Racionalidad práctica e inteligencia emocional

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La buena vida es inspirada por el amor y guiada por el conocimiento.

Bertrand Russell

Situarse en el mundo, posesionarse de él, obliga al ser humano, que es indisolublemente social, a adquirir un comportamiento que le permita relacionarse adecuadamente con la naturaleza y con los demás miembros de su especie, pero no solo eso, con todo ser vivo con el que comparte el planeta. Lo que es posible al poner en práctica, convenientemente, tanto sus atributos racionales como los emocionales,

Gran parte de la inadaptabilidad de las personas, de su comportamiento disociador, agresivo y erróneo, que da origen a los conflictos, se debe a una deformación de la personalidad motivado por un ambiente negativo, que no considera lo importante que son los atributos racionales y emocionales, los valores sociales, para su relación y cohesión con otras personas. En vez de ello, dentro del capitalismo, fortalecen valores individualistas, narcisistas, que conllevan a la indiferencia, incluso el desprecio a los demás.

Por aparte, las condiciones materiales adversas, la pobreza, incuba comportamientos disociadores, en donde impera la lucha por sobre vivir, incluso a partir de medios ilícitos. Los seres humanos buscan oportunidades para desarrollarse y cuando les son ajenas, la frustración se encuentra con la agresividad innata que detona en violencia.

De ahí que, en ambientes aciagos, es más susceptible que se originen conductas perversas al margen de lo permisible en sociedad. Lo que no significa que, en los estratos sociales, en donde la opulencia y las oportunidades se destacan, los valores que ostentan las personas sea el idóneo, más solidarios, respetuosos de las normas sociales de las leyes de convivencia, ajenos a la agresividad. Para ello, esas personas deberían adquirir valores solidarios,

Bajo el sistema capitalista, surge el sesgo de atribución y empatíaque consisteen que la distancia geográfica y socioeconómica dificulta la identificación con los problemas de los grupos vulnerables. Le es difícil a aquellos que lo han tenido todo situarse en el lugar de los que tienen muy poco. Por aparte, dentro de ese sector, se considera que quienes no tienen éxito es porque «no se esfuerzan lo suficiente», lo que debilita la voluntad de ayudar de forma desinteresada. De ahí que sea muy común escuchar que el pobre es pobre porque quiere, pues las personas no perciben que han tenido mayores oportunidades, han nacido en hogares privilegiados.

Y si a eso se le añade La competencia posicional en la que, por lo regular, en las cimas de la pirámide social, el estatus suele medirse de forma relativa (tener más que el vecino). Lo que fomenta un individualismo extremo y una mentalidad de suma cero, donde la riqueza y los recursos se perciben como un logro personal que debe protegerse más que compartirse. Valores que ven al otro no como un compañero de vida sino una competencia, de ahí que sentirse mejor que el otro, poseer más es lo relevante.

En tal sentido, todo dependerá de las condiciones materiales en las que se encuentre un individuo y de lo que se le enseñe y aprenda a ser con su inteligencia y atributos humanos. Marx tenía razón en hacer ver la importancia de devolverle la condición de humanos a aquellos que, dentro de un capitalismo salvaje, la han perdido pues han sido reducidos a mercancía. Y es que al capitalista le importa poco el desarrollo humano, sus inquietudes como tal, le importa obtener riqueza por medio de estos, consecuentemente no le incumbe el bienestar del trabajador.

Teóricamente se entiende que los seres humanos crearon las sociedades para vivir mejor, para establecer un régimen de concordia y no de discordia, para lograr mejores satisfactores. No obstante, en la práctica la convivencia se problematiza a tal grado que unos pocos son los afortunados y los más son los que padecen toda una serie de vicisitudes para subsistir. A pesar de ello, racionalmente se pueden buscar las vías idóneas para hacer de la existencia social más placentera y armónica, darle viabilidad. Y recordando la frase de Marx que dice: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. Hay que pasar de la teoría a la práctica.

En la práctica, la empatía social se dificulta. El hecho de acumular y concentrar exorbitante riqueza otorga a unos pocos el poder de decidir por los demás, de someterlos a sus intereses, de mantener las asimetrías sociales, de continuar con la esclavitud sin necesidad de grilletes ni castigos físicos, pues las nuevas formas de someter a las personas son más sutiles. Y así, se les controla con manipulación y amenazas psicológicas, se les divide y cuando se convierten en amenaza, se les criminaliza, lo que crea una brecha antagónica entre los que poseen los medios de producción y los que venden su fuerza de trabajo para subsistir.

