Alfonso Bauer Paiz, un ser humano inolvidable en la historia de Guatemala.
Autor: Jairo Alarcón Rodas
Artículo 300, publicado exclusivamente en PúblicoGT
Un individuo no ha empezado a vivir de verdad hasta que no es capaz de elevarse por encima de los estrechos límites de sus preocupaciones individualistas hacia las preocupaciones más amplias de toda la humanidad.
Martin Luther King Jr.
Las personas pasan por la vida, unos con paso imperceptible, quizás con débil trazo, poco profundo, sin hacer Historia. Otros, en cambio, lo hacen con profunda huella, grabando, con sus ejemplares vidas y acciones, recuerdos imborrables, indelebles de su trayectoria, como dignos representantes de la humanidad. Ese es el caso de Alfonso Bauer Paiz, un hombre digno de recordar e imitar.
Los personajes que marcan los hitos de la historia son aquellos que, a fuerza de trabajo, tesón, decisión y dignidad, no ceden ante los obstáculos y vicisitudes que se les presentan en la vida, luchan incansablemente por lograr lo que consideran justo a pesar de que tales impedimentos en un país como Guatemala, resultan ser de alto riesgo que, incluso, se han pagado con la vida. Peligros que resaltan aún más la vida de un hombre ejemplar como lo fue Alfonso Bauer.
Ante los prohombres, el poeta Miguel Hernández decía: «Hombres que, entre las raíces, como raíces gallardas, / vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: / yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, / yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas.» Y así fue la existencia de Don Alfonso, constante, silenciosa, honesta, sin trepidantes ruidosas manifestaciones de la que los políticos vulgares hacen alarde, convirtiendo el ejercicio en el poder en una vergüenza.
Partícipe de la Revolución de 1944, Don Alfonso Bauer se destacó siempre por defender los ideales de una sociedad más justa y equitativa para Guatemala y al formar parte de los gobiernos, a los que se les conoce como la Primavera Democrática de Guatemala, supo cumplir con dignidad y gallardía, los cargos que le fueron confiados.
Alfonso Bauer nace en la ciudad de Guatemala el 29 de abril de 1918, hijo del periodista Carlos Bauer Avilés de origen salvadoreño y de la guatemalteca Abigail Paiz. Estudió en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional, la actual universidad de San Carlos, en donde obtiene el título de abogado y notario. Una anécdota curiosa, cuando decidió inscribirse en la Escuela de Derecho, su padre (el periodista Carlos Bauer Avilés) intentó disuadirlo con una frase demoledora: «Vos no servís para eso: sos demasiado honrado» y lo demostró con creces.
La honradez es lo que les hace falta a muchos abogados de este país y no solo a ellos, también a muchos guatemaltecos. Si se define la honradez como la cualidad humana que define la rectitud de ánimo y la integridad en el obrar, esa cualidad está ausente en muchos políticos, funcionarios y gobernantes. Y al generalizarse cada vez más la corrupción en este país, el buen obrar permanece ausente
Desde muy joven, la inquietud de Alfonso Bauer de servir a su patria lo motivó a participar en la política partidista del país, lo llevó a ser Diputado del Congreso de la República, durante la Junta Revolucionaria de Gobierno, a la edad de 26 años, ocupando, años más tarde, cargos importantes, durante los gobiernos de la Revolución.
Fue así que, durante el gobierno de Juan José Arévalo, fungió como subsecretario de Trabajo y fue uno de los principales creadores del Código de Trabajo de 1947. Además, organizó los primeros tribunales de trabajo en el país. Desempeñó los cargos de Subsecretario de Economía y Trabajo, Subjefe del Departamento de Fomento Cooperativo, Ministro de Economía. Fundador de los Tribunales de Trabajo ante la aprobación del Código de Trabajo 1947. Por aparte, miembro de las primeras Juntas Monetarias. Presidente del Colegio de Abogados de Guatemala en 1950-1951.
Durante la presidencia de Jacobo Árbenz Guzmán, segundo gobierno de la Revolución, ocupó los cargos de Gerente del Departamento de Fincas Nacionales, Gerente y Presidente del Banco Nacional del Agro. Sin embargo, a partir de la intervención de la CIA en Guatemala, tras el golpe de Estado en contra del presidente de la república, Jacobo Árbenz Guzmán, también Alfonso Bauer tuvo que salir del país en el año 1954. Refugiado como exiliado en México, regresó a Guatemala de forma clandestina en 1957 tras el asesinato de Carlos Castillo Armas.
