El decepcionante gobierno de Bernardo Arévalo

JAIROaLARCO

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La corrupción de los gobiernos comienza casi siempre por la de sus normas y principios.

Montesquieu

Referirse a un hecho en particular, de capital relevancia para todo un país, sin que las emociones enturbien, desvirtúen u opaquen el juicio crítico de una persona, es un tanto difícil cuando el malestar y la decepción se convierte en enojo, por no decir en cólera. No obstante, se puede juzgar con objetividad, realizar una crítica constructiva, en este caso, al gobierno de Bernando Arévalo, sin caer en la diatriba personal.

Es claro que la condición de estadista no se hereda y, como declaró él mismo, “no soy como mi padre”, refiriéndose a Juan José Arévalo Bemejo, el primer presidente de la Revolución del 44, de la Primavera democrática del país. Toda crítica debe hacerse en el momento preciso, con claridad, para evitar su tergiversación.

Emitir una crítica constructiva cuando está a punto de expirar un mandato presidencial como el de Bernardo Arévalo, hacerla a una gestión escasamente rescatable, procede a partir de evidenciar los errores que este tipo de gobierno, ha cometido, con el fin de que se corrijan y no se vuelvan a repetir, dado que, en este caso, se puede decir muy poco de sus logros y aciertos. La finalidad es pues, evidenciar lo que se ha hecho mal para que no se vuelvan a repetir.

Pero cómo no se va a reincidir en ese tipo de gobiernos, si el sistema electoral y de partidos políticos en Guatemala está conformado para que eso suceda. Y así, sucesivamente en el país, en el mejor de los casos, como lo ocurrido con Bernardo Arévalo, la población votará por el que considere el menos malo o el que pensó, en este caso, el más honesto. Empero, honradez no es sinónimo de habilidad política para gobernar.

Los errores de la democracia, en cuanto a la elección de sus autoridades, son: la escasa preparación y honestidad de los políticos elegibles y la poca capacidad política del electorado para emitir su voto, al escoger irreflexivamente a sus gobernantes, por lo que, en muchos casos, a duras penas aprenden a cómo marcar las papeletas al momento de emitir el sufragio electoral. Hay que tener presente que elegir implica una libertad real para decidir el rumbo, mientras que escoger se limita a seleccionar entre opciones previamente impuestas por otros.

Acciones que el dramaturgo Bertolt Brech indicó que corresponden a los analfabetas políticos, personas ajenas a la realidad social en la que viven, deficiencia que muchas veces se debe no por decisión propia, sino por la condición a la que los somete el sistema. 

Y así, Platón decía, en el gobierno de la ignorancia: El pueblo vota por quien habla mejor o promete más, no por quien tiene sabiduría o virtud. Exceso de libertad: La libertad sin orden se convierte en desprecio por las leyes y falta de respeto a la autoridad. Camino a la tiranía: El caos y la confusión de la democracia abren la puerta para que surja un líder manipulador (demagogo) que se vuelve tirano.

De ahí que muchos políticos defienden la persuasión como la herramienta eficiente para lograr sus objetivos, pues saben que con el uso de la razón será más difícil que las personas hagan lo que se les pida, sin cuestionar previamente, lo solicitado. Por lo que, solo a través de apropiarse de su voluntad, inescrupulosamente, esa clase de políticos inescrupulosos tendrá éxito.

En un país como Guatemala, marcado con tantas tragedias históricas, desigualdades y miserias, plagada de gobiernos corruptos, dictaduras criminales e insípidos y anodinos gobernantes,  la esperanza de vivir en una mejor nación se convierte, para los guatemaltecos, en una mala cena, como diría el filósofo Francis Bacon, aunque en su inicio pudo haber sido un buen desayuno. Bacon decía, la esperanza es un buen desayuno, pero es una mala cena. En este caso, si lo que se espera no se logra, al cabo del tiempo, la decepción aparece.

