Crónicas del Mundial: El VAR lo volvió a hacer (y nos reímos para no llorar por Argentina)
El VAR: el nuevo intruso del fútbol (y no es Infantino)
En los partidos que definieron las llaves para las semifinales, el VAR fue ese protagonista incómodo que nadie invitó pero que se quedó hasta el final. El que define partidos, sanciona equipos y confunde al mundo del fútbol, porque muchas de sus decisiones se inclinan hacia lo inevitable, alentando teorías de conspiración, la cooptación de los órganos de dirección de la FIFA en ayudas para determinados equipos y la siempre presente injerencia política que, termina imponiéndose.
Argentina pasó con dificultad. Con más hombres, incluyendo al VAR, pero pasó. Es cierto que no existió falta en la acción del jugador argentino. El suizo se zambulló, ya tenía amarilla y simuló la falta. El árbitro actuó bien, aplicó el reglamento y expulsó al infractor. Todo correcto. Pero también es cierto que justo cuando los suizos dominaban el partido, habían empatado y estaban sobre el área argentina, esa acción cambió el rumbo del encuentro. La balanza se inclinó hacia el lado de la albiceleste. Y eso, señores, es lo que aturde y ahonda más en las teorías de la conspiración.
No se puede pretender ganar un torneo mundial jugando mal y recibiendo fallos arbitrales que determinan el desarrollo del partido. Porque durante el partido Argentina fue inoperante, su fútbol no alcanza para ganar y porque esas ayudas son tan reiterativas que ya no parecen casualidad. Ya sea por legalidad o porque así se dan las cosas, eso no esconde las limitaciones existentes. El VAR está provocando más dudas que certezas.
El caso Inglaterra-Noruega: tecnología de punta para justificar lo injustificable
Sucedió lo mismo en el partido Inglaterra-Noruega. En un saque de esquina, un empujón que nadie marca (porque se dan tan seguido y no existe una clara determinación para frenarlos) sucede el gol noruego. El VAR lo anula y el árbitro marca algo inaudito: la repetición de la jugada, aduciendo que el empujón sucedió antes del cobro. Si hay empujón y es falta, ¿por qué no se marcó en el momento? ¿Por qué esa tendencia de frenar el partido, llamar a los jugadores y apercibirlos para que eviten esas acciones, pero solo cuando el VAR lo decide?
Pero también, en ese mismo partido, un balón que provoca el gol inglés toca el cable de la cámara del cielo. La FIFA, en un alarde de exactitud que raya en lo ridículo, dijo que no se registraron movimientos bruscos en dicho trayecto, por lo tanto, convalida el gol. Y aquí la pregunta que nadie hace: ¿quién paga la conexión a internet de ese cable para que transmita los datos en tiempo real? Porque si la FIFA dice que no hubo movimiento, entonces no hubo movimiento. ¿Y si el cable se movió justo cuando no debía? La tecnología, como el fútbol, es cosa de fe.
Connected Ball: la tecnología que nunca falla (cuando conviene)
La FIFA, en su infinita sabiduría, inventó el «Connected Ball». Un sensor dentro del balón que detecta hasta el más mínimo contacto. Pero solo cuando conviene. En el gol de Inglaterra, el sensor no detectó nada. En el de Noruega, el VAR detectó un empujón que nadie sanciona. La tecnología es selectiva. Como los árbitros. Como los políticos. Como todo en este Mundial.
El criterio del VAR está prevaleciendo, pero no en base a la justicia, ni siquiera a los hechos, sino a la forma en que cada uno de los integrantes de ese tribunal especial decide y ordena al juez central lo que debe marcar. Esto es un atentado contra el fútbol que conocemos. Antes, cualquier error arbitral se asumía, con las sospechas correspondientes. Ahora, la tecnología que se supone evitaría estos errores, se utiliza a discreción de saber Dios qué poder, al margen del reglamento y del espíritu del fútbol.
