El diálogo que no inicia

Zurdo

Miguel Ángel Sandoval

Uno de los temas principales en cualquier tema vinculado con el dialogo político, es que los que deben participar se reconozcan entre si y puedan al mismo tiempo, expresar de forma abierta o en silencio, el respeto por la otra parte. De lo contrario no hay ninguna posibilidad de que el dialogo, que no negociación, pueda iniciarse y poder, eventualmente, llegar a acuerdos y compromisos. En este sentido, es importante separar dos conceptos: DIALOGO Y NEGOCIACION.

Se parecen, pero no son lo mismo. El diálogo sería la parte introductoria, de reconocimiento de los problemas, de conocimiento de las partes, del acuerdo de iniciar una fase superior que sería en este caso, una negociación política.  Lo contrario es no tener mucha idea de lo que esto significa. Sentarse en una mesa no significa el fin de nada. Es apenas el inicio de algo.

En nuestro caso y en la coyuntura actual, el tema de un dialogo mediado por la OEA tiene un problema inicial que es necesario resolver. Históricamente, desde el poder, a los pueblos indígenas se les ha marginado, excluido, o cuando el momento ha llegado, desconocido. Peor aún, atacados de la mas diversa manera. Se recuerda el momento que autoridades indígenas se dirigieron al congreso con un planteamiento de reconocimiento del derecho indígena.

Por ello en las condiciones actuales, en medio de un levantamiento nacional o rebelión nacional, encabezada por los pueblos indígenas, el presidente electo Bernardo Arévalo plantea, con toda la justeza necesaria, que los pueblos indígenas deben ser actores de primer orden para el abordaje de la crisis. Y esto es algo que la OEA debiera de insistir.

No puede haber dialogo sin los pueblos indígenas y sus representantes, que ahora son los 48 cantones y otras autoridades ancestrales. Sin los indígenas no hay salida posible, ni solución a la crisis.

Por supuesto que ello tiene condiciones. No puede haber resultado de cualquier dialogo, o incluso inicio de los mismos, sin la renuncia de quienes se han convertido en el imaginario social, en los enemigos de la democracia guatemalteca, en los que han intentado por todos los medios, sin conseguirlo, anular los resultados de las elecciones del 25 de julio y del 20 de agosto.

Parece que estamos ante un escenario que es difícilmente aceptable por los diversos actores. La mediación de la OEA está en grave riesgo de empantanarse.

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