Será que en Guatemala los buenos son más

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

El hombre que se miente a sí mismo y escucha su propia mentira llega a un punto en que no puede distinguir la verdad dentro de él y por tanto pierde todo respeto por sí mismo y por los demás.

Fiodor Dostoievski

Un tristemente y mal recordado presidente del país decía en su slogan de campaña presidencial, durante sus alocuciones con la prensa y mensajes a la población: Los buenos somos más y Dios salve a Guatemala. Digno de un ser despreciable, que hace uso de frases elocuentes para cautivar a la población, que en un alto porcentaje se siente a gusto con que su presidente se identifique con preceptos religiosos y con lemas esperanzadores, aunque todo sea una sarta de mentiras.

Reflexionando sobre lo dicho por el expresidente, en lo que respecta a que los buenos somos más, la pregunta inmediata que surge es, qué es lo que considera bueno la mente retorcida de Alejandro Giammattei, cómo define a los buenos. Será que, para él, bueno es aprovecharse de la condición vulnerable del pueblo,  del sufrimiento y carencias de los guatemaltecos, sacar provecho con sus secuaces de tal situación, adueñándose de las riquezas del erario público, favoreciendo a los grupos económicos de poder, y la respuesta es sí, eso son los buenos a los que se refiere el mal recordado expresidente.  

Siendo así el entredicho semántico, sus implicaciones lingüísticas y pragmáticas, desde la perspectiva de un juicio crítico, por supuesto que los buenos no son los más, tan solo es un grupúsculo reducido con características de padecer anomia social y un desmedido apetito de lucro.

Así, a personajes que han gobernado Guatemala desde hace mucho tiempo, los describe muy bien Joan Manuel Serrat, son hombres de paja que usan la colonia y el honor, para ocultar oscuras intenciones. Tienen doble vida, son sicarios del mal… Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, viajan de incógnito en autos blindados, a sembrar calumnias y a mentir con naturalidad a colgar en las escuelas su retrato…, entre ellos y la gente honrada debería existir algo personal…

Aglutinados en el Pacto de Corruptos “los buenos”, mencionados por el expresidente, resultan ser los que aún pretenden romper el orden constitucional, los que intentaron que Bernardo Arévalo no tomara posesión, los mismos que tienen al sistema de justicia cooptado, los que persiguen jueces, magistrados, fiscales honestos, a periodistas y, en medio de la crisis en la que tienen hundido al país, apoyan incondicionalmente a la nefasta y corrupta fiscal general.

Y en los actuales momentos, en las elecciones de segundo grado que se desarrollan en el país, pretenden aferrarse a sus cargos, algunos a ser reelectos, lo que les permita seguir con la impunidad, con la que hasta hoy han actuado y, así, seguir con el control político de los poderes del Estado para su provecho personal.

Tema aparte y relevante resulta ser la inminente pérdida, por parte del Pacto de Corruptos, del control de la universidad de San Carlos. La caída de los usurpadores, enquistados en muchas unidades académicas, se presagia, aunque haya grupos de delincuentes organizados, con mucho poder, como es el caso de la Facultad Ciencias Jurídicas y Sociales, facultad que junto a la de Humanidades, resultan ser las más indignas y corruptas de la tricentenaria universidad estatal, las que pretenden que continúe la crisis y decadente situación académica, política y administrativa, de la única universidad pública de Guatemala.

Siendo, así las cosas, para los usurpadores, para el Pacto de Corruptos, los malos resultan ser los guatemaltecos dignos, los líderes indígenas, los jueces, fiscales, periodistas, estudiantes que se atrevieron a cuestionar el decadente estado de cosas, la crisis en la justicia e impunidad, que ha imperado en los últimos gobiernos y que, lamentablemente, no es cuestión del pasado en el país.

Así las cosas, los buenos dicen que la jefe del ministerio público, la fiscal general, ha hecho un excelente trabajo junto a sus fiscales y colaboradores, lo malo es que no detallan, no demuestran, en qué consiste ese buen trabajo, pues las acciones ejecutadas por tal ente en casi 10 años de funciones, huelen a podredumbre y corrupción. Pero con seguridad, ha realizado un excelente trabajo para los corruptos.

Pero quiénes son esos personajes y entidades que desean mantener este nefasto sistema, lo encabeza el CACIF, la Corte de Constitucionalidad, la Corte Suprema de Justicia, jueces y magistrados corruptos, Guatemala Inmortal, Fundación Contra el Terrorismo, Bea Canal, Libertópolis, República. GT, los diputados de Vamos, de La Unidad Nacional de la Esperanza, Unionistas, los del bloque Valor y otros de diversos partidos de derecha, como la diputada Alexandra Ajcip, de la Comunidad Elefante, ya que, según la diputada en mención, Consuelo Porras es un ejemplo para el país y puede reelegirse todas la vida si quiere.

