Puente de los mártires y su significado
Miguel Angel Sandoval
Desde hace bastantes años el estado de Guatemala estaba condenado a reparar a los pueblos víctimas por las masacres de Rio Negro o Chixoy. En los años de la masacre, se trataba de construir la presa y generar energía eléctrica, pero en ese empeño los indígenas de las comunidades aledañas, eran incomodos y un estorbo. Por ello, para impulsar la construcción de la represa, había que tomar medidas drásticas. Hubo muertos, heridos, desaparecidos y finalmente la presa se construyó y pasaron años y años sin que la gente de las comunidades tuviera luz. Así las cosas. Solo hay que recordar que la masacre del Rio Negro esta sólidamente documentada en el Remhi o en el informe de la comisión para el esclarecimiento histórico –CEH-.
“En septiembre de 2012, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dicto una sentencia condenatoria contra el estado de Guatemala, por cometer masacres en contra de la población indígena. “Entre 1980 y 1982, ocurrieron cinco masacres en Río Negro (municipio de Rabinal, Baja Verapaz), donde fueron asesinadas más de 400 personas, incluyendo mujeres, niños y ancianos.”.
Fueron tantas las pruebas aportadas por las comunidades que la sentencia tuvo que ser condenatoria al estado guatemalteco. Como se señala, es un caso paradigmático que involucra de cuerpo entero al estado guatemalteco. Ello pues para la construcción el INDE no realizo censo de población que podría ser afectada, los bancos como el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco Mundial, dieron los prestamos sin tomar en cuenta esta variable. Y ante ello, y las protestas de la población, se masacró a los que iban a ser afectados o desplazados. Esa es una realidad que se pretende esconder bajo la alfombra.
Hubo la condena internacional y el estado guatemalteco fue obligado a varias medidas de reparación. Unas viables y urgentes, otras menos urgentes, pero todas inevitables. Al grado que el gobierno de los EEUU presionó, incluso con advertencias de recortar la ayuda bilateral, si no se cumplía con las medidas de reparación de la condena. Pasaron los gobiernos de Pérez Molina en donde se elaboró un plan para el cumplimiento de las sanciones internacionales, se dijo que había fondos suficientes para cumplir las medidas contempladas en los acuerdos de paz, pero nada. Vendieron humo. Adelante, el comediante Morales, cerró la oficina nacional para el resarcimiento, con más de 25 mil expedientes hechos, que esperan en cajas abandonadas su cumplimiento, y luego el bandolero Giamatei clausuró las oficinas para el cumplimiento de las obligaciones de la paz.
No obstante, ello, las masacres de Rio Negro son consideradas paradigmáticas pues es un caso en donde hay reiteradas masacres por fuerzas del estado, de comunidades indígenas, lo que constituye un caso de genocidio. Es un momento para deducir responsabilidades históricas, políticas, incluso judiciales, pues tanto Otto Pérez, como el comediante Morales y el bandido Giamatei, durante más de 12 años se dedicaron a desmontar los compromisos de la paz, de la cual nunca estuvieron convencidos de manera real, clara y comprometida. Pero no solo eso. Hicieron fiesta con los recursos del estado dedicados a cumplir con los compromisos del fin de la guerra de los 36 años. Hay suficiente documentación al respecto. Hay que señalar que existen tesis de grado académico, en Guatemala como en otros países, con el caso de Rio Negro como centro de esos estudios.
Solo ahora, el gobierno de Bernardo Arévalo, que supo escuchar a los comunitarios representados por Adevima[i], que desde hace unos 20 años exigieron y exigen justicia, a pesar de los ataques del pacto de corruptos y de los silencios de las fuerzas progresistas, que da cumplimiento a un compromiso internacional, pero, sobre todo, con las víctimas de la política de genocidio, impulsada en los años de la violencia contrainsurgente. Eso es lo que representa la construcción del puente, ahora Puente de los Mártires. Es como se puede valorar, uno de los tantos compromisos de los Acuerdos de Paz que ahora, poco a poco, ven la luz.
