Recuerdos memorables del mes de diciembre

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La felicidad es la única cosa que se multiplica cuando es compartida.

Albert Schweitzer

Las fiestas de fin de año, al margen del consumo desmedido, de las deudas que se contraen, presentes en esas fechas, representa, para algunos, recuerdos de tristeza y malestar, pero en cambio, para otros lo son de alegría. Al margen de lo que se celebra o conmemora, lo cierto es que culturalmente se ha adoptado el 25 de diciembre como la fecha de la navidad cristiana, por lo que en muchos países, calles y avenidas son adornadas con luces de colores y ornamentos alusivos a esas fechas.

Las tradiciones son sencillamente eso, costumbres, hábitos, prácticas, conocimientos o creencias que una comunidad valora y transmite de generación en generación. Por tal razón, con el proceso de endoculturación, no solo se aprenden formas de resolver problemas sino, también, se adoptan creencias religiosas, practicas, hábitos que caracterizan a una sociedad.

De ahí que, sin cuestionar la validez de lo aprendido dentro del seno familiar y la sociedad, las personas acogen costumbres, tradiciones, que los distinguen de otros grupos, originando con ello los rasgos culturales. La Navidad constituye una fiesta conmemorativa, en la que se celebra el nacimiento del mesías, dentro de la cristiandad, es una tradición cultural que se ha extendido por el mundo quizás debido al sentido comercial que se le ha dado.

Su significado litúrgico, para muchos, resulta inadvertido, más bien lo que cobra valor son las practicas sociales, la parafernalia que se manifiesta en esas fechas, lo que para algunos podría catalogarse como lo banal, para otros es lo que tiene sentido. Y así, por ejemplo, para el comerciante, la Navidad le representa mayores ganancias económicas, ya que el deseo de regalar y de recibir un obsequio, que se estimula a través de anuncios publicitarios en esas fechas, hace que el consumo aumente y con ello las utilidades del empresario.

El mes de diciembre, en Guatemala, se caracteriza por distintas celebraciones religiosas, muchas de ellas sincréticas. De modo que, durante los últimos meses del año, el sector empresarial se prepara para surtir a sus tiendas, exhibir en sus vitrinas los productos para el consumo de la población. Son formas, sonidos, aromas y colores que llaman la atención y cautivan a la gente y los induce al consumo.

Sin embargo, hay personas que, a pesar de haber sido creadas dentro de la cristiandad, la Navidad no les representa absolutamente nada, ya que, por un lado, tal temporada les trae malos recuerdos por las carencias vividas, deseos inalcanzados, etc. Y por otro, la frustración de no poder adquirir lo que la publicidad y los mercados difunden y exhiben, lo que les reafirma que su situación no ha cambiado, provocándoles malestar y dolor.

Para las familias pobres, para las que sus alcances económicos únicamente les permite sobrevivir, el colorido navideño de la ciudad, el oropel de esas fiestas, les representa casi un insulto. Un lacerante golpe de sensaciones visuales, auditivas, olfativas, de frustración y escarnio. Incapaces de satisfacer los deseos que las vitrinas les muestran y les ofrecen, no pueden hacer otra cosa que conformarse con solo mirar y desear lo que no podrán alcanzar.

Así, a las personas que estas fechas les hace recordar momentos amargos, diciembre les resulta casi una pesadilla. Pero hay otras, para los que el ambiente navideño les significó momentos de unión familiar y, no solo eso, de expresión artística, de aventura y regocijo, es esa cercanía, con la familia, la que hacen que la Navidad tenga algo especial. No es únicamente esa fecha, la que, como todo, pasa, se termina. Es, sobre todo, lo especial de los días previos, con los preparativos, con el ambiente frío, con sus olores tan especiales.

Charles Dickens reflejó muy bien el contraste que existe entre aquellos para los que las fiestas de Navidad les ocasionan malestar, disgusto, malos recuerdos y los que la disfrutan, en el “Cuento de Navidad”. En él, Ebenezer Scrooge representa a aquellas personas para las que los recuerdos de esas fechas preferirían que quedaran en el olvido. Tengamos presente que los humanos somos seres de recuerdos, recuerdos que pueden causar infelicidad, angustia o, todo lo contrario, alegría y bienestar.

En países con tradición cristiana, como Guatemala, existen festejos previos a la Navidad, tradiciones que, para su consolidación, requieren de preparativos previos. Fueron esos momentos los que algunos tuvieron la dicha de disfrutar a plenitud, los que les dieron realce a los recuerdos de esas fechas.

Fechas como el día de la “quema del diablo”, que simboliza la purificación y la bienvenida a la Navidad, en la que simbólicamente se le prende fuego a todo lo malo que se padeció durante el año. Para los que vivieron esa época, el recuerdo de la recolección de basura, de objetos viejos e inservibles, resultará que fue toda una aventura inolvidable.

El solo hecho de organizar el descenso al barranco, llevar los lazos, los machetes para cortar las ramas secas de los árboles, el descenso, sorteando infinidad de peligros en el camino, la travesía de llega al fondo, la recolección de los chiriviscos, de las hojas secas, su traslado, representó un suceso inolvidable para los que vivieron esa aventura. Momentos y tareas, que presagiaban la Navidad, que ahora sería impensable realizarlas, dada la situación del país y que los tiempos han cambiado. Al 7 de diciembre, día de la quema del diablo, le siguieron las posadas, con el sonido de pitos, chinches y tortuga, el infaltable ponche de frutas y los tamales, instantes para compartir con personas y socializar un poco.

Los recuerdos de la época navideña resultan ser gratos para aquellos que ven en esas fiestas, la algarabía que logra despertar en ellos. Los cohetillos, las luces de colores, los árboles navideños, los festejos, las reuniones y convivios, sin faltar las uvas, las mazanas, los dulces y viandas de la época. Y para los que fueron niños “afortunados”, que contaban con padres que pudieron comprarles el “estreno”, las golosinas y algún juguete, la Navidad les resultó ser inolvidable.

No obstante, para otros, a los que las desigualdades de un sistema perverso los marcó con carencias, discriminación, falta de oportunidades y olvido, la tristeza,  la desesperación, incluso el hambre, es el denominador común que encuentran en esas fechas. Para aquellos, que la Navidad los ha olvidado, tal fecha les representa muy poco o nada…

Viene a mi memoria nuevamente el recuerdo de un amigo que, un 18 de diciembre, me regaló una tarjeta navideña, en la que se leía, nadie tiene derecho a ser feliz si existe un desdichado en el mundo, frase atribuida a José Martí. Me la entregó, pues ambos comprendíamos lo que representa el compromiso de contribuir en algo o sencillamente, en no dejar de hacerlo, en buscar, con nuestras acciones, el medio para construir un mundo más justo y mejor para todos los habitantes de este planeta o, al menos, para los más próximos.

A pesar de la pobreza que sume a muchas familias guatemaltecas, algunos que tiene muy poco, lo poco que tuvieron lo disfrutaron, les sirvió para alegrar su existencia y es nuevamente ese recuerdo, el que cada año, les brinda alegría y bienestar.

De ahí que la época navideña trae consigo tristezas y alegrías, sin embargo, sigue presente la frase de la tarjeta que mi amigo me entregó que dice, nadie tiene derecho de ser feliz, si hay un desdichado en el mundo. Expresión que no se debe entender literalmente, sino alegóricamente, de modo que, si se puede contribuir con algo, para hacer feliz a alguien, se tiene la obligación de hacerlo.

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