El mundo del «Made in China»

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Por Umberto Mazzei

Fuentes: Rebelión

El mundo del Made in China hace recordar el momento vuando el emperador de China le dijo al embajador británico que China no necesiba firmar un acuerdo comercial con Gran Bretaña porque China ya producia todo lo que necesitaba y tenía su propio mercado. Ese fue el momento en que Inglaterra y Occidente se apropiaron de toda la zona costera de China iniciando las guerras del opio para venderle algo cuya compra fuera adictiva.

China ya era la primera economía del mundo en la época de Napoleón. Por eso Inglaterra  necesitaba con urgencia una salida a sus mercancías que se acumulaban  por causa del bloqueo continental.

El jueves, Reuters publicó un artículo titulado «Bienvenidos al nuevo «Hecho en China»». Al acuñar este término, el texto señala que la industria manufacturera china está evolucionando: más allá de la producción de ropa, muebles y juguetes de bajo costo, se ha expandido hacia sectores como la automoción, la maquinaria compleja, los productos químicos de alta gama y los equipos para centros de datos. No obstante, al leer entre líneas, se observa que el informe sigue atribuyendo la competitividad de China a factores como los subsidios, los precios bajos y la «sobrecapacidad».

¿Cómo es realmente este nuevo «Hecho en China»? Ignorar la complejidad de los ecosistemas industriales y las dinámicas competitivas conduce fácilmente a la falacia de «los ciegos y el elefante»: confundir una sola pata con la criatura al completo.

El sector manufacturero chino actúa, cada vez más, como una «fábrica de fábricas» que sustenta la producción industrial a escala global. Su fortaleza no reside únicamente en los productos de consumo final, sino, sobre todo, en su capacidad para suministrar equipos críticos e insumos fundamentales para la producción mundial. Hoy en día, desde placas de control de precisión y cableado especializado hasta máquinas herramienta de alta gama y robótica industrial, la industria china se ha convertido en un componente indispensable para la modernización industrial global y la infraestructura de computación para la inteligencia artificial.

En los tres primeros trimestres de 2026, la fabricación de equipos representó casi el 90 por ciento del crecimiento de las exportaciones chinas. Esto confirma una transformación más amplia: China está pasando de ser un mero proveedor de bienes de consumo a convertirse en un nodo clave en la oferta de capacidad productiva mundial. Al mismo tiempo, la base de su competitividad ha evolucionado: ya no depende solo de las ventajas de precio en productos individuales, sino de la eficiencia operativa sistémica de todo un ecosistema industrial.

La competitividad de la industria manufacturera china se ha forjado a través de una intensa competencia de mercado y una innovación constante. Si bien los subsidios pueden influir en los costos a corto plazo, nunca podrán sustituir la experiencia acumulada por las empresas a largo plazo —fruto de procesos de prueba y error en el mercado, el perfeccionamiento de sus operaciones y una rápida capacidad de respuesta ante la demanda—. Respaldadas por un mercado interno de gran escala, una integración industrial que abarca toda la cadena de valor y una vasta reserva de talento en ingeniería, las nuevas tecnologías en China pasan rápidamente del laboratorio a la producción en masa, para luego extenderse a sectores afines. La competencia en el sector manufacturero se ha transformado en una pugna por la transferencia tecnológica entre industrias: las tecnologías de percepción y localización, desarrolladas originalmente para vehículos de nuevas energías, se están extendiendo hacia el ámbito de los equipos inteligentes; por su parte, el sector de la robótica de consumo ha pasado de una dinámica de «guerras de precios» a una competencia centrada en la calidad y la reputación de marca. La percepción que tienen los consumidores en el extranjero sobre los productos chinos también está cambiando: han pasado de asociarlos con «precios bajos» a considerarlos «tecnológicamente avanzados y fiables». El valor añadido de una marca depende, cada vez más, de su velocidad de innovación  y del aprecio del consumidor por marcas chinas registradas. Como en el creciente sector de las exportaciones automivilisticas  y aeronáuticas chinas

Rebelión

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