Contrario a esa visión muy particular y distorsionada de la realidad del país, se encuentra la opinión de una gran parte de la población guatemalteca, de los sectores indígenas, de honorables analistas políticos, de la comunidad internacional quienes ven en la dirección del actual ministerio público un desastre.

Al menos 42 países tienen vetada a la fiscal general y a sus más cercanos colaboradores, debido a un proceder oscuro. No obstante, para sus defensores todos los opositores a Consuelo Porras tienen una visión retorcida de la realidad, debido a su orientación de izquierda, procomunista, incluido el departamento de Estado de los Estados Unidos de la administración Biden. Así se manifiestan esas personas y los sectores a los que pertenece, bienvenidos a realidad guatemalteca.

Para estos siniestros personajes, un presidente, funcionario público, juez, magistrado, es bueno si les permite continuar con sus negocios turbios o formar parte de la red de desfalco estatal, tráfico de influencias e impunidad en el país, como la establecida durante los gobiernos de Otto Pérez Molina, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei, por citar a los más recientes.

Es tan grande la desviación de esos personajes, que consideran estar en lo correcto, aunque las evidencias, los indicios y las pruebas digan todo lo contrario. Su visión de la realidad se ha desvirtuado, a tal extremo, de ver el escenario político y social de acuerdo con sus espurios intereses, justificándolos con diatribas y mentiras. Llegando incluso al extremo de que, para ellos, cualquier reivindicación social por parte del sector laboral debe ser considerada como una consigna de izquierda, presagio del temido comunismo.

Por ello, no escatiman esfuerzo en utilizar epítetos ofensivos para descalificar no el argumento, si no a las personas que los dicen y señalan, cual falacia ad hominem ofensivo, siendo un ataque personal directo que busca descalificar un argumento insultando o cuestionando el carácter, inteligencia, moral o reputación de quien lo emite. Su idea no es aclarar con argumentos válidos, evidentes, sino confundir con expresiones elocuentes, que apelan a las emociones.

Y así, el Dios salve a Guatemala resuena comoun bálsamo hipócrita en la boca no solo de Giammattei, sino de políticos marrulleros que, utilizando la mitologización histórica a la que se le ha sometido, a la población guatemalteca, utilizan la religión como herramienta efectiva de persuasión y engaño.

Pero como decía Ludwig Feuerbach, Allí donde la moral se funda en la teología, donde el derecho se hace depender de la autoridad divina, las cosas más inmorales, injustas e infames pueden justificarse y establecerse. Y eso ha sido muy bien aplicado en este país desde hace mucho tiempo por políticos y gobernantes subordinados a las élites económicas.

A pesar de ello, esas palabras son recibidas por una población olvidada, marginada, carente de servicios de salud, de oportunidades para su desarrollo, de educación y de una vivienda y trabajo digno, de alimentos para poder sobrevivir, como una burla, dadas las carencias y necesidades insatisfechas que padecen, que los relega a una situación de miseria.

En un país en donde a las élites les importa muy poco si el pueblo tiene cubiertas sus necesidades, si subsisten un día más, las palabras mentirosas, investidas de religiosidad y engaño son el recurso para mantener sosegada a una población que, sin ellas, podría levantarse en contra de ellos y cambiar el actual estado de cosas.

A los esquilmadores, a los que viven de la explotación de los demás, a los egoístas usureros de derecha, lo único que les importa es si sus trabajadores producirán lo suficiente para acrecentar la producción en sus empresas y seguir aumentando su riqueza, la sensibilidad humana no forma parte de su naturaleza.

En síntesis, las palabras adquieren su verdadero valor cuando el que las dice refleja sus intenciones y las convierte en acción, existiendo una correspondencia entre lo hablado y lo reflejado en hechos. Pero esa no es la actitud de los políticos, sobre todo en Guatemala, quienes anteponen sus intereses de modo tal que entre sus discursos y lo que hacen, han hecho y pretenden hacer, existe una gran diferencia.

Siempre esperanzados en que las personas correctas de este país sean más y puedan vencer a aquellos que han hecho de este país un reducto, en donde los intereses personales, las ilegalidades y la impunidad pesan más que la integridad, honradez y la dignidad de las personas. Puede ser una nueva oportunidad para el comienzo de un cambio en Guatemala, del rescate de sus instituciones y de la Universidad de San Carlos.

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