El sometimiento total de Arévalo

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Marco Fonseca

La incorporación de Guatemala a la Coalición Contra los Cárteles de las Américas no es, como lo presenta La Hora, un simple “mecanismo de cooperación regional” (ver lahora.gt/nacionales/ag…). Esto marca un nuevo grado de subordinación del gobierno de Bernardo Arévalo a la arquitectura militar y geopolítica de Washington. El propio Comando Sur define al nuevo Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental como su “brazo ejecutor”, encargado de integrar inteligencia, vigilancia, planificación operacional y capacidades militares para ejercer “presión sostenida” en toda la región. La coalición no nace, por tanto, de una deliberación latinoamericana sobre seguridad común, sino de las prioridades estratégicas de Estados Unidos impuestas por toda la región baja la amenaza de ataques diplomáticos, económicos o incluso militares.

Su continuidad con la Operación Lanza del Sur vuelve todavía más grave la decisión de Arévalo. Lo presentan como cuestión de intercambio de información y coordinación policial. Pero esa operación convirtió simples sospechas de narcotráfico en blancos militares y realizó ataques letales contra embarcaciones, sin procesos judiciales públicos ni garantías verificables. Esos ataques han sido, entonces, ejecusiones extrajudiciales. El Comando Sur incluso celebra oficialmente estas acciones como aplicación de “fricción sistémica total” contra organizaciones designadas unilateralmente como terroristas. Es una perversidad total.

Aquí quiero recordar la crítica de Oswaldo Zavala (ver bbc.com/mundo/articles/…). La figura del “cártel” funciona como un dispositivo ideológico, una trampa discursiva y un significante expansivo capaz de reunir narcotráfico, terrorismo, migración, insurgencia, gobiernos adversarios y cualquier amenaza definida desde Washington como “terrorismo”. Su función no es explicar la complejidad del fenómeno criminal, organizado o no, sino legitimar la militarización, la intervención y una política regional de exterminio. Sirve también para deslegitimar a gobiernos disidentes como el de Díaz Canel, Maduro, Petro, hasta cierto punto el de Sheinbaum e incluso el del dictador nicaragüense Ortega.

Arévalo, entonces, abandona así cualquier pretensión de autonomía en política exterior. Guatemala acepta insertarse como pieza auxiliar de una cadena de mando hemisférica cuyo centro político, militar y doctrinario está en Estados Unidos. Esto le pone fin a una concepción de seguridad fundada en soberanía, cooperación entre iguales, legalidad internacional, prevención social y solución pacífica de controversias, principios reconocidos por la Carta de las Naciones Unidas. Esto legitima la Doctrina Donroe y la reconfiguración neoimperial del hemisferio en el contexto de la crisis del capitalismo global (ver marcofonseca.substack.c…).

Que La Hora reproduzca el lenguaje de la “cooperación” y la “respuesta humanitaria” del discurso oficial sin interrogar críticamente el contenido militar y, francamente imperial, de la alianza contribuye a normalizar el sometimiento. Bajo Arévalo, la Doctrina Donroe se transforma de una amenaza externa contra Guatemala a una política de Estado aceptada desde Guatemala sin debate público ni mandato legítimo.

Fuente https://substack.com/@marcofonseca

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