Marxismo y psicoanálisis: una visión crítica del sujeto alienado
Marcelo Colussi
Situando la cuestión
Marxismo y psicoanálisis son dos campos del saber distintos uno de otro, marchando por caminos diversos, trabajando sobre objetos diferentes. De todos modos, aunque en principio, y para cierta lectura, puedan resultar lejanos, incluso antagónicos, hay mucho más paralelismo entre ellos que divergencias. Para quien desee tener una visión crítica de la realidad, y más aún: para quien desee incidir sobre ella transformando lo que considera se debe cambiar, es imprescindible conocerlos a fondo.
Está claro que no tratan directamente del mismo objeto: el sujeto social explotado (marxismo) y el sujeto del inconsciente (psicoanálisis); pero ambos, a su modo, están diciendo algo similar: denuncian la alienación del sujeto humano, aportando vías para su liberación. Ambos muestran con tremenda profundidad algo oculto, desenmascarando lo que la cotidianeidad, la pretendida normalidad, encubre: “Si usted quiere, puede”, dirá el discurso oficial, tanto refiriéndose a las posibilidades de ascenso social (“el millonario es tal por su propio esfuerzo personal”) como a las de “ser feliz” (“todo es cuestión de actitud”). Marx y Freud, con fuerza demoledora, denuncian esas falacias, evidenciando otras lógicas en juego: “No es la conciencia la que determina el ser sino el ser social el que determina la conciencia”, dice el marxismo. “Nadie es dueño en su propia casa”, enseña el psicoanálisis.
Aunque hablan de campos distintos, ambas teorías presentan la posibilidad de revolucionar lo humano, rompiendo ataduras, instaurando nuevos modelos de relacionamiento. En realidad, si bien existe una perspectiva que los ve distanciados, son más los puntos que los acercan que los que los distancian: 1) ambos representan teorías críticas respecto al sujeto; 2) ambos destruyen mitos e ilusiones en torno a hechos sociales, en nivel macro el marxismo, a nivel micro el psicoanálisis; 3) ambas posiciones constituyen programas de acción concretos que apuntan a superar el punto de partida de sus análisis (la revolución socialista el primero, el procesamiento de la propia historia subjetiva el segundo, con lo que desaparecerán los síntomas); 4) las dos corrientes de pensamiento se mueven con una lógica dialéctica, centrándose en la lucha de contrarios -el conflicto- como motor de la experiencia (lucha de clases en uno, conflicto intrapsíquico en el otro, o choque del par pulsional); 5) la radical imposibilidad de entender los fenómenos en juego sin apelación a la historia; en otros términos: la historia (social -macro- o subjetiva -individual, micro- es el marco en que se desenvuelven los procesos estudiados.
Sin dudas el punto 2) -el llamado a una práctica concreta: la acción política transformadora o el hacer consciente lo inconsciente por medio de un tratamiento específico- es donde estriba su, quizá, mayor importancia e impacto social. Por supuesto que la revolución teórica que inauguran no tiene parangón; pero si por algo son denostados, tratados de sacar de circulación, vilipendiados, es por el ejercicio de una praxis a la que dan lugar, praxis que, definitivamente, es demoledora, cuestionando al sistema capitalista en su conjunto y abriendo la posibilidad de construir un mundo post-capitalista, así como un descentramiento de la idea de “normalidad” en términos psíquicos, dando lugar a una nueva ética y una nueva forma de encarar el confuso y siempre prejuiciado campo de la salud mental -que va de la mano de lo que llamamos “locura”-.
Hoy es común decir de ambos que “están pasados de moda”, que “fueron superados”, que “son elucubraciones afiebradas de mentes enfermizas de siglos pasados, que hoy esas teorías perdieron vigencia”. En otros términos: que están muertos. Curiosos cadáveres, por cierto, pues continuamente hay que volver a declararlos muertos, porque pareciera que nunca terminan de morir. De hecho, no están muertos: lo que evidencian marxismo y psicoanálisis (la alienación del sujeto humano), lo que denuncian y revelan, y contra lo que se alzan proponiendo alternativas, realmente no terminó, y eso sigue siendo una agenda pendiente tanto en el campo teórico como en la práctica.
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