Dentro del capitalismo, se somete a millones de personas mediante coerción psicológica, el control financiero, las amenazas, la violencia y engaños y todo para seguir manteniendo los privilegios de unos pocos, a partir de las carencias y la explotación laboral de muchos trabajadores. En una sociedad de este tipo, la cohesión social está lejos de ser una realidad.

En consecuencia, un pueblo ignorante es más fácil de ser dominado, alienado, manipulado; por el contrario, una población crítica, reflexiva es más difícil que se deje engañar por discursos retóricos empleados por políticos al servicio de los sectores dominantes. Bien dijo Simón Bolivar: Por la ignorancia nos han dominado más que por la fuerza.

Sócrates decía, conócete a ti mismo y esa expresión cobra singular relevancia, dado que solo aquel que descubre su ignorancia puede buscar el saber. Muchos, en la ignorancia, no pueden encontrar la forma de lograr su liberación, mucho menos conocer la realidad, que les permita una existencia mejor. Situación que beneficia a aquellos que viven del oscurantismo al que se somete a una significativa parte de la sociedad. Los que hacen del poder un instrumento de dominación se aprovechan de tal ignorancia para continuar esclavizando a la población.

Racionalmente se espera que, en sociedad, el comportamiento humano sea el adecuado, es decir, que no origine conflictos ni discordia, que todo individuo o sector determinado no pretenda obtener beneficios a su favor de forma ilícita, para el resguardo individual y colectivo. Pero, ¿cómo es la naturaleza humana? ¿Puede ser definida? ¿Tiene una predisposición al bien o al mal? Según sea el criterio o perspectiva que se tenga de ello, así será la interpretación de lo que es la vida en sociedad y los correctores que faculten o limiten el comportamiento individual, a través de normas y leyes que se establezcan para lograr el bienestar común.

Al ser, los seres humanos, producto de lo que heredan genéticamente y lo que asimilan a partir de lo que aprenden en sociedad y del conocimiento sobre la realidad, parte de lo que son se lo deben a su legado ancestral bio-genético y a lo que asimilan continuamente, a partir del contacto sensorial y cognitivo con las cosas y, desde luego, de sus relaciones con otros miembros de su especie, es decir, a sus vínculos afectivos y cognitivos, dentro de su entorno más cercano y el de la sociedad.

No obstante, los seres humanos no solo son el resultado de lo que aprenden racionalmente sino, también, del resultado de los vínculos emocionales que construyen a partir de la convivencia con otros miembros de su especie. Consecuentemente, saber comportarse con otros seres humanos, a partir del reconocimiento de la otredad y la alteridad, significará un gran paso en el fortalecimiento de las relaciones sociales.

De tal modo que la maleabilidad de los seres humanos posibilita que, a partir de lo que se les puede enseñar, aprender, orientar e instruir, en cuanto a cómo debe ser su comportamiento dentro de un medio social, es decir, el respeto de las normas de convivencia, la adquisición de valores solidarios, altruistas, determinarán a una sociedad más saludable. No obstante, se les puede enseñar, también, a despreciar valores solidarios, corrompiéndolos, exaltando su egoísmo y el desprecio hacia los demás, a aquellos que ven diferentes.

Y así, para los que piensan que el ser humano es malo por naturaleza, la sociedad debe crear los mecanismos de vigilancia que restrinjan todo accionar que se extralimite, en perjuicio de los demás. Se requiere, por lo tanto, de mayor control y restricciones, es decir, de más fuerza coercitiva que impida que aflore la maldad, propia de su naturaleza. Planteamiento que coincide con los preceptos del liberalismo económico para quienes el estado solo se debería de encargar de impartir seguridad y justicia.

Por aparte, los que consideran que los seres humanos son buenos por naturaleza, pero que es en la sociedad en donde se corrompen, la reflexión debe ir sobre el porqué las relaciones interpersonales, la conducta de todo individuo, es corrompida por el Estado y cómo se podría corregir.

Según Max Webber, el Estado ostenta el monopolio de la violencia y tiene como una de sus principales funciones el cohesionar a la sociedad, reduciendo las desigualdades, promoviendo el bienestar general para que los ciudadanos confíen en sus instituciones y se sientan parte de un proyecto común. A pesar de ello, los Estados, a través de sus gobiernos de turno, poco han logrado.

La razón permite comprender la realidad, develar lo que es, lo que resulta esencial pues el ser humano requiere accionar sobre ella y a mayor conocimiento mayor seguridad y acierto se logrará en su proceder. Es la relación dialéctica entre el sujeto que conoce y la naturaleza que se refleja lo que le permite al sujeto construir una idea del mundo, lo que lo transforma y lo hace, también, con la naturaleza. De ese modo se procede de la racionalidad teórica a la racionalidad accional o práctica.

