Crónicas deportivas de un país subdesarrollado
Semana dolorosa, pero justa y necesaria
Esta semana recibimos un golpe de realidad. No fue un golpe con la mano, como los que nos acostumbramos a ver en el área y que el árbitro no pita. Fue un derechazo directo al mentón de nuestro ya maltrecho orgullo deportivo. El fútbol de Guatemala naufraga entre tanta mediocridad y corrupción, y lo peor es que los dirigentes siguen vendiendo el barco como si fuera un crucero de lujo.
Todos los equipos que nos representan en torneos internacionales dieron más vergüenza ajena que pena. Y eso que en este país estamos acostumbrados a la vergüenza, también a dar lastima. Selecciones menores, clubes, baloncesto… hasta en el ajedrez estaríamos perdiendo si hubiera competencia. La realidad es que el deporte guatemalteco está en terapia intensiva y los dirigentes están de vacaciones en la playa.
La Sub-20: adiós al Mundial (y a la dignidad)
En el campeonato Sub-20 de Concacaf, clasificatorio para el Mundial de la categoría, México nos goleó sin misericordia. Pero antes, ya habíamos perdido contra Costa Rica y el equipo salió eliminado por la puerta de atrás, dando vergüenza su intervención. Porque cuando el árbitro pita el final, no solo se pierde un partido: se pierde la esperanza de toda una generación.
Y ojo, que uno de nuestros jugadores decidió que, ya que no podía ganar con el balón, al menos podía dejar huella con un puñetazo. Expulsado, por supuesto. Porque si no podemos jugar, al menos podemos hacer un buen papel de extras de una película de artes marciales. El problema es que el puñetazo no fue ni bien conectado. Ni para eso servimos.
México nos goleó: el picante de la mediocridad
El juego contra México desnudó nuestros males. Una goleada con el sabor picante de una nueva decepción. México, nuestro rival histórico, pasó por encima de nuestra selección como si fuera un equipo de barrio. Y lo peor es que no fue culpa del árbitro, ni del clima, ni de la cancha. Fue culpa de que no tenemos equipo. Así, tan simple como eso.
Es patético que no tengamos un equipo competitivo en ninguna categoría. Siempre estamos a contrapié, buscando explicaciones para tanta frustración, encontrando salidas para tanta decepción y lo peor de todo, sin hacer nada para mejorar. Basta ya de tanta mierda. Perdón por la expresión, pero es que el diccionario se queda corto.
La Copa Centroamericana: el festival del fracaso
En la Copa Centroamericana, todos los equipos guatemaltecos perdieron. Todos. Con excepción de Municipal, que empató, pero que también debe sentir que fue una derrota. Porque empatar en casa, contra un equipo tico que no es precisamente el Real Madrid, sabe a poco. Sabe a qué no damos para más.
Mixco, el debutante en el torneo, sucumbió. En un partido para el olvido Xelajú fue a defenderse y salió derrotado. Antigua tampoco estuvo a la altura de su historia en estos torneos y fue derrotado por uno de los peores equipos del área, ya sabrá usted que debajo de ellos, ahora nos ubicamos nosotros.
Todos están al borde de la eliminación. Los tres equipos muestran que no tienen futuro internacional. Y los dirigentes, mientras tanto, vendiendo humo. La afición se pregunta por qué no funciona el fútbol guatemalteco.
Claro, ahora los comentaristas deportivos dan por sentado que Municipal goleará al equipo beliceño la próxima semana. Faltaba más. Es más probable que solo puedan obtener un empate que ganar el partido. Porque en este país, hasta los pronósticos deportivos son una mentira más.
Infame privatización: Infantino y su sueño húmedo
A pocas semanas de haber terminado uno de los mundiales más polémicos de la historia —el del VAR, el de Trump, el de la corrupción descarada—, el infame Infantino presentó su proyecto para privatizar el deporte más bonito y masivo del mundo mundial. Afortunadamente, muchos dijeron que no. Siempre gracias. Porque si el fútbol se privatiza, los que pagamos seremos los mismos de siempre: los aficionados, mientras los ricos se forran y los dirigentes se dan palmaditas en la espalda.
