Sacudamos el polvo y caminemos
Miguel Angel Sandoval
Son ya unos 40 años de cuando pensamos que se abrían las puertas anchas de la democracia en Centroamérica. Parece que fue una ilusión óptica. Se pudieron terminar las guerras en tres países, se instalaron gobiernos por la vía del voto popular, hubo alternancia, forzada si se quiere, pero el rumbo general se mantuvo. Surgieron partidos políticos, tribunales electorales, instituciones de control democrático, en fin, se instalaron las herramientas de la democracia. El uso y abuso de las mismas, es lo que nos tiene en la actualidad, con una democracia de fachada, argeñada, mediocre.
Hoy vemos en los países del istmo, que la democracia solo es un discurso de aniversarios o de lo que sea. No fue algo de golpe, fue gradual, planificado, construyendo la perversión con paciencia. Y, en la actualidad, en Honduras, El Salvador, Guatemala, o Nicaragua, vivimos en pleno deterioro democrático, mientras en Costa Rica, otrora la suiza de América, se vive un retroceso de alcances insospechados y el pequeño islote se une a la, centro americanización de la democracia. No exagero nada.
Una ojeada a lo que ocurre en los 5 países es para hígados de plástico. No cualquiera resiste el golpe de realidad que nos deja la pareja real de Nicaragua, o la pretensión del salvadoreño de ser el nuevo Morazán por la vía de la reelección infinita. Mientras que Honduras vuelve a ser el portaaviones de los EEUU en la región y Guatemala vive con una democracia acosada por el pacto de corruptos y que día con día se desdibuja de forma indetenible. En todos los países de la región centroamericana, las elecciones no son garantía de nada. Los partidos políticos no son algo que se pueda patentar y exportar.
Si hablamos con algún personaje extranjero y le decimos algo sobre las bondades de la democracia en nuestro país o en los otros de la región, seguro sueltan una carcajada. Así de dramática es la situación a la que nos llevaron con igualdad de responsabilidad, el pacto de corruptos y la apatía de la ciudadanía. De parte del pacto de los corruptos, la apuesta es bien clara: controlar el poder y garantizar la mansedumbre de la sociedad para poder disfrutar a placer de los recursos del estado. De parte de la ciudadanía no sabemos.
En el fondo es la actitud ciudadana de que me importa, en ello, hay en primer lugar el resultado de la prédica del individualismo neoliberal. Es por ello que la idea del bien común no encuentra terreno fértil pues en verdad, el sálvese quien pueda, es quien gobierna las actitudes y expectativas de las mayorías. Las políticas públicas no existen en el horizonte de muchos, solo se mira el derecho de la propia nariz. Es el reino del teléfono “inteligente” que nos lleva de la mano a la estupidización. O, dicho de otra forma, es la mierdificacion. Que ojo, no es un adjetivo suelto, es toda una reflexión sobre el efecto de las redes, de los tik tok, etc. como leí de manera reciente, en un artículo de Javier Payeras.
Para poner un ejemplo: en la crisis de la USAC no hay una gran presencia de los estudiantes, pues viven, en su mayoría, con la idea del sálvese quien pueda. La idea de que la USAC es un patrimonio nacional no entra en la cabeza de una cantidad enorme de estudiantes. Es el resultado del discurso neoliberal y del bombardeo de las derechas con sus más diversos ropajes. No me detengo en los movimientos de corte sindical, pues se encuentran reducidos a su mínima expresión. Así como otras propuestas de ciudadanía que demandan sus derechos.
Pero no somos originales. Ante el anuncio de que se suspenderían las elecciones en Nicaragua, la sociedad de ese país se quedó muda. Y no parece que un sistema decente de autobuses sea suficiente para resolver lo que debería de ser una protesta articulada, social, extendida, democrática. Ocurre otro tanto en El Salvador. La sola idea de modificar la constitución para la reelección indefinida, infinita, deja sin reacción a la sociedad. Quizás por el peso del control de las maras o de la construcción de alguna carretera, pero el punto es que vemos dos o tres sociedades que ya no reaccionan. Por lo menos de momento.
Más grave aún es la situación de Honduras. Aquí, la intervención de Trump en las recientes elecciones es de escándalo, pero no hay reacción ciudadana. Al presidente narcotraficante se le deporta a los EEUU y el presidente de ese país, lo absuelve y lo regresa a Honduras, pero no hay reacción, ni siquiera de la oposición, menos de las instancias judiciales. Se alzan de hombros pues les vale veinte. A tal grado se redujo la democracia en estos países.
Aquí la pregunta: ¿Qué hará falta para que las sociedades de la región salgan de la pereza, de la abulia, del conformismo, para que exijan sus derechos? Agrego, la mansedumbre no genera reacción, menos organización social, defensa de los derechos ya adquiridos. Si este cuadro no fuera suficiente, ocurre que, en Costa Rica, el estado de derecho construido con paciencia desde los años 50 del siglo pasado, es ahora un botín de los diferentes carteles de la droga y hay, además, un proceso de cooptación de las instituciones de gobierno o de justicia, pues no se sabe en donde está instalado el veneno de la corrupción.
Lo que señalo no es para concluir que mal de muchos, consuelo de tontos. Es algo más. Si en la década de los ochenta el tema era terminar las guerras, construir la democracia y apostar por la paz, en la actualidad el tema es de signo contrario. Vivimos una guerra social, más fuerte allá o aquí, pero como tema central. Como en la guerra del siglo anterior, hoy vemos día con día, muertos, asesinatos, cadáveres por aquí y por allá. Junto con ello, expresiones de autoritarismo sin par.
Hay en todos los países un proceso de deterioro de las instituciones democráticas, y las fuerzas progresistas están desarticuladas, paralizadas, sin ideas, y casi sin propuestas. A no ser los discursos del pasado que pudo ser, sin animarse a señalar lo que en verdad está ocurriendo en la realidad, en la cotidianidad. Lo geopolítico y su análisis, no resuelve los temas cotidianos de la gente. Las migraciones como sostén de la economía no nos hablan de desarrollo. Quien así lo pretenda es un cínico de siete suelas.
Atreverse a mirar hacia adentro, de darnos cuenta que los cambios no se hacen con Tik Tok, o con mensajitos que buscan ser favorecidos con algoritmos, es un buen punto de partida para que se pueda pensar en la circulación de ideas, de propuestas de solución a la problemática que hoy nos mantiene casi dormidos. Reitero, estamos ante la disyuntiva que no es solo de nuestro país, o de nuestro continente. Parecería que buena parte de la humanidad se mueve en la disyuntiva de “democracia o barbarie” y antes de abrir las puertas a la barbarie, prefiero luchar por la democracia.
