio, una infracción clasificada como «juego brusco grave». Debía estar suspendido para el partido de octavos contra Bélgica. Pero Donald Trump llamó personalmente a Gianni Infantino. Y la FIFA, en un movimiento que solo puede describirse como «el arte de doblarse sin dignidad», decidió utilizar el Artículo 27 de su código disciplinario para suspender la sanción.

La FIFA argumentó que la tarjeta roja permanece en el registro, pero que la suspensión queda en suspenso por un período de prueba de un año. Traducción: «Trump nos llamó y nosotros, como buenos servidores, obedecimos.»

Joe Blatter, el ex presidente de la FIFA, lo dijo claro: «Las tarjetas rojas no son anuladas por llamadas telefónicas políticas.» Y añadió: «Si un presidente de los Estados Unidos interviene con el presidente de la FIFA, y un jugador se despeja repentinamente antes de un partido eliminatorio de la Copa del Mundo, la pregunta es inevitable: ¿Quo vadis, FIFA?»


Haití, Irán, Somalia y el hincha del Congo: el manual de la hipocresía que promueve la FIFA

Diagnóstico: Mundial de Fútbol 2026. El paciente presenta un cuadro agudo de hipocresía sistémica con metástasis política.

Haití. Un país que lucha por existir quiso jugar con una camiseta que honraba su independencia y la Batalla de Vertières. La respuesta de la FIFA fue un rotundo: «Eso es político, no se puede». Porque, claro, recordar que derrotaste a Francia es ofensivo. Pero que el anfitrión decida quién entra y quién no, eso es «logística».

Irán. A la selección de Irán se le impusieron restricciones migratorias incompatibles con la competición. Cada partido era una odisea burocrática. La FIFA, tan preocupada por los mensajes políticos, no dijo ni mu. El silencio es, a veces, la respuesta más elocuente.

Omar Artan. El mejor árbitro de África fue vetado por Estados Unidos. La FIFA, encogida de hombros, dijo: «Nosotros no controlamos las decisiones migratorias». Vaya, qué curioso. Controlan el diseño de una camiseta, pero no pueden pedirle a un país anfitrión que respete las reglas del torneo que organizan. ¿Será que el control migratorio solo se activa cuando conviene?

El hincha del Congo. Un aficionado de la República Democrática del Congo le negaron la visa por rendir homenaje a un líder anticolonial. La FIFA: cricket sounds. No hay problema, mientras no perturbe el negocio.


Brasil: el pentacampeón que se fue con la música por dentro (y sin la pelota)

La eliminación de Brasil en octavos de final no fue un accidente. Fue el punto final de un proceso de deterioro que venía gestándose desde hace años. Erling Haaland, con un doblete en los últimos diez minutos, fue la antítesis de la inoperancia brasileña.

Brasil registró una posesión de apenas el 27% ante un 73% de Noruega. El «jogo bonito» fue reemplazado por un fútbol pragmático que no emociona y que solo saca resultados a duras penas. Neymar, con 55 minutos jugados en todo el torneo y un gol de penal en el tiempo de descuento que ya no servía de nada, se despidió con lágrimas. Vinicius, el gran talento de esta generación, no pudo ser el líder que el equipo necesitaba. Y Ancelotti, el italiano que llegó tarde y se va temprano, se quedó sin respuestas.


Lo que se viene: el Mundial del poder (y del fútbol, de paso)

Mientras tanto, el fútbol sigue su curso. Marruecos ya espera en cuartos. Noruega, con Haaland a la cabeza, sueña con seguir haciendo historia. Y nosotros, los que miramos desde la tribuna, asistimos a un espectáculo que ya no es solo de fútbol. Es de poder. De llamadas telefónicas. De camisetas vetadas. De árbitros que no pueden entrar. De selecciones que son hostigadas. Y de un presidente que, con una llamada, cambia las reglas del juego.

El fútbol, como la vida, no es justo. Pero, a veces, la injusticia se disfraza de regla. Y otras veces, la regla se rompe con una llamada telefónica. Así es el mundo. Así es el fútbol. Así es todo.


Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo. Y, en este caso, alguien dispuesto a llamar por teléfono para cambiarlo.

Facebook comentarios