Estamos en contra de las determinaciones arbitrales que definen los partidos, no en contra de aplicar el reglamento y mejorar el uso de la tecnología para agilizar el juego. Pero las decisiones del árbitro dejaron de ser inapelables. Ahora no solo son cuestionables, también se revierten por tres fulanos que están atrás de una pantalla. En los deportes profesionales de Estados Unidos se desarrollaron estas tecnologías, pero aún ahí, las decisiones finales siguen siendo de los árbitros. Y las apelaciones tienen un límite. Aquí rebobinan una jugada que pasó hace varios minutos, para sancionar si fue legal o no el gol. Así no se hace. Eso resta transparencia al desarrollo del juego, así de simple.
El Mundial de la polémica (o cómo la FIFA se convirtió en un circo de tres pistas)
Seamos honestos. El manejo que hace la FIFA de este Mundial es desastroso. Prioriza lo económico por sobre lo deportivo y permite la injerencia política segada por la avaricia de poder de su presidente. Esto da lugar a pensar en una dirección corrupta y poco transparente.
Estados Unidos ha impuesto sus propias reglas. El tiempo de hidratación nunca buscó proteger a los jugadores, tuvo otros fines, especialmente comerciales. Luego está la cuestión del visado. El precio de los boletos es exorbitante. El mayor escándalo lo provocó el presidente Trump con su nefasta injerencia en el ‘caso Balogun’.
El juego se dejó de jugar en las canchas. Ahora también existe juegos extras en las altas esferas, en las sesiones comerciales y en la injerencia política. No sería nada extraño que Milei, el lobby israelí y otros poderes extraños y ajenos al fútbol quieran ver ganar a la Argentina. No estamos sugiriendo que estén interviniendo para que eso suceda, pero «piensa mal y acertarás».
Toda gira alrededor de Messi (y el VAR)
La prensa argentina no habla más de otra cosa que no sea el enfrentamiento contra Inglaterra, este miércoles. Página 12 habla que Messi es el nuevo Mesías, en referencia a Diego y su «mano de Dios». La Nación titula su portada con «el que no brinque es inglés». Porque en Argentina, el fútbol es religión. Y Messi es su profeta.
Scaloni es más sensato. Reconoce que su equipo para ganar debe sufrir. Pero como siempre pasa en estos torneos, lo más importante es definir el siguiente paso. Ya no basta analizar el pasado, la forma en que se desempeñaron los jugadores y el logro de los objetivos. Argentina va a disputar otra semifinal más, que quizás le dé el pase a la final. El desafío será mayor, primero frente a Inglaterra y si todo marcha bien, y el VAR lo permite, se enfrentaría en la final ya sea contra Francia o contra España.
Pero en los juegos previos, Argentina siempre ha sufrido. No ha demostrado su superioridad en el campo. Ni contra Egipto, ni contra Cabo Verde, ni contra Suiza. En los tres partidos se impuso sus individualidades, especialmente de Messi. El equipo argentino ha sufrido sin enfrentar a equipos de nivel. Su paso por estas instancias ha sido de más a menos. Cada partido se le hace más difícil superar al rival. Pero bueno, para eso está el VAR.
España come ansias (y Merino el salvador)
«Somos el único equipo que ha podido ganar contra Francia en las últimas dos semifinales». España contando los días. España, que sigue sin convencer, pero que sigue avanzando. Como un mal estudiante que aprueba todas las materias sin estudiar. Pero con Merino, todo es posible.
Jude Bellingham: el hombre gol
El jugador inglés está a punto de superar la marca de goles anotados en este Mundial de lo que concretó en el Real Madrid durante toda la temporada. En otras palabras, Bellingham ha hecho en cuatro partidos lo que no pudo hacer en toda una temporada en el Bernabéu. Eso, o el Mundial es más fácil que la Liga. O que el Real Madrid es más difícil que Noruega.
