Pervertir y corromper la democracia
Miguel Angel Sandoval
Este es uno de los temas que tiene mayor actualidad. No debido a que a uno se le ocurra decir que estamos ante una disyuntiva fundante: Democracia o Barbarie. Es debido a que la constatación de este fenómeno es de alcance internacional. No sabría decir si mundial, pero que en nuestro continente si es con esas características o, dicho de otra manera, no se puede dejar de pensar en la distorsión de la democracia, o la corrupción de la democracia y por esa vía nos acercamos o aún más grave, vivimos ya en la barbarie y debemos salir de ella.
Dicho con un ejemplo incuestionable: la justicia en el continente, acaso con alguna excepción, está corrompida. Otro tanto ocurre con las instituciones que organizan los procesos electorales, y aún más grave, los actores en esos procesos son realmente prescindibles. Para muestra dos botones: el sistema de partidos en el Perú y en Guatemala. Y se puede seguir sumando. Y liderazgos contrarios a toda noción de ética política o de comportamiento ciudadano. Milei o Noboa.
Si recordamos los fundamentos de la democracia encontramos: un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es lo que decía Lincoln que abolió la esclavitud y dio la ruta para construir democracias por aquí y por allá. Asimismo, encontramos que la democracia o mejor, que un régimen democrático, debía tener por lo menos estos ingredientes: alternancia, elecciones, equilibrio de poderes, presencia del pueblo en las decisiones. Es la teoría conocida de Montesquieu. A partir de estas premisas se puede hablar de democracia.
En México la revolución de los primeros años del siglo XX dijo: sufragio efectivo no reelección. Lo mantuvieron desde entonces a la fecha. Más de un siglo con estas reglas del juego democrático. En los propios EEUU, más allá de todo lo que se pueda decir, hay ejercicio democrático para la elección de sus gobernantes. Ya como lo hacen es asunto de ellos, pero no dejan de ser una suerte de modelo para muchos países. Junto con estas normas o prácticas, hay la libertad de expresión, y de prensa. Nos guste o no. Otros cien pesos son las corporaciones de los medios de comunicación escrita y de TV.
Sin embargo, en los últimos años los procesos de perversión de la democracia ganan en intensidad. Se encuentran por aquí y por allá. En México, el recuerdo de la denominada “dictadura perfecta” durante los años del priismo, dan cuenta de toda la perversión a la democracia. Sin violencia aparente, sin amenazas de golpes de estado, pero con la distorsión de la democracia por la vía de la adulteración del voto popular. Son archiconocidas, las estafas o fraudes electorales, a Cuauhtémoc Cárdenas y al propio López Obrador, antes de ganar la presidencia.
Es solo ver con un poco de detenimiento las manifestaciones en uno u otro país. En los EEUU hubo en las elecciones de hace un par de periodos, el asalto al capitolio por las hordas al servicio de Trump. Lo mismo ocurrió en Brasil, cuando hordas quisieron dar un golpe de estado y asaltaron, como en EEUU, las oficinas del gobierno. Todo por no reconocer la derrota en las elecciones En esa ocasión, en uno y otro país se puso en riesgo la alternancia, pero, sobre todo, el respeto del voto popular. Ahora tenemos denuncias de fraude electoral en Colombia y en otros lugares. Algo similar a lo ocurrido en nuestro país en 2023.
Estas reflexiones nos llevan a afirmar que hoy por hoy, la salud de la democracia no es la mejor, por lo que, en 2023, en un artículo afirmaba que la democracia estaba en nuestro país en el intensivo. Así de grave era el diagnóstico que había sobre las prácticas de judicializar la política, pero, sobre todo, el ejercicio de judicializar y criminalizar el voto popular y democrático. Al grado que fue necesaria una movilización nacional en defensa del voto emitido en las urnas. Pero esto solo nos habla de una suerte de enfermedad viral en la democracia y sus prácticas. La certeza en los comicios se pierde a ojos vista. Es algo dramático.
Por ello están en la cárcel dos líderes de estas protestas por oponerse a la criminalización del voto popular. Se llegó al extremo de amenazar a unos 120 mil fiscales de mesa, con cualquier pretexto, pero poniendo en tela de duda absoluta los resultados. Es un caso de delito de abuso de autoridad, exceso de violencia, y ningún respeto por la participación ciudadana y las reglas electorales. Pero además con el desconocimiento de que la ley electoral tiene rango constitucional y que ello es superior al código penal que el MP invocó en su momento.
Es por ello que se puede afirmar que es la democracia no nos representa, que debemos luchar mucho para que exista algo que se parezca realmente a la democracia que proclamó Abraham Lincoln, y por esa razón es que hoy día, el deterioro de la democracia nos está conduciendo a la barbarie, a la ley del sálvese quien pueda. Todo ello lejos de la ética política, de la idea del bien común, y del respeto por la realidad de un país como el nuestro en donde la sociedad multiétnica es un llamado a una política de pluralidad real, de compromiso con la igualdad de todos ante la ley y sin discriminación por el color de la piel o del idioma que se hable o las costumbres que se tengan.
Es cierto que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, pero ello si y sólo si, se respeta el voto popular, las instituciones velan por el bien común, y hay alternancia, y existen verdaderos partidos políticos, como instituciones de derecho público, y si las instituciones de justicia funcionan parejas, sin licencias para los poderosos y castigo para los desamparados, o para quienes no pueden pagarse sus servicios.
El dilema es de forma cada día más clara: Democracia o Barbarie. Usted escoja.