Emanuel Kant, dentro de su vasta producción filosófica, no solo planteó la problemática de la racionalidad pura sino, también, la de la práctica, es decir, lo que corresponde al comportamiento individual en sociedad, actualmente a eso se le puede considerar la inteligencia emocional. Siendo la inteligencia emocional la capacidad de reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones, así como entender e influir en las de los demás. Pero, tal capacidad solo puede lograrse en un ser que es consciente de su realidad social, de la importancia del otro para el bienestar personal y el de los demás.

Cómo debería proceder un ser humano como agente de conocimiento y cómo debería hacerlo actuando entre otras personas. Un aspecto es lo referente al conocimiento y otro, lo que corresponde a su comportamiento. Uno corresponde a la teoría del conocimiento, el otro a la ética, no obstante, ambos tienen relación y están sujetos a lo que constituye la realidad.

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Para conocer hay que tener una idea somera de lo que constituye la realidad y el conocimiento requiere ser demostrado en la práctica a partir del criterio de verdad. Algunos podrían pensar que la realidad es creación humana, que más allá de los datos de conciencia no hay nada, sin embargo, la realidad es y constituye la materia prima con la que se nutre la conciencia, lo que permite construir el universo pensado que le permite al ser humano accionar en él, dentro de una dialéctica que transforma tanto a la naturaleza como al individuo que se relaciona con esta.

La relación de los seres humanos con la naturaleza, a partir de un procedimiento adecuado, le permite situarse con mayor propiedad en el mundo y, con ello, la posibilidad de relacionarse mejor dentro de su circunstancia, de ahí que la epistemología es también ética y la ética debería orientar a la epistemología, en su largo camino para la develación de la verdad de las cosas.

Arrancar de la naturaleza lo que esta es, comprenderla, avanzar a partir del conocimiento de lo superficial a lo profundo, construir y cumplir las leyes que permitan no solo, vivir en armonía, sino prever el futuro, es lo que debería orientar el comportamiento humano. Ya que, de no hacerlo, el accionar humano sería errático, se convertiría en actuar arbitrario y caótico, en detrimento de la misma sociedad, representando un peligro para el individuo, para los demás, para la preservación del planeta.

Inteligencia emocional, al ser la capacidad de gestionar las emociones y la de los demás, es fundamental para la cohesión de las personas dentro de una sociedad. Sin embargo, como lo plantea el materialismo marxista, las condiciones materiales de vida determinan la existencia social, de modo que, en sistemas en donde prevalece la estratificación social que da lugar al antagonismo de clase, las relaciones interpersonales se ven entorpecidas, imposibilitando la empatía dentro de esos sectores. 

En tal sentido, los logros comunes que deberían de satisfacer a las personas que pertenecen a ambos estratos de la sociedad, se ven imposibilitados de concretarse al persistir la discordia, que da lugar a los conflictos personales, las agresiones y a la violencia, los cuales no se pueden dirimir gestionando las emociones al margen de las condiciones materiales de vida.

Gestionar las propias emociones dentro de un sistema hostil a un sector de la población, resulta inviable, a no ser que lo que se busque y pretenda sea mejorar la productividad, pretendiendo resolver los conflictos superficiales que surgen dentro del ambiente laboral, no así los de fondo. La inteligencia emocional no resuelve el conflicto latente de las relaciones de explotación que predominan en el capitalismo.

De ahí que. sin obviar las injustas, condiciones materiales que influyen directamente en el desarrollo, en la forma de pensar y de actuar de las personas y los pueblos, el conocimiento de su entorno, la importancia de la razón y del manejo de las emociones, no solo para la comprensión de la realidad sino para proceder de forma más adecuada, influye en la liberación de las personas, no solo de la ignorancia, sino también, la mismidad egocéntrica que tanto mal causa a la convivencia en sociedad.

La permanente ignorancia sobre lo que es el mundo y lo que cada individuo representa en la sociedad, con sus flaquezas y potencialidades, ha sido lo que ha llevado a estas a las condición en las que se encuentra actualmente. En el que poco importa el otro y el comportamiento individual, con sus pasiones sin freno, se patentiza en egoísmo y excesos.

Reconocer la importancia de la relación que existe entre la teoría y la práctica, entre la racionalidad y la inteligencia emocional, sin duda, dará mayores luces al actuar humano en el arduo camino ascendente hacia su liberación. Sin embargo, todo eso será posible bajo condiciones materiales justas y ecuánimes, en sociedades donde desparezca los antagonismos de clase.  

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