Cantando se siente mejor: Wonderwall vs. Vikingos
El cántico Wonderwall de Oasis superó al grito vikingo «row». La afición inglesa cantó a todo pulmón celebrando la cuarta participación histórica de Inglaterra en semifinales con el coro «you are my Wonderwall». Porque en Inglaterra, el fútbol y el britpop son las dos caras de la misma moneda. Oasis, los Beatles y ahora Bellingham. El fútbol inglés es puro marketing.
Thomas Tuchel: «Tuvimos suerte» (y Bellingham se indignó)
«Hoy nos complicamos muchísimo la vida. Tuvimos suerte», dijo el técnico de Inglaterra, Thomas Tuchel, aunque celebró estar entre los cuatro mejores. Estas declaraciones no le gustaron al goleador Bellingham, quien dijo que el entrenador seguro nunca ha jugado contra los vikingos, especialmente contra Haaland. Porque Bellingham, como buen jugador de élite, cree que la suerte no existe. Solo el trabajo. Y el VAR.
Haaland: una sustitución sin sentido (o el suicidio táctico de Noruega)
Haaland es el jugador desequilibrante de Noruega, goleador nato, un matador del área. En este torneo demostró su potencia. Pero su entrenador no pensó así y lo sustituyó faltando más de 15 minutos para finalizar el partido. ¿La razón? Nadie la sabe. Pero el técnico noruego se jugó su puesto y perdió. Haaland, el vikingo que debía liderar la carga, se fue al banquillo mientras su equipo se despedía del Mundial. El fútbol, como la vida, es cuestión de decisiones. Y la del entrenador noruego fue, para ser amables, discutible.
FIFA vende fragmentos del césped de la final del Mundial 2026 en 450 dólares
La FIFA, acusada de cobrar precios elevados por las entradas del Mundial 2026, está vendiendo el césped que se utilizará para la final del 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey a 450 dólares la pieza.
Mientras la CDAG anunció que para septiembre, o noviembre, el estado Doroteo Guamuch estará listo. Seguramente, para ampliar las ganancias de este mega contrato fraudulento, la CDAG compró el césped completo del estadio de la final.
Cada segmento de césped mide 17.5 x 17.5 x 17.5, aunque no especifica si la medida corresponde a pulgadas, centímetros o milímetros, lo cierto es que su destino puede ser el coloso de la zona 5. A poco no.
Egipto: héroes a su regreso (y el sueño que se hizo trizas)
Los jugadores de la selección egipcia fueron recibidos como héroes este viernes a su regreso al país norteafricano, donde miles de aficionados los vitorearon por su histórico recorrido en el Mundial 2026 hasta caer en octavos de final ante Argentina.
«Estamos muy contentos con el equipo», contó Mohamed Gehad, desplazado al aeropuerto internacional el-Alamein para aclamar a los «Faraones». Una marea de banderas rojas, blancas y negras invadió las inmediaciones del aeropuerto, donde miles de aficionados esperaban el inicio del desfile en autobús. Numerosos aficionados lucían camisetas con el nombre del capitán Mohamed Salah, mientras otros enarbolaban pancartas con mensajes de agradecimiento al equipo.
Cierre: el fútbol como espejo del poder (y del dinero)
El fútbol, una vez más, nos ha mostrado su doble cara. Por un lado, la emoción del juego, la épica de los partidos, la lucha de los equipos por trascender. Por otro, la podredumbre del poder, la intromisión política, la hipocresía de los que dicen defender el orden basado en reglas mientras lo pisotean.
Argentina sigue adelante, pero con más dudas que certezas. Inglaterra también, pero con la suerte de su lado. Francia y España esperan en la otra semifinal. El Mundial sigue su curso. Pero la polémica, el VAR y la tecnología son los verdaderos protagonistas.
El fútbol, como la vida, no es justo. Pero, a veces, la injusticia se disfraza de regla. Y otras veces, la regla se rompe con una llamada telefónica. Así es el mundo. Así es el fútbol. Así es todo.
Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo. Y, en este caso, alguien dispuesto a vender el césped por 450 dólares.