Baloncesto: la humillación tiene nombre propio: Belice
Belice le dio una somatada en toda regla a la selección de baloncesto en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2026 al derrotar con autoridad 94-64 a Guatemala. Si, así como lo ve, 30 puntos de diferencia. 30. No son tres, no son diez. Son treinta. Eso no es perder, eso es que te inviten a un partido de baloncesto y te den una paliza en la cancha. Antes el equipo perdió contra Nicaragua.
Es cierto que es baloncesto, un deporte que casi se extinguió en el país gracias a esa dirigencia corrupta. Pero estamos hablando de Belice. Belice, señores. Ese país que en los mapas guatemaltecos todavía aparece como territorio nacional, pero que en la cancha nos pasó por encima como si nosotros fuéramos su colonia deportiva. Claro, sin demeritar, ni mucho menos hacer de menos a los hermanos beliceños, que no tiene culpa de que nosotros tengamos unos ineptos corruptos como dirigentes deportivos.
Ideas para explicar nuestro fracaso (o cómo sobrevivir a la vergüenza)
¿Por qué el fútbol guatemalteco no puede trascender? Por varias razones. Y todas tienen nombre y apellido: dirigencia, corrupción y mediocridad.
No tenemos jugadores. No formamos jugadores. Los equipos profesionales pueden tener hasta siete extranjeros. Siete. Eso no es una liga nacional, es una liga de importación de talento, pero solo contratamos plomeros, electricistas y joyeros para que jueguen el fútbol, sino pregúntele a Municipal que tiene un ecuatoriano y un dominicanos que quizás, en sus días, hicieron una buena conexión…., pero eléctrica, porque eso de jugar y meter goles, ni por detalle. Y mientras los extranjeros juegan, los nuestros miran desde el banquillo. O desde la calle. Menos por el cable monopólico que ahora controla el fútbol.
No tenemos estadios. Nos sentimos orgullosos del alumbrado del Trébol y su pequeña remodelación, de un estadio apestoso y pequeño, que, para ser la casa del mimado de la afición, todavía se queda grande. Los equipos departamentales están en peores condiciones: Xelajú y Mixco tienen que jugar en el Cementos Progreso sus compromisos internacionales. El Doroteo Guamuch es la imagen de la decadente sociedad corrupta dirigencial. No es posible que, en más de 75 años, esa dirigencia no haya construido un solo estadio. 75 años. Los dirigentes actuales no tienen excusa, y los anteriores tampoco.
No tenemos entrenadores. Los que dirigen equipos de liga mayor en su mayoría son extranjeros. Muchos se formaron aquí, y reproducen los vicios de siempre. Porque el problema no es de nacionalidad, es de mentalidad. Y la mentalidad guatemalteca en el fútbol es la misma de siempre: conformismo, mediocridad y robo.
No tenemos semilleros. El fútbol ha empeñado nuestro futuro. Ahora recurrimos a reclutar jugadores de origen guatemalteco formados en otros países, porque aquí somos incapaces de formar deportistas. Aquí solo formamos políticos corruptos, traficantes y sicarios.
El cierre: no hay peor ciego que el que no quiere ver
El deporte guatemalteco está enfermo. Y no hablo de una gripe pasajera, hablo de una enfermedad terminal. Los síntomas están ahí: derrotas humillantes, dirigentes corruptos, infraestructura deplorable, formación inexistente. Y lo peor es que nadie hace nada.
Los aficionados seguimos yendo a los estadios, seguimos pagando entradas, seguimos comprando camisetas. Y los dirigentes siguen robando, siguen mintiendo, siguen prometiendo mundos y fideicomisos que nunca llegan.
Esta semana fue dolorosa, pero justa y necesaria. Porque a veces, para despertar, hay que recibir un golpe de realidad. Y a nosotros nos dieron varios. Ojalá que esta vez sí sirvan para algo. Pero siendo sinceros, dudo que así sea.
Nota final: Esta crónica es una mirada sarcástica y dolorida a la realidad deportiva de Guatemala. Si no nos reímos, lloramos. Y la verdad, ya estamos cansados de llorar.
