Las nuevas capacidades de la ingeniería

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Fernando Cajas
Centro Universitario de Occidente, Universidad de San Carlos de Guatemala

En un mundo marcado por la acelerada transformación tecnológica y los complejos desafíos sociales, las capacidades del ingeniero del siglo XXI trascienden el dominio técnico tradicional. Según destacan expertos, resulta indispensable potenciar habilidades como la comunicación efectiva —que permite interactuar con claridad y generar impacto en equipos multidisciplinarios—, la interdisciplinariedad, que enriquece el perfil profesional mediante el aprendizaje de idiomas y saberes complementarios, y un pensamiento analítico capaz de abordar problemáticas reales considerando todos sus factores.

Estas capacidades no son abstractas: se materializan en las prácticas sociales que constituyen la ingeniería. Como sostengo en El nuevo currículum de Ingeniería, la práctica de la ingeniería es una práctica social híbrida, unión sistémica de prácticas específicas: la de planificación, la del diseño, la de la ejecución, la de la administración, la de la construcción y la del mantenimiento. Cada una exige capacidades particulares que deben cultivarse desde el currículo.

La práctica de la planificación demanda la capacidad de anticipar, estructurar proyectos y considerar el contexto social, económico y político en el que se insertarán. No se trata solo de cronogramas, sino de negociar prioridades con actores diversos y reconocer restricciones no técnicas.

La práctica del diseño —quizá la más emblemática— exige pensamiento analítico y creativo para generar soluciones bajo múltiples restricciones, no solo técnicas, sino también culturales y ambientales. Diseñar es negociar definiciones tanto como producir artefactos. La práctica de la administración requiere habilidades de comunicación, coordinación y gestión de recursos humanos y materiales en entornos complejos e inciertos. Finalmente, la práctica de la evaluación —entendida como el análisis continuo del desempeño, los impactos y los efectos secundarios de las soluciones— demanda pensamiento crítico y visión contextual para valorar si los artefactos o procesos cumplen su función social y no generan daños colaterales.

Estas prácticas, y las capacidades que las sustentan, se ven profundamente afectadas por la Inteligencia Artificial. La IA no es “solo una herramienta más”: se integra en la vida económica, política y cultural como el aire que respiramos. En las aulas de ingeniería, los estudiantes ya la emplean para tareas, ensayos y modelación; sin embargo, suele carecer de sensibilidad al contexto social y a las emociones humanas. El riesgo no es únicamente el fraude académico, sino que externalice capacidades cognitivas que los ingenieros necesitan desarrollar. Debemos formar profesionales capaces de usar la IA críticamente, no de depender de ella para pensar.

Richard Susskind y Daniel Susskind, en The Future of the Professions, argumentan que sistemas cada vez más capaces transformarán las profesiones al externalizar el conocimiento experto. En ingeniería, esto implica que muchas tareas de diseño rutinario, optimización, simulación y administración de proyectos podrán ser realizadas o asistidas por IA, desplazando el trabajo tradicional de “solucionador de problemas” lineal. El ingeniero del siglo XXI no competirá únicamente resolviendo cálculos o generando planos, sino diseñando, supervisando y mejorando los sistemas que incorporan IA, manteniendo el juicio sobre impactos sociales y éticos. Como advierten los Susskind, caer en la “falacia de la IA” —creer que las máquinas solo pueden imitar el pensamiento humano— nos impide anticipar cómo reconfigurarán las prácticas.

En consecuencia, las nuevas capacidades de la ingeniería deben incluir alfabetización tecnológica crítica, capacidad para colaborar con sistemas de IA, y un énfasis renovado en las dimensiones sociales, éticas y contextuales de las prácticas de planificación, diseño, administración y evaluación. Solo así la ingeniería seguirá siendo una práctica social orientada a transformar el mundo de manera responsable, en un escenario donde la inteligencia artificial amplifica tanto las posibilidades como los riesgos.

Nota: Este articulo se basa en Cajas, F. (2024). El nuevo currículum de Ingeniería. En Hinojos, J. (Ed.). Rompiendo barreras: Avances y desafíos en la enseñanza de ingeniería y matemáticas en América Latina (pp. 13-32). ITSON.

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