¿Estamos preparados para “China 2.0”?

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Enrique Dussel Peters*

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emos insistido en este espacio en el significativo escalamiento tecnológico por parte de la República Popular China en el transcurso del siglo XXI y la intención de profundizar este proceso en el mediano plazo y largo plazos, también suscrito en el último Plan Quinquenal para 2026-2030 ( La Jornada, 1/4/26). El tema es de la mayor relevancia en las “nuevas relaciones triangulares” ante la confrontación sistémica entre Estados Unidos y China, abiertamente desde 2017, y considerando las medidas defensivas y hacia el continente americano por parte de Estados Unidos con base en su seguridad nacional desde 2022-2023 ( security shoring). Al menos desde mediados de 2025 se ha suscitado un interesante debate global en torno a “China 2.0”, con enormes implicaciones para América Latina y el Caribe.

El artículo de Autor y Hanson en The New York Times (14/7/25) destacaba la importancia de la “China barata” (1999-2007) y “China 1.0” vs. el escalamiento tecnológico que China ha logrado en el transcurso del siglo XXI, particularmente en la tercera década del siglo XXI. Los más de 100 millones de trabajadores en la manufactura china inicialmente lograron integrarse en cadenas globales de bajo valor agregado –hilo-textil-confección, electrónica y autopartes–, con dramáticos procesos posteriores en innovaciones disruptivas en la actualidad: aviación, inteligencia artificial, telecomunicaciones, microprocesadores, robótica, energía nuclear, computación cuántica, biotecnología y baterías eléctricas. Empresas “occidentales” como Boeing, Bosch, General Motors, Intel y Siemens, entre muchas otras, han visto “mejores épocas” según Autor y Hanson. Si Estados Unidos apenas se ha recuperado en la actualidad del primer “choque” con China, y particularmente mediante la generación de nuevos empleos en manufacturas de bajos salarios, el impacto de “China 2.0” será mucho más significativo, tanto en las manufacturas de alto valor agregado (y salarios), así como en los servicios, por mucho el sector más significativo en términos del PIB y del empleo.

Para Autor y Hanson, el “nuevo modelo chino” es muy diferente al de “China 1.0”. En la actualidad las empresas privadas chinas, conjuntamente con el sector público chino, son el motor innovador y exportador, sin necesariamente contar con coinversiones de empresas multinacionales, como fue el caso en la historia reciente. El resto del mundo, particularmente Estados Unidos, parecieran no estar en condiciones de competir con un creciente grupo de empresas chinas en cientos de cadenas globales de valor. La principal respuesta de Estados Unidos, los aranceles, no permite generar incentivos para invertir e innovar siquiera en ese país. Los autores culminan señalando que Washington debiera crear una red con países aliados, incluyendo países asiáticos y México, para hacer frente a los retos socioeconómicos de China, particularmente mediante financiamiento masivo y políticas industriales hacia nuevas tecnologías para la creación de nuevos ecosistemas e impedir los potenciales devastadores efectos en el empleo que pudieran resultar de “China 2.0”. De otra forma, “estaremos atrapados en la mediocridad nacional”.

Del 13 al 19 de abril de 2026 el Financial Times también publicó un grupo de artículos sobre “China 2.0”, ahora para el caso de la Unión Europea. Los diversos análisis resaltan, por un lado, el potencial de inversiones chinas en cadenas globales de valor de interés para la Unión Europea y, por otro, que las nuevas plantas chinas no conviertan a Europa en mera “ensambladora”; el reto de una efectiva transferencia tecnológica sería sustantivo para la región en el corto y mediano plazos. Debates sobre proteccionismo, aranceles y coinversiones en la Unión Europea son semejantes a los destacados para Estados Unidos por Autor y Hanson.

Los análisis para Estados Unidos y la Unión Europea son críticos para América Latina y el Caribe, incluso en las renegociaciones actuales del T-MEC. México, en su relación con Canadá y Estados Unidos, debiera examinar y enfrentar explícitamente los retos socioeconómicos de “China 2.0”. Una perspectiva meramente proteccionista en aras de buscar cancelar la presencia china no es ni realista ni estratégica; las empresas chinas ya se encuentran masivamente presentes en la región y crecientemente como líder tecnológico tanto en el comercio como en las inversiones en Estados Unidos y en México. Las expectativas de los impactos de “China 2.0” bien pudieran ser mucho más significativas que las experimentadas hasta ahora, particularmente en la manufactura de alto valor agregado (intensiva en capital) y el sector servicios (intensivo en empleos).

Lo anterior implica, entre otras prioridades, que América del Norte establezca explícitamente una agenda específica sobre y con China y, por ejemplo, definir coinversiones con empresas chinas en cadenas globales de valor específicas con el objetivo de lograr procesos de aprendizaje y cerrar las crecientes brechas tecnológicas con China. Aranceles, aumentos de las reglas de origen y sustituciones de importaciones del creciente líder tecnológico claramente no serán suficientes para la región. Medidas unilaterales, a diferencia de regionales de los tres países (y coaliciones con otros “aliados”) tampoco auguran mucho éxito.

La amenaza de caer en una “mediocridad regional” es significativa si no se consideran los aspectos anteriores. ¿Será?

* Profesor del Posgrado en Economía y Coordinador del Centro de Estudios China-México de la UNAM

http://dusselpeters.com

Fuente La Jornada

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