Crónicas del Mundial, final de la primera parte. To be sigue….

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Todo está servido… y la FIFA ya expulsó a Irán.


Pronósticos para los que aún creen en la justicia divina

Ahora mismo se puede afirmar que Francia podría ser campeón del Mundial 2026. ¿Por qué? Sin exagerar, es el equipo que mostró más consistencia durante sus encuentros en esta primera etapa. Cuenta con una variedad de opciones ofensivas y posee un mediocampo férreo y creativo. Mientras que el otro favorito, Argentina, sigue dependiendo de Messi. Como siempre.

El cuadro albiceleste la tiene más fácil: puede disputar sus partidos sin la presión de tener rivales de peso —al menos hasta que se topen con Colombia y Brasil, si estos dos equipos avanzan. Partidos que pondrán a prueba de qué está hecha la selección de Scaloni. O, más bien, de qué está hecho Messi.

Francia la tiene más difícil. Deberá enfrentar en las primeras de cambio a Alemania (que viene de perder con Ecuador), si pasa se deberá encontrar con Países Bajos (que ya no es la naranja mecánica, sino más bien una naranja exprimida), Portugal (que juega para Ronaldo) y España (que no termina de convencer pero avanza). Todos los escollos que deberá enfrentar son rivales más difíciles y, por ser de eliminación directa, todo está abierto. Pero bueno, en el fútbol, como en la vida, los caminos fáciles no existen. A menos que te toque Túnez en la fase de grupos.


Portugal juega para Ronaldo (y Ronaldo juega para sí mismo)

Portugal no pasa del empate frente a Colombia. El cierre no dio para el festejo de nadie. Si Portugal pretendía esquivar a los europeos más potentes, falló por mucho, porque a duras penas logró sostener el empate. Colombia, al menos, pudo esbozar una sonrisa. Incluso con algunos suplentes, fue bastante más que uno de los presuntos candidatos a levantar la Copa.

El futuