¿En dónde está ese…?

Maximo

Kajkoj Máximo Ba Tiul

¿En dónde está ese hijo de puta?, grita el comisionado militar al mando mientras tumba de una patada la puerta mal trecha que había en la entrada de la casa.  

– ¿Qué buscas?, le responde el papá

-A tu hijo, ¡ese guerrillero hijo de puta! 

-¿Qué hijo?, responde nuevamente el padre, una persona reconocida por su trabajo en la comunidad y en la iglesia de lugar. 

-Este tu hijo de pelo largo, que anda con sandalias y con su morral.  Ese mismo que se mantiene en los grupos de jóvenes.  Ese que anda coleando a los curas.  Ese que va mucho a las aldeas. Ese que participa en actos culturales. ¡Ese es un guerrillero!, gritaba el comisionado.

El padre, acompañado de la mirada de miedo que inspiraba la esposa, todos de pie en el patio de la casa, le dice al comisionado militar, que era su amigo y colega de oficio, porque ambos eran carniceros del pueblo: “entra a la casa, busca dónde vos querrás y si lo encontrás te lo llevas y, es más, yo te lo entrego porque a mí no me gustaría que fuera un “guerrillero”. 

El comisionado y sus ayudantes entraron a la casa, buscaron por todos lados y al cabo de un tiempo dijeron: “¡este hijo de puta no está aquí! ¿dónde se habrá ido? ¿con quién estará? Pero ya lo encontraremos y nos lo tenemos que echar, porque hay que acabar de raíz con todo”.

Por la noche, el joven de 15 años entra a su casa y los papás lo estaban esperando para preguntarle en qué estaba metido. La hermana mayor le sirve café y frijoles calientes, la comida más común de todas las familias en la comunidad.  El fogón estaba encendido, porque la mamá y otra de las hermanas torteaban.  

De repente el papá le pregunta: ¿dónde diablos estabas? 

-El hijo le responde; ¡en el grupo juvenil!

¿Y qué vas a ser a ese grupo?, le preguntó

-El hijo responde, pues a hacer lo mismo que hacen ustedes en la iglesia: ¡rezar y cantar!  

Y por qué me haces esas preguntas, dijo el hijo.  El papá ya cansado y con sueño le dice: pues porque se acaba de ir el comisionado militar y sus ayudantes, todos enojados, buscándote y acusándote de ser guerrillero. Por qué hijo, por qué decía la mamá.  El hijo respondió: “no ven la pobreza de la gente, acaso no ven cómo nos tratan en el pueblo, cómo nos insultan, cómo nos roban.  Acaso, no te das cuenta papá que ese comisionado se roba el ganado de la gente y no les paga.  ¿No te recordás cómo fue a asesinar a los señores allá en la montaña, cuando estaban desayunando y sus tazas de frijol piloy se llenaban de sangre que se confundía con el color de la pepita molida y el chile seco?”.

El papá pensativo ya no quiso contestar. La mamá se quedó callada. El hijo salió de la casa y desde ese momento ya no durmió en su casa.  Todo su grupo se cambiaba de casa.  Dormían fuera para no exponer a su familia.  Comenzaron a desaparecer a compañeras y compañeros que participaban en grupos juveniles y grupos de la Iglesia que participan en el movimiento cooperativista, movimiento de jóvenes, de catequistas o en cualquier grupo cultural. Se escuchaban las balaceras por todos lados.  Las familias optaron por apagar sus luces a partir de las seis de la tarde.  Las escuelas, colegios e institutos comenzaron a dar clases los fines de semana. 

Las personas desplazadas de las comunidades perseguidas por el ejército comenzaron a llegar al municipio. Las áreas periféricas empezaron a crecer y hasta ahora las siguen identificando como áreas rojas.  Muchas familias se convirtieron al protestantismo.  En todos lados se veían fumarolas de fuego donde se quemaban biblias católicas, cruces de madera, imágenes, novenarios y muchos símbolos católicos. 

Familias muy católicas comenzaron a formar parte de las nacientes Iglesias evangélicas, que había traído Ríos Montt con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos para desmovilizar y dividir a las comunidades que comenzaban a simpatizar con el movimiento revolucionario.

Mientras tanto, el joven que era perseguido por los comisionados militares que lo quisieron ir a sacar a su casa. Iba de pueblo en pueblo, acompañando procesos organizativos de las comunidades, ayudando a formar grupos de músicos para la Iglesia católica.  Apoyando procesos de formación y concientización.  Otros amigos tuvieron que huir a la capital y esconderse en las zonas periféricas.  

Al final, al comisionado militar lo ajusticiaron. Algunos dicen que fueron sus mismos compañeros y miembros del ejército, otros dicen que fue una escuadra de la guerrilla, mucha confusión.  Quienes eran sus segundos al mando tomaron el control del grupo criminal.  Unos murieron de enfermedad, otros siguen vivos, todos viejos, cuando se les mira en el pueblo se percibe en su mirada el odio.  Algunos de sus hijos y nietos se vincularon al crimen organizado, algunos se volvieron sicarios del narcotráfico, otros son prestamistas. Al final, como dicen los abuelos y abuelas, “como si la historia se repitiera”, pero es porque vivir del crimen también te da prestigio, aunque sea infundiendo miedo.

Prensa Comunitaria

Maximo Ba Tiul

Docente universitario, investigador, antropólogo y analista político poqomchi’

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