Alfonso Bauer tuvo que salir exiliado por segunda vez tras el atentado que sufrió el 30 de noviembre de 1970, durante el gobierno de Carlos Arana Osorio, por causa de denunciar contratos estatales ilegales con la minera de níquel EXMIBAL. Regresando al país en definitiva en el año 1995. Siendo asesor durante esos años de distintos gobiernos en América Latina, como fue el caso de Chile, en donde fue asesor del presidente Salvador Allende. Tras el derrocamiento de Allende en 1973, se trasladó a Cuba, en donde vivió entre 1973 y 1980, dedicándose a ser asesor laboral de empresas estatales y del Ministerio de Justicia, así como del régimen sandinista en Nicaragua.
Regresó a Guatemala y lo hizo con cinco heridas, no lo intimidaron ni las balas ni los sicarios ni las huestes del mal que intimidan permanentemente a las mujeres y hombres nobles de este país, pudo más su voluntad de servir a Guatemala, su entereza y dignidad.
Alfonso Bauer se interesó por el destino de más de cien mil guatemaltecos refugiados, por el conflicto armado interno, en el sur de México, participando activamente en su retorno, no solo para darle cumplimiento a los acuerdos de paz, sino para brindarles una vida digna a los repatriados. Y desempeñándose en el papel histórico y fundamental, como asesor jurídico y defensor político de las Comisiones Permanentes de Representantes de Refugiados en México (CCPP), agilizó el retorno de los guatemaltecos.
Su incansable lucha por plasmar sus ideales democráticos hizo de él un digno ejemplo no solo para las nuevas generaciones de Guatemala sino, también, para las de Latinoamérica y el mundo. Y como lo expresó Bertolt Brecht: Hay quienes transforman el mundo con grandes destellos, pero se apagan pronto. Hay quienes construyen utopías en un instante de furor. Pero los que sostienen la esperanza en el día gris, los que levantan la piedra cada mañana sin aplausos y caminan con paso firme durante décadas… esos sostienen el peso de la historia, así fue la vida de Alfonso Bauer Paiz.
Incluso, un opositor a sus ideas como lo fue Armando de la Torre reconoció, en una entrevista, la gallardía, la autenticidad y honradez de Alfonso Bauer, al señalar que prefirió una vida modesta, austera, de incansables luchas, en vez de una con comodidades y tranquilidad a la que pudo haber tenido acceso, dada su capacidad y a los cargos prestados a lo largo de su vida.
Lo que dista mucho de las actitudes de los políticos corruptos, tradicionales guatemaltecos, de los diputados del actual congreso y de legislaturas pasadas, acostumbrados, muchos de ellos, a actos de corrupción durante y después del ejercicio en sus cargos. Personas oscuras que no tienen ni idea de lo que es servirle al país desde las funciones del Estado y, en vez de ello, se sirven de sus cargos para para enriquecerse ilícitamente, para sus excesos y perversión.
Por el contrario, Don Alfonso siempre pensó y actuó con el ánimo de servir a su patria, Guatemala, lo que lo motivó, hasta el final de su vida, fue luchar por los sectores más desprotegidos de su país, por el pueblo, por una Guatemala diferente. Luchar incansablemente por un país en donde el bienestar fuera para todos. Viniendo austeramente en su residencia de la Avenida de los Árboles.
Y como dijo el poeta Otto René Castillo: y decir: aquí no lloró nadie, aquí sólo queremos ser humanos/ comer, reír, enamorarse, vivir, vivir la vida y no morirla. ¡Aquí no lloró nadie! Esa fue la lucha incansable de Alfonso Bauer Paiz y la de muchos mártires de este país, los que, con sus vidas, pagaron el precio por lograr un país diferente, justo y equitativo. Una lucha incansable por alcanzar esos ideales, hasta su muerte.
Luchar porque el bienestar fuera para todos y a pesar de que ya han pasado 15 años de su partida, pese a que los adversarios de la paz no han sido derrotados, el ejemplo de lo que fue en vida este digno guatemalteco es suficiente para que su esfuerzo sea recordado, resaltado e imitado.
Luego de tres meses de permanecer hospitalizado, fallece el 10 de julio de 2011 víctima de un ataque cardíaco a los 93 años, a las 7:45 de la noche. Las extraordinarias aventuras que vivió a lo largo de su vida, se caracterizaron por la entrega a un país que, permanentemente, lo recuerda gratamente y honra su memoria. Su misión fue cumplida con creces, Don Alfonso Bauer Paiz, su legado permanece con nosotros en nuestra memoria.
