En el mundo de la desinformación, las mentiras y el engaño
Autor: Jairo Alarcón Rodas
Es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados.
Mark Twain
Las personas nacen, crecen y se desenvuelven en momentos determinados y bajo circunstancias específicas. A diferencia del resto de animales, con los que los humanos comparten el mundo, su desempeño y desarrollo no lo hacen exclusivamente a través de respuestas instintivas sino, esencialmente, de forma racional, es decir, por medio de contenidos y señales simbólicas que ameritan el uso de su intelecto.
Y así, son educados con la información que les permite no solo comprender e interpretar su entorno sino, también, adquirir cierta autonomía con la cual dirigir sus actos, lo que no requiere, necesariamente, comprender su entorno más bien simplemente, situarse en él, ya que de ello depende la posibilidad de su supervivencia. Aprender modos de comportamiento para responder a determinadas circunstancias, modelos de pensamiento, sistemas de convivencia, es lo que se les exige a las personas para ser parte de la sociedad, pudiendo ser respuestas imitativas del comportamiento del grupo al que pertenecen.
Pero algunas personas no encajan dentro de determinados sistemas sociales, consecuentemente, son reacios a cumplir sus normas y conscientemente cuestionan el estado de cosas que se les ha impuesto, por lo que se revelan; siendo estos los subversores, los visionarios, los herejes, los revolucionarios, los líderes, llamados a cambiar el mundo.
Las pautas de comportamiento social se enseñan o se imponen y todo aquel que no siga las normas del diseño establecido se le previene, se le corrige, se le reprime, se le castiga, a modo de buscar que su forma de pensar y su desempeño sean de acuerdo con el orden establecido, es en cierta forma, una domesticación social.
Sin embargo, cabe aclarar que no todo cumplimiento de las normas sociales debe considerarse una domesticación. Lo es cuando no existe un ápice de reflexión por parte del educando, cuando no hay conciencia de lo que aprende sino simplemente una reproducción de lo que se le enseña.
El vivir en sociedad lleva consigo una responsabilidad y es la de resguardar el orden para el bienestar de la comunidad, lo que indudable lleva implícito la de cada individuo. Las normas, en este caso, deben ser justas y reflejar el interés genuino de los miembros que componen la sociedad, de lo contrario serian espurias.
Como resultado, ser educado consiste en aprender saberes, pautas y formas de comportamiento que los padres de familia, la comunidad, el sistema, enseñan y requiere que se aprendan, pues las consideran deseables, valiosas, necesarias para la formación de todo individuo que desee convivir en sociedad. Esa es la forma en la que las culturas permanecen vigentes y, no solo eso, también los modelos económicos que las sustentan.
Pero, qué sucedería si todo fuera un engaño y lo enseñado fuera simple y sencillamente una estrategia, una forma de domesticación que busca el sometimiento y el acomodamiento de las personas dentro de la sociedad, bajo los parámetros y criterios de entes interesados, con fines oscuros, con la finalidad de lograr su beneficio.
Desde tiempos remotos, existen élites económicas que consideran ser portadoras de la verdad y de decidir, arbitrariamente, lo que se debe enseñar y aprender. De tal suerte que hay modelos educativos que refuerzan sistemáticamente determinadas formas de pensar, a través de contenidos educativos impulsados por el Estado, que no posibilitan el surgimiento del pensamiento crítico.
De ahí que, en la forma tradicional de educación, la diferencia entre el que enseña y el que aprende evidencia que lo enseñado por el docente no admite cuestionamiento alguno, consecuentemente, el alumno acepta y obedece los contenidos que se le imponen, en forma pasiva.
Por qué regularmente se piensa de determinada forma y no de otra, quién es el que establece las pautas de lo que se debe pensar, seguir, enseñar y aprender. La ciencia y la filosofía representan un camino, las ideologías, la falsa conciencia, el otro. Unas están sujetas a revisión constante, de ahí que no representan verdades absolutas y, por consiguiente, obligan al conocimiento constante, a una revisión continua de las cosas. Las otras, sobre todo aquellas que surgen de la religión y creencias ancestrales, constituyen verdades pétreas, incuestionables, son dogmas irrefutables que se deben acatar sin reparo alguno.
El pensamiento hegemónico se nutre tanto de las declaraciones de la ciencia, las que, cabe señalar, interpretan y limitan en función a sus intereses, mezclándolo con creencias valorativas, dando por resultado los criterios ideológicos. Utiliza ambos aspectos para edificar el modelo a seguir, para establecer su dominio y permanencia en el poder. Con ello determinan lo que consideran que es válido de lo que no lo es, ya que su éxito depende del grado de alienación y de dominación que puedan lograr.
El mecanismo que permite a los seres humanos la comprensión de la realidad es el conocimiento de las cosas, a través de los sentidos, del intelecto y el pensamiento lógico, siendo éste la capacidad mental que permite razonar correctamente, pensar, hilvanar ideas, resolver problemas.
