Crónicas de un fútbol crema en crisis
La crisis de los cremas: un club grande, que poco a poco se convirtió en una realidad pequeña, insignificante en la liga.
Comunicaciones no da para más. Y no lo digo yo, lo dicen los resultados, lo dice la tabla, lo dice la afición que ya no sabe si ir al estadio a sufrir, a protestar o a destrozar. El equipo más laureado de Guatemala, el que presume de vitrinas repletas y de una historia que otros envidian, hoy es un equipo que pelea por no descender. Un club que alguna vez dominó el fútbol chapín ahora es un paciente en terapia intensiva, y los médicos, léase dirigentes y entrenadores, no encuentran el diagnóstico.
El partido contra Guastatoya solo mostró que no es un problema de entrenador. Es una estructura rota, unos jugadores que no tienen jerarquía y un juego intrascendente, que no alcanza para jugar ni la segunda división.
La crisis crema no es nueva. Viene de lejos. La temporada pasada quedaron últimos en la tabla, se salvaron del descenso por milagro y prometieron refundación. Hablaron de proyectos, de renovación, de jugadores nuevos, de una nueva mentalidad. Pero las promesas, en Guatemala, se las lleva el viento. Y los cremas siguen siendo el mismo equipo que no gana, que no convence, que no ilusiona.
Un equipo plagado de estrellas que no brillan, de jugadores que llegan sin arribar, de un técnico que parece estar enfadado con el mundo, y quizás con razón. Porque dirigir a Comunicaciones hoy es como intentar arreglar un barco que se hunde mientras la tripulación discute sobre quién tiene la culpa. Y si, queda claro que los culpables son sus dirigentes y sus jugadores.
Este video refleja mejor que nada la frustración de los aficionados.-
Los cremas pierden en casa, por enésima vez y la crisis se convirtió en costumbre
Comunicaciones sigue sin encontrar el rumbo. Y ya no hablamos de crisis, esto de los cremes se convirtió en una forma de vida recurrente. El viernes, en el Cementos Progreso, Guastatoya le propinó otra derrota clara en el arranque de la Jornada 10, y los albos sumaron un nuevo capítulo en una temporada que se parece cada vez más a una lenta agonía.
Los cremas intentaron dominar el encuentro. Dewinder Bradley tuvo la primera, pero decidió resolver por cuenta propia, si puntería. El disparo se fue a las nubes. Un resumen perfecto de la temporada, decisiones apresuradas, resultados desastrosos, jugadores que no juegan, dirigentes que no dirigen y entrenadores que hacen lo que pueden y otros, lo que los dejan. Porque en Comunicaciones, el problema no es la falta de oportunidades. Es la falta de criterio para aprovechar las que tiene y revertir estas crisis.
Fredy Pérez se vistió de héroe con una atajada providencial a un cabezazo de Víctor Ávalos que olía a gol. El portero crema fue lo más rescatable. Y eso, en un equipo que presume de plantilla, es un diagnóstico de defunción.
El «Pecho Amarillo» celebró. Con dos goles y un juego ordenado, fue superior en todo al conjunto albo.
La afición: la otra cara de la crisis
Y como si la crisis deportiva no fuera suficiente, la afición crema también está en crisis. Al final del partido, un grupo de seguidores protagonizó un bochornoso episodio en las gradas del estadio, que pronto se trasladó a los propios camerinos de los jugadores. Lanzaron de todo y provocaron disturbios que obligaron a la seguridad a resguardarse para evitar que los lincharan. Así que no solo hubo empujones, insultos, amenazas. También exisitio violencia directa.
La directiva crema condenó los hechos, prometió sanciones y habló de «identificar a los responsables». Pero la afición ya escuchó esas promesas antes. Y sabe que, en Guatemala, las promesas duran lo que dura un partido. La violencia en los estadios no es nueva, y no es exclusiva de los cremas. Pero cuando un equipo grande cae en desgracia, la frustración se desborda, y los que pagan son los que menos tienen que ver. Los que van al estadio con la ilusión de ver a su equipo ganar. Los que se van con la vergüenza de ver a su afición pelear entre sí.
El diagnóstico: un club que perdió el rumbo
Comunicaciones no está en crisis por casualidad. Está en crisis porque perdió el rumbo. Porque confundió grandeza con historia, porque creyó que el pasado la salvaba del presente, porque pensó que su afición era infinita y su prestigio eterno. Pero el fútbol no vive de recuerdos. Vive de resultados. Y los resultados no llegan.
La dirigencia tiene la responsabilidad de revertir esta situación, pero no lo hace. Los técnicos pasan, los jugadores cambian, pero el equipo sigue igual. La afición se desespera, protesta, se violenta, y el club mira hacia otro lado. Es el ciclo eterno de la mediocridad guatemalteca: todos tienen la culpa, nadie asume la responsabilidad, y el equipo sigue en la misma ruina.
Mientras tanto, los cremas siguen esperando un milagro. Un técnico salvador, un jugador estrella, un resultado que cambie todo. Pero los milagros, en Guatemala, son como las promesas: duran lo que dura un partido. Y este equipo ya lleva demasiados partidos sin ganar. Demasiados años sin brillar. Demasiadas temporadas sin ser el grande que alguna vez fue.
Nota final: Esta crónica es una mirada sarcástica y dolorida a la crisis de Comunicaciones, un club que alguna vez fue grande y hoy es un reflejo de lo que el fútbol guatemalteco tiene de peor: dirigentes que no dirigen, jugadores que no juegan, aficiones que no se comportan y un sistema que premia la mediocridad. Si no nos reímos, lloramos. Y los cremas, este año, van a tener que llorar mucho.
imagen tomada de las redes sociales
