El FAD y la soberanía

Zurdo

Miguel Angel Sandoval

Uno de los temas menos discutidos, en nuestro país, en los días que corren, es el de la soberanía. Quizás por temor a la presencia de los EEUU tan cerca y en estos momentos, tan demandantes. Pero el punto es que hace falta detenerse un momento y plantear con toda su fuerza la necesidad de defender la soberanía nacional, que es sin mucho darle vueltas, la clave para las relaciones multilaterales y, ante todo, para plantear una defensa clara de la independencia nacional.

Es a todas luces algo que cuesta comprender cuando se conmemora la independencia nacional y no se hace un énfasis en la soberanía nacional, menos en la necesidad de vivir de manera independiente, Por supuesto que, con relaciones de cooperación con todo el mundo, sin exclusiones, pues eso es una de las reglas de oro de la soberanía nacional. Es difícil entender que, por razones inconfesables, se impida a Guatemala mantener relaciones diplomáticas con China. Mientras que se hace todo lo posible por mantener relaciones con un pedazo de China que se llama Taiwán.  

Sería a todas luces un engaño, pretender o decir que los países coloniales tenían soberanía. O que un país como Puerto Rico goza de ella, si sabemos que es un Estado Libre Asociado, o lo que es lo mismo, una colonia. Sabemos que tiene identidad cultural, que lucha desde hace años por su independencia, y por eso la categoría de soberanía no tiene nada que ver con el Puerto Rico actual. Otro tanto ocurre con Venezuela que desde enero de este año ha perdido su condición de país libre, o estado soberano. Los hechos así lo dicen y son contundentes.

En sentido contrario hay países como Brasil o México, que dicen que la soberanía es condición sine qua non para el ejercicio de la independencia nacional y para la práctica de la democracia. Y esto es lo que Lula, el presidente de Brasil nos lo ha recordado en una intervención sin desperdicio en la Asamblea de la ONU, luego de pasar revista al desgaste de la ONU y de señalar que nunca antes había existido una crisis como la actual en las relaciones internacionales, y cerró su discurso con un ferviente llamado a la defensa de la soberanía de Brasil.

Otro tanto ha dicho y hecho Claudia Sheinbaun, presidenta de México, al insistir en la defensa del derecho internacional, de la soberanía como el ABC de la lucha de lo que los mexicanos denominan la Cuarta Transformación. Y ello tiene facetas que no se pueden perder de vista. En reiteradas ocasiones señaló, ante los intentos de injerencia a de los EEUU, que México estaba dispuesto a cooperar, pero sin subordinación, que su política era soberana, y que en ello había líneas rojas que no podían ser cruzadas por cualquier país, menos abandonadas por México.

Aunque sin muchas dudas, el mayor ejemplo de ejercicio de la soberanía es un país pequeño y casi sin recursos, a diferencia de Brasil o México. Me refiero a Cuba, cuya defensa de la soberanía es ejemplar y es hoy día, un motivo de admiración y respeto, en el mundo entero, pues su defensa de la soberanía cubana, dice que no hace falta ser un gran país, sino que hay que ser un país con principios, con identidad nacional, con cultura propia y con proyecto político, cualquiera que sea, pero auténtico, nacional, producto de su historia y sus decisiones políticas soberanas.

Y lo que plantea Lula a los cuatro vientos, o lo que dice y hace la presidente mexicana, es lo que el FAD debe de impulsar en las relaciones internacionales de nuestro país. No podemos ser un nuevo Puerto Rico, tenemos que tomar el ejemplo de países como Brasil, México o Cuba, que tienen en la soberanía una pieza clave de su política y de sus relaciones internacionales. Es algo que está en el espíritu de las Naciones Unidas, que dice que todos los países son iguales en derechos.

Y en la defensa de la soberanía está la identidad, la cultura, su razón de ser en un mundo complejo como el actual, pero que debería funcionar con respeto a normas por todos aceptadas, por todos respetadas. No podemos aceptar sin chistar la idea de que somos el traspatio de alguien poderoso. Somos un país pequeño con derechos como todos, y con soberanía que debe ser respetada como en todo el mundo que quiera o asuma ser un país democrático. Y ello a partir de sus dirigencias electas de manera democrática.  Es la esencia del multilateralismo, que no puede ser separado de la defensa de la soberanía nacional de cada uno de los países que viven en la actualidad en el planeta tierra.  

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