Sin embargo, la capacidad intelectual que posea cada individuo tiene determinadas etapas de desarrollo, que pueden ampliarse o limitarse. Dado que lo que aprende cada persona tienen singular relevancia para sus intenciones y propósitos en su vida, lo que depende de su grado de desarrollo.
De modo que las personas pueden ser adiestradas, manipuladas, incluso adormecidas, no obstante, dentro del profundo letargo que provoca ese tipo de aprendizaje domesticador, tener impulsos, inquietudes, como leves parpadeos dentro de ese profundo e intenso sueño, en el que permanecen, como un ligero despertar de la conciencia, que les permite por instantes cuestionar lo que el sistema establecido considera incuestionable, lo que para muchos resulta ser solo un sueño. Pero ¿quién, teniendo la capacidad de razonar, no razona?
Sin duda que la inquietud inmediata para aquellos que pueden cuestionar su entorno y su aprendizaje sería ¿quién es la persona, el sector, el ente que impone tales criterios y reglas y con qué fin? Mirarse a uno mismo en un presente, evoca también el pasado. ¿Cuál ha sido la experiencia de otros, bajo qué circunstancias han vivido, qué les ha sucedido? Buscar en el pasado respuestas para no cometer los mismos errores debería ser la respuesta.
Revisando la historia, profundizando detenidamente en los momentos más relevantes del devenir de la humanidad, en lo que le ha sucedido, sus logros y derrotas, su trazo por la vida, el método que ha empleado hasta la fecha, debería ser el objeto de estudio y de análisis, para corregir errores. Ya que ello permite tener una imagen del presente a través de argumentos del pasado, con ello las interrogantes pueden despejarse, pueden explicarse los sucesos del hoy y la posibilidad de hacer proyecciones al futuro, sin olvidar el presente.
Sin embargo, hay muchas formas de reconstruir la historia, de narrarla, lo que arroja distintas versiones de un mismo hecho. No hay que olvidar que el historiador no escapa a las motivaciones personales, inclinaciones políticas y emocionales, por lo que la objetividad de sus relatos resulta ser un ejercicio difícil de lograr pero no imposible.
Dado que mucho de la historia se construye con información referencial e interpretativa de su autor, el margen de objetividad decrece, por lo que, para tener más confianza en la descripción histórica, se hace necesario cruce de la información, contrastar hechos, verificar vestigios, por aparte, consultar las fuentes adecuadas, utilizar el método pertinente de análisis. Todo ser humano tiene una historia, al igual que los grupos sociales, que la humanidad misma. No es de extrañar entonces, porqué se le ha denominado al ser humano el animal histórico.
Karl Marx, junto con Federico Engels, impulsados por el impacto negativo del capitalismo salvaje de su época, realizaron una revisión de la historia y el recorrido que ha tenido la humanidad, atendiendo a las contradicciones dialécticas, el desempeño de las fuerzas productivas, el surgimiento de la propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre. Con tales criterios, expusieron con claridad el papel de la propiedad privada de los medios de producción, el surgimiento de las clases sociales y el trabajo alienado y, con ello, el desarrollo del comportamiento humano.
De tal modo que, siguiendo tales criterios, la base económica determina la esfera ideológica, que incluye la forma de pensar de los pueblos, lo que arrojó claras luces para el esclarecimiento de la vida social, incluyendo la política, la cultura, las ideas, la conciencia social y, desde luego, las ideas y pensamientos de las personas, su forma de actuar.
La historia de la humanidad ha sido la historia de la lucha de clases, decía Karl Marx, en donde la mentira y el engaño han tenido un papel relevante, lo que, en la actualidad, ha contribuido a la sumisión de unos ante el dominio arrogante de otros sin, necesariamente, la necesidad del uso de mecanismos represivos, sin castigos ni torturas. Se comprende entonces el porqué. de la difusión de tanta religión y la transmisión de creencias inciertas, ya que constituyen instrumentos de dominación de los pueblos.
Distinguir la verdad del engaño, para un pueblo con hambre cuyo interés se cifra en satisfacer sus necesidades vitales y, por otra parte, que permanece sumido en un letargo de desinterés político, causado por la imposición de una educación domesticadora y acrítica, por la información sesgada de los medios de comunicación, las redes sociales y distractores alienantes, resulta ser el gran reto.
El despertar de la conciencia de personas que están acostumbradas a cumplir órdenes, a seguir el guion que les impone el sistema, resulta ser una labor sumamente difícil, cuando el oponente resulta ser una oligarquía intransigente, que se niega a ceder su posición de privilegio y hace lo impensable por no sucumbir, a través de un plan de alienación que recurre a toda una serie de artimañas, que difunde mentiras y engaños, sin escrúpulo alguno.
Decía el historiador Carlo Cipolla: El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos han de soportar, ya sea como individuos o como miembros de una sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente estúpido como fue estructurada la vida desde sus inicios y en 10,000 años de civilización, eso no ha cambiado, continúan las mismas condiciones que favorecen a unos pocos y perjudican a la gran mayoría.
