La captura de la USAC: Entre lo jurídico y lo psicótico

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Fernando Cajas

Expertos juristas han adversado abiertamente el criterio utilizado por la USAC para justificar que Mazariegos asumiera el cargo sin el finiquito correspondiente de la Contraloría General de Cuentas, un requisito legal indispensable para ejercer funciones públicas. El argumento jurídico construido por su equipo —que le permitió tomar posesión el 1 de julio de 2026 pese a las denuncias pendientes y la ausencia de este documento— es considerado inconsistente con la Ley de Probidad, así como con la normativa universitaria. Esta maniobra no solo ignora requisitos claros de ley, sino que expone una interpretación sesgada y conveniente de las normas.

Esta salida del grupito de pseudo juristas, a los que Mazariegos les paga con fondos del Estado, es una mancha más del tigre, otro delito más de los cientos de delitos a los que el usurpador nos tiene acostumbrados y de los cuales el sistema de justicia simplemente lo protege y el timorato presidente, si, el cobarde de Arévalo junior hace lo que sabe hacer: echarse un puro de marihuana y ver para otro lado. ¡Vaya presidente!

Durante las protestas estudiantiles contra el fraude, se reportaron agresiones contra manifestantes opositores. Ante esto, el presidente Bernardo Arévalo ha defendido la actuación de la Policía Nacional Civil, asegurando que cumplió con su rol. Esta postura refuerza la percepción de un pacto de mutua cooptación entre Arévalo y Mazariegos.

Esto nos lleva al análisis que la psicopatía social de la que padece Mazariegos también es padecida por Bernardo Arévalo, solamente que a la inversa. Explico.

La actitud de Bernardo Arévalo es realmente la de un líder débil o «cero», influido por rasgos de personalidad evitativa, miedo al conflicto, posible narcisismo vulnerable o incluso una psicopatización insidiosa por el poder. Por eso es que el análisis más revelador de la captura de la USAC trasciende el ámbito jurídico y entra en el terreno psicológico y psiquiátrico.

Según Iñaki Piñuel en su libro Mi jefe es un psicópata, los psicópatas organizacionales son depredadores de “guante blanco”. En el caso de la USAC, Mazariegos encarna este perfil con precisión. Mazariegos con esta personalidad y actitud ha transformado la universidad en un feudo personal donde la lealtad ciega se impone sobre la excelencia académica, generando un ambiente tóxico de miedo, división y “ausencia de pensamiento”. Arévalo, otro psicótico inverso, hace como que no ve, hace como que no escucha y le da el apoyo a través de la PNC. ¡Vaya pareja!

¿Hay formas concretas de salir de la crisis?

Sí: Una de ellas es que los docentes salgan del silencio como lo ha hecho la Asociación de Docentes del Centro Universitario de Occidente de la ciudad de Quetzaltenango, que se pronuncia con firmeza y sin temor. Esto es un buen indicador del despertar docente. El Comunicado publicado recientemente en La Prensa de Occidente es claro. Los docentes del CUNOC exigen restablecer la legalidad en la USAC, cuestionan la legitimidad del proceso de elección del rector desde 2022 y piden al Organismo Judicial, al Consejo Superior Universitario, al Ministerio Público y al presidente de la República acciones concretas: investigaciones imparciales, resolución de amparos pendientes y mecanismos de diálogo que respeten la autonomía universitaria sin tolerar impunidad. Este posicionamiento público de docentes de una sede regional importante representa un signo esperanzador del despertar del claustro docente, tradicionalmente silenciado o cautivo, y fortalece la presión interna por la recuperación institucional.

Emergen otras formas concretas para salir de esta crisis: El Frente Amplio por la Democracia en la USAC (FAD-USAC) y promovida por Miguel Ángel Sandoval, proponen un camino claro de rescate institucional. Entre las principales demandas y propuestas destacan:

  • La intervención decidida del Ejecutivo y del Ministerio Público para investigar y revertir las irregularidades del proceso electoral.
  • El respeto pleno a la autonomía universitaria, pero sin que esta sirva de escudo para la impunidad.
  • La convocatoria a nuevas elecciones transparentes y con participación plena de todos los cuerpos electorales legítimos.
  • La depuración de prácticas corruptas y el restablecimiento de la meritocracia académica.
  • La construcción de un acuerdo nacional amplio que incluya a la comunidad universitaria, sectores progresistas y la sociedad civil para recuperar la USAC como casa de estudios superior pública al servicio del país.

Estas iniciativas, sumadas a la necesidad de crear un sistema nacional de educación superior plural —con al menos cuatro nuevas universidades públicas descentralizadas, despolitizadas y pertinentes—, ofrecen una ruta realista para construir un ecosistema competitivo enfocado en el desarrollo del país.

Liberar la USAC del psicópata que la controla es urgente. La toma de posesión y las respuestas institucionales no han resuelto nada; solamente han profundizado la crisis. Guatemala necesita actuar ahora con firmeza jurídica, movilización ciudadana y visión estratégica para salvar a la Universidad Pública. Hagámoslo, pero hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

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