La ausencia de educación técnica, una y otra vez; es nuestro problema esencial
Fernando Cajas
El fracaso de América Latina en las pruebas PISA se suele explicar desde el punto de vista cognitivo. Esto es, las explicaciones van desde que: los estudiantes no son capaces de conceptualizar las operaciones básicas de la aritmética, los estudiantes no son capaces de comprender (mentalmente) lo que leen, los estudiantes no conceptualizan la ciencia y no la usan en la vida cotidiana. En todas las respuestas a nuestro fracaso, como región, se muestra una visión cognitiva del aprendizaje como fenómenos mental e individual basadas en el llamado modelo del déficit.
Las clases ciencias y matemática tienden a ser clases descontextualizadas de las realidades estudiantiles de los estudiantes latinoamericanos. Ciertamente reciben clases sobre la célula, o sobre la fotosíntesis o sobre la herencia, o sobre la energía o sobre las fuerzas. Pero el modelo pedagógico detrás de la mayoría de las clases de ciencias es: «aquí está este sistema (solar u otro), estas son sus partes, memoricen sus partes. Así, aprenden que la célula tiene núcleo, nucleolo, citoplasma y hasta mitocondrias, etc., sin entender qué función tienen las partes y cómo interactúan y cómo eso tiene que ver con sus vidas.
Lo mismo con el sistema solar, claro, conocen los nombres de los planetas, pero no cómo se mueven y por qué, cuáles son las fuerzas gravitacionales que afectan a los planetas y los afectan a ellos. Igual, con la herencia: se memorizan las leyes de Mendel sin entender lo esencial de la herencia. Aprenden sobre energía sin, entender la fotosíntesis y sin diferenciar calor de temperatura. Todo es memorización, nada es entendimiento. Esto es lo que los países ricos han avanzado, pero no es lo mejor.
Lo mejor es romper ya las paredes de las aulas y que los alumnos tengan contacto con la realidad. Ya basta de aprender de memoria las fases del agua: sólido, líquido y gaseosa sin entender cómo y en qué condiciones cambia de estado el agua. O aprender de memoria el ciclo del agua, sin saber de dónde viene el agua que tienen en su casa. A los alumnos que les fue bien en PISA, China o Singapur, les fue bien en la ciencia escolar, en la matemática escolar. Aún no sabemos cómo les iría en una ciencia más real. En el caso de Guatemala, las escuelas educan en un mundo ideal, no real. Eso puede corregirse si le ponemos atención a la educación técnica.
El problema que una y otra vez observo es que los alumnos, particularmente de Guatemala, no tienen acceso a una educación técnica que les permita: 1) usar instrumentos para medir, 2) discutir alrededor de producciones materiales, producto de la educación técnica, antes llamada Artes Industriales, 3) desarrollar actividades manuales sobre procesos técnicos, desde medición, transformación de materiales, madera, hierro, papel, cuero o cualquier material para que sus manos lo toquen y lo manipulen, y; 4) reflexionar sobre la forma en que los seres humanos producimos objetos y bienes, entre otros.
Ciertamente, durante las últimas décadas hemos experimentado una intensa digitalización de todo, desde los teléfonos celulares que han sustituido casi todo contacto con la realidad, ya que antes para sintonizar una emisora de radio debíamos tener un artefacto llamado radio, pero ahora lo trae incorporado el teléfono con el internet y así como la radio, así con todos los procesos actualmente digitalizados, olvidando el mundo material. Mientras la producción sigue su camino. Por ejemplo, producimos zapatos haciendo mediciones de verdad, ajustando áreas, conociendo las propiedades reales del cuero. Seguro que la automatización llevará a la producción en masa de zapatos, aunque mucha de nuestra producción es artesanal, pero siempre requeriremos contacto con materiales reales.
Y aquí está el nudo que PISA no nombra y que el Ministerio no quiere ver. Ese mundo material no se aprende en la pantalla. Se aprende en el taller. Lo he escrito una y otra vez en estas páginas de Público GT. Mientras tanto no hay política nacional de educación técnica. Hay discursos. Hay anuncios de institutos. Hay CNB impuesto a centros que deberían ser técnicos. El otrora excelente instituto técnico Fischmann se cae en pedazos. El Técnico Industrial de Quetzaltenango sobrevive más por autogestión de alumnos, exalumnos y padres que pagan la limpieza, que por el Estado. El Kerschensteiner, el instituto de educación técnica de Mazatenango está en los suelos. Repito, la educción técnica está totalmente abandonada y nuestros alumnos están ya obsesionados con pantallas digitales que no les dejan conocer el mundo real.
En un próximo artículo analizaré el papel especifico de la educación técnica en al aprendizaje de la matemática, la ciencia y la lectura.
