Que Huité, que el río rojo, que la USAC, todo es lo mismo
Fernando Cajas
El 27 de septiembre, en Huité, Zacapa, un grupo de unos veinte hombres con ropa de comando entró al municipio. El Ministerio Público procesó cuatro escenas y confirmó ocho muertos: una madre y sus dos hijas, y otro menor de edad. Las versiones no duraron ni la semana. La primera, de madrugada, cuando Estados Unidos ya había dicho que el narco era prioridad, fue directa: sí iban por Haroldo Lorenzana y no se pudo por la población. Luego el Ejército habló de un enfrentamiento entre facciones y de tropas en la periferia, porque la gente bloqueó los ingresos. El miércoles, tercera versión, en voz del presidente: aceptó presencia militar y pidió investigar el rol de los soldados. No dijo cuál fue. El operativo fue después de las seis de la tarde, hora en que no se allanan casas, con inteligencia de que el capo estaría en un lugar público, fuerzas bien equipadas y apoyo de helicópteros. El capo se fue. Los muertos se quedaron.
El 14 de septiembre el río Las Vacas amaneció rojo. El Ministerio de Ambiente anunció inspecciones y muestras. La Fiscalía de Delitos contra el Ambiente dijo que investigaba. Se señaló a una jabonera de la zona 5, ZOOMSA, y un juzgado municipal ordenó cierre temporal, con una multa posible de al menos medio millón de quetzales, que no alcanzan ni para sacar algo de la contaminación. Honduras vigiló que la mancha no llegara al Motagua. Patricia Orantes, ya diputada otra vez desde el 1 de septiembre, dijo que eso no podía ser. El ministro que la sucedió, Edwin Castellanos, informó que el color se había diluido.
Y luego no pasó nada que cambie el río. El río Las Vacas arrastra, desde hace más de cuarenta años, las aguas residuales de buena parte de la capital. El rojo fue la noticia. El río como cloaca es la normalidad. La empresa puede reabrir, la multa puede no cobrarse, la población puede no enterarse del dictamen, y el ciclo queda completo: imagen, autoridad, promesa, dilución. No del colorante. De la responsabilidad.
El 18 y 19 de septiembre el Ministerio Público allanó el campus central de la San Carlos. Por primera vez la diligencia apuntaba al régimen de Walter Mazariegos, no a sus críticos. El motivo eran los expedientes académicos borrados del Departamento de Registro y Estadística, denunciados por estudiantes del segundo semestre de 2026. La Fiscalía contra la Corrupción dijo que secuestró evidencia y que hubo resultados. La administración universitaria dijo que la diligencia fue ilegal, presentó amparo ante la Corte de Constitucionalidad y un incidente de nulidad. A la fecha, el rector sigue, los expedientes no han vuelto como reparación, y el allanamiento ya es otra gran noticia sin consecuencia.
Tres hechos distintos. Un mismo mecanismo:. El río rojo, los muertos de Huité y el expediente borrado de los estudiantes de la USAC y la misma usurpación de la San Carlos dejan de interrumpir y hasta de molestar, mucho menos de indignar. Se comentan. Se comparten. Se olvidan.
En todo esto el presidente no dijo nada y cuando dijo lo dijo de forma incoherente: una frase que no nombra al responsable no fija un plazo y no compromete una consecuencia. En Huité contó una tercera versión y no aclaró la muerte de ocho personas. La vicepresidenta ya desapareció de la escena. En el río rojo no dijo nada. Y en la USAC ha guardado un silencio sepulcra. Esa ausencia no es un detalle de estilo. Es la construcción social de la incapacidad: un liderazgo que administra la ilusión y, agotada la ilusión, deja la farsa.
No es aceptable que un asunto de seguridad nacional, con víctimas cuya muerte debe esclarecerse, lo trate un presidente que parece contar los días para ser expresidente y dejarle el problema a otro. No es correcto que no diga nada de la contaminación del río rojo. Y es realmente una barbaridad que mantenga silencio con respecto a la USAC. Iñaki Piñuel llamó psicótico inverso al facilitador pasivo que, por evitación del conflicto, legitima al depredador activo. No hace falta el diagnóstico clínico para ver el mecanismo. Quien podía interrumpir la noticia y convertirla en acto de gobierno eligió no hacerlo. Todo es lo mismo, todo sigue igual.