Siguiendo con la frase en mención, la toma de posesión de Bernardo Arévalo como presidente del país resultó, para muchos guatemaltecos, un buen desayuno, se confiaba que, al ser electo, sentaría las bases para la construcción de un país diferente, al menos distinto al desastre que dejaron los últimos gobernantes: Otto Pérez Molina, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei. Pero no fue así, poco a poco se fue notando su falta de carácter, su inoperancia, pasividad e ineptitud. Errores en la conformación de su gabinete de ministros e ineptitud en el tema de gobernanza es lo que distingue a este gobierno.

Cabe señalar que un estadista es un líder político con amplia experiencia y visión profunda, que prioriza el bienestar a largo plazo de la nación por encima de los intereses electorales inmediatos, una persona con gran saber y experiencia en asuntos del Estado. Aspectos que el presidente no posee, pues para ello se requiere conocimiento y manejo de la política, templanza y decisión, atributos que hasta el momento el presidente ha demostrado no poseer.

Es de mencionar, también, que los retos a los que se enfrentó el gobierno de Arévalo fueron muchos, los obstáculos, aún mayores, pero las decisiones tomadas por él fueron y han sido las menos afortunadas. Y así, con un equipo de gobierno ineficiente, ministerios plagados de funcionarios incompetentes, asesores erráticos, cuadros medios inexpertos y prepotentes, aspectos que caracterizan a la mayor parte de los burócratas de esta administración, la decepción no tardaría en surgir.

No habrá acaso alguna salida para este país, está condenada Guatemala a seguir en la situación tan decadente en la que se encuentra. Un pueblo pasivo, distraído, adormecido no tiene la organización, la voluntad ni las herramientas políticas para exigirle a sus autoridades que cumplan con el mandato que han recibido a través de las urnas y, con esa complicidad de la sociedad, la ingobernabilidad se hace presente.

Si se pudiera relacionar, a lo que reiteradamente ocurre en el país, con un símbolo, con una imagen, se le relacionaría, sin duda, con el uróboro, la serpiente que muerde su cola, en el que la concentración de la riqueza en Guatemala, en la llamada oligarquía criolla, genera miseria e ignorancia en el pueblo, aspectos que, a su vez, fortalecen el poder y privilegios del sector dominante. De modo que una situación genera a la otra, la que, a su vez, fortalece a la que la ha originado.

De ahí que mantener al pueblo guatemalteco en la ignorancia, alienarlo, fanatizándolo dentro de religiones que los adormecen, proveerlos de distractores, le permite a la oligarquía continuar gozando del poder que ostentan sin la necesidad de recurrir a la represión, sin volver a la época de terror del pasado reciente en Guatemala.

Y no solo eso, políticos nefastos son electos por una población inexperta, a causa de su ignorancia, que responde a la precariedad económica a la que se les ha condenado, dando por resultado un electorado altamente influenciable ideológicamente, lo que conduce a la emisión de votos a favor de personajes siniestros y sin escrúpulos, que hacen del Estado un botín político para sus perversos intereses y en detrimento de la población en general, dentro de un sistema electoral que permite que eso suceda y se fomente, creando un círculo vicioso de gobernanza. 

Por lo que, cuando se pone la esperanza en un candidato, cuando se pensó que con la elección de Arévalo las cosas mejorarían para Guatemala y, con el paso del tiempo, el resultado fue una magra gestión, la crítica resulta ser más severa.

Algunos creen que Bernardo Arévalo tienen buenas intenciones, pero que se ha enfrentado a la cooptación sin precedentes de las instituciones del Estado por parte de oscuros grupos, que ha sufrido el asedio y amenazas más punzantes de una fiscal general que, al frente del ministerio público, se constituyó en el brazo derecho del crimen organizado en el país; que también ha padecido un sistema de justicia perverso que le han dejado poco margen de acción. Sin embargo, decirlo, después de tres años de un gobierno pusilánime, suena a justificación, a la mediocridad con la que ha gobernado el país.

