Italia a huelga general y la derrota de Trump

Zurdo

Miguel Angel Sandoval

Hace unos días escribí una columna con un título provocador: Otro fantasma recorre Europa. En este analizaba centralmente las movilizaciones en Francia, España y algo de Alemania. No estaba en ese análisis Italia.  Ahora el centro del mismo arranca en Italia, que como no podía ser de otra forma, abre nuevos caminos, frescos análisis, y apunta a una visión clara contra la guerra y el militarismo impulsado por Trump y sus socios en Europa.

Quizás lo más novedoso, aparte de las movilizaciones y las tradiciones de lucha de los trabajadores en ese país. Ahora las demandas en las huelgas portuarias, son contra la guerra, contra el trasiego de armas, en una palabra, por la paz, contra la guerra y la oposición al reclutamiento para la guerra, con lo cual se hace un vínculo sólido con los estudiantes europeos que están planteando la misma idea: no al reclutamiento para la guerra.

Ahora no se trata sólo de oponerse a los gobiernos de Macron o de Meloni, de lo que se trata es de recuperar las conquistas sociales que se acumularon durante muchos años, cuando en Europa se vivía con la idea de desarrollar a sus países luego de la devastación de la segunda guerra mundial. En muchos casos es para derrotar a las políticas de inspiración neoliberal, que, en el caso de Europa, tienen su correlato con la visión antirrusa que les lleva de la mano a una guerra que esta perdida de antemano por el poderío ruso y por ser ese gran país, una potencia nuclear en toda la extensión de la palabra.

Pero más allá de estas consideraciones, la crisis económica sacude las economías de la vieja Europa, y ante ello no hay alternativa: o se produce un cambio de modelo o las explosiones sociales serán cada día más fuertes. Y con ello, la mesa está servida para revoluciones con la perspectiva que se planteaba en el manifiesto de 1847, como se apuntó en el artículo anterior sobre las movilizaciones sociales en varios países del viejo continente.

Lo nuevo en el panorama de las luchas europeas, tiene ahora un componente de suma importancia. La aplastante derrota de Trump y los republicanos en los EEUU, dejan a los gobiernos derechistas o neofascistas de ese continente, sin su aliado más poderoso, que ahora tendrá que limitar su apoyo a gobiernos como el del reyecito Macron o el de Meloni. Es un cambio en la correlación política, en la interpretación de los aliados y los adversarios. Quizás hace falta subrayar que los cambios no deben ser totales, que entre republicanos y demócratas no siempre hay diferencias de fondo. Pero un personaje como Trump, difícilmente se puede encontrar en cualquier otra corriente política.

En esta perspectiva, las movilizaciones de estudiantes, obreros, trabajadores en general en Francia, Italia, España y otros países, pueden tener mejores condiciones pues tendrán a gobiernos con menos apoyos y menos cajas de resonancia. Pero, sobre todo, es previsible que disminuyan las presiones para ajustar las economías al esfuerzo de guerra que durante estos años se impulsa desde el gobierno de Trump. Es, aunque aún no se exprese de forma concreta, un aspecto que tendrá la nueva realidad política.

La ola azul de los demócratas se inscribe en la vía que pintó Lula en Brasil, al demostrar que aún en las condiciones más difíciles, es posible un triunfo de las fuerzas progresistas. No son ejercicios de laboratorio político, son datos concretos que nos dicen que el cansancio, el hartazgo son reales, que la gente no quiere guerra, no quiere crisis económica provocada por el gasto militar. Y en ello tienen razón los iraníes cuando afirman que el resultado electoral del supermartes en los EEUU, es un producto de la absurda guerra, que estos desataron en contra de Irán. Toca ahora a los demócratas demostrar que están por la solución política a la crisis que ellos mismos desataron en el oriente medio.

Es claro que la crisis no se resuelve con las elecciones de medio término en el país del norte, pero es igualmente claro que ahora habrá mejores condiciones políticas para tomar las medidas que haga falta tomar. De la misma forma, en el resto del continente latinoamericano y en Europa, de forma central, las luchas en contra de las corrientes conservadoras, corruptas y en casos en verdad neofascistas, deben adquirir mayor extensión y profundidad. Y las mismas se deberán ganar con organización, unidad, movilización y claridad en los objetivos.

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