De igual manera, en su discurso de inauguración del puente de los Mártires, Bernardo Arévalo hizo el compromiso formal de cumplir con todas las medidas de reparación que sean necesarias.
Y esto es algo que ahora debería de decirse, pues el Puente de los Mártires, no es un puente más, sino que se trata de un puente que nos recuerda la infamia de la guerra, y con la construcción del puente, nos dice de la marginación, pues ahora se puede decir con todas sus legras, que el mismo, que regiones incomunicadas, de Baja y Alta Verapaz y de El Quiché, en donde hay índices de pobreza indignantes, y se cumple con una sentencia que debería haber sido honrada hace muchos años, pero que, con la construcción del Puente de los Mártires, se evidencia la perversidad o vulgaridad de tres gobiernos, que no hicieron nada o se burlaron, de un compromiso de justicia nacional, ni siquiera obligados con una sentencia internacional.
No faltará quien con más pena que vergüenza señale que no hay que polarizar al decir estas verdades. Es algo que no debemos permitir por más tiempo. No se trata de una queja, es una denuncia clara contra quienes defienden en público o en silencio a estos malos gobiernos, que solo estafaron la democracia y el estado guatemalteco y con su inacción, ellos sí, crearon momentos de polarización, que solo pueden ser resueltos con la justicia, con el complimiento de los compromisos nacionales que derivan de los compromisos de la paz. Esta es la única vía posible para terminar con la polarización, y para crear condiciones para la reconciliación nacional. Lo contrario son mentiras piadosas.
A punto de conmemorar los 29 años de la firma de la paz y el inicio de los preparativos para conmemorar los 30 años de ese hecho histórico, es momento de refrescar la memoria sore el contenido de los Acuerdos de Paz, sacarlos del fondo de las gavetas y señalar con energía, que están pendientes entre otras reformas, la reforma educativa, la reforma judicial que es supremamente urgente, una reforma política en profundidad, como se expresa en los compromisos de la paz. Son los derechos de los pueblos indígenas que aún no ven la luz, la política de desarrollo rural integral, para mencionar los faltantes más urgentes.
Pero, además, las reformas consignadas en los Acuerdos de Paz, el deterioro democrático de los últimos tres gobiernos, que ahora se pretende reorientar, nos dice que es urgente acometer estas reformas que se señalan, así como otras que están pendientes o desfiguradas por el peso de la inercia y hay que decirlo, por formas de corrupción que se enquistaron en el Estado y todas sus instituciones, casi sin excepciones.
La paz verdadera con transformaciones, modestas es bueno decir, es una tarea pendiente, sobre todo, porque las causas que dieron origen a la guerra interna continúan sin mayores modificaciones. Sin superar esas causas, la paz será de forma permanente, precaria, pues no se han abordado de forma seria y profunda, las razones que dieron origen a un enfrentamiento largo y doloroso, pero que a la vuelta de los años pareciera que ello se ha olvidado, al grado que luchadores por la democracia están presos, perseguidos, criminalizados o en el exilio.
No lleguemos a los 30 años de la firma de la paz, sin hacer un esfuerzo extraordinario para retomar el proceso con todas sus complejidades y exigencias. Al tiempo que debemos recordar que el proceso abierto el 29 de diciembre de 1996 era solo el inicio de un esfuerzo nacional para poder vivir en democracia, con derechos para todos. El desarme de la insurgencia no era el objetivo de la paz. El objetivo de la paz fue siempre terminar con las causas que le habían dado origen. Y ello sigue vigente[ii].
[i] ADEVIMA. Asociación para el Desarrollo Integral de las Víctimas de la violencia en las Verapaces.
[ii] Para la elaboración de esta columna se consultó la SENTENCIA de la CIDH.
El documento de medidas de reparación elaborado durante el gobierno de Otto Pérez.
Un documento de Barbara Rose. Y varios documentos que se encuentran en internet.