Pudiendo haber hecho más por el país, Arévalo se conformó con muy poco y, por el contrario, con su inoperancia, pasividad y falta de carácter, fortaleció al Pacto de Corruptos que siguen campeando y al acecho del control absoluto del país. El señor presidente presume que, durante su mandato, todo se ha hecho de conformidad con la ley y el Estado de Derecho. No obstante, en la realidad, tal declaración dista mucho de ser una verdad, al parecer, no ha comprendido lo que es un Estado de Derecho.

La ley no es buena por ser ley, lo es por ser justa y eso es lo que menos se tiene en este país, sobre todo en cómo se aplica. Es más, en la forma en que jueces y magistrados corruptos la interpretan, mismos que actualmente detentan y pervierten, el sistema jurídico de Guatemala. De ahí que no robar, pero permitir o no hacer nada para que otros si lo hagan, resulta ser tan criminal y ofensivo para un país, si se tiene la posibilidad de evitarlo.

No obstante, comparada la gestión de Bernardo Arévalo con la de los presidentes que le han antecedido, durante los tres últimos mandatos, se queda muy corta en cuanto a la corrupción y criminalidad que los anteriores manifestaron, no así, en lo referente a la ineficiencia, por lo que no se le puede ni debe exculpar del desastre de país que sigue siendo Guatemala.

Dejar que Consuelo Porras haya continuado con la desestabilización del país, desde el ministerio público, sabiendo que constituía la operadora del crimen organizado, no fue la actitud de un presidente de la República responsable, que prometió hacer bien las cosas. Y, decir, con el pretexto de ser respetuoso de la ley, dejar que finalizara su mandato, con lo que eso representó a la institucionalidad y la justicia del país, ha sido uno de los más grandes errores desde el inicio de su gestión.

Mientras la justicia esté en manos de las mafias, como es el caso de Guatemala, cuando responde a intereses sectarios, cuando las instituciones no coinciden con lo que es un Estado de Derecho, cuando se retuerce la ley en favor de interés particulares,  no se puede continuar diciendo que se es respetuoso de la ley si se tiene un poco de sensatez y dignidad.

Es más, cuando eso sucede, decía Maximilen Robespierre, cuando las instituciones de justicia están cooptadas, corrompidas o bajo el control de una tiranía, estas dejan de tener validez legal y moral, convirtiendo la insurrección popular en un deber absoluto. Y es que es irracional continuar cumpliendo las reglas del juego mientras los que la interpretan y las hacen cumplir son viles criminales que las retuercen a su antojo, como es el caso de las últimas cortes de constitucionalidad.

Ineficiencia y lentitud en la ejecución de políticas públicas han caracterizado la gestión del actual gobierno lo que se traduce en una baja percepción de resultados tangibles en el día a día de la población. Un ministerio de gobernación en el que, los que han sido designados, no ha sabido enfrentar la crisis de inseguridad que padece la sociedad guatemalteca, cabe recordar la fuga de 20 reos en el centro carcelario Fraijanes 2.

Dejar que los lideres de los 48 cantones de Totonicapán pasaran 468 días en la cárcel por una criminal denuncia y persecución espuria, no es la actitud de un estadista que pretende gobernar a un país dentro del marco de la justicia y la paz. Ser respetuoso de la ley no significa aliarse con aquellos que la retuercen.

La pasividad de Arévalo se hizo notar al no hacer absolutamente nada para impedir que se cometiera, una vez más, el fraude en la universidad de San Carlos, a pesar de contar con las herramientas para frenarlo y con la excusa de no entrometerse en la autonomía universitaria y, nuevamente, ser respetuoso de la ley, se mantuvo en un silencio cómplice, indiferente, al margen, ante tal acto ilegítimo y bochornoso.

Si no hay una transformación real en el país que, en este caso, cambie la ley electoral y de partidos políticos, los guatemaltecos seguiremos condenados a votar, en el mejor de los casos,  por los “menos malos” y soportar los yerros de una democracia formal no representativa ni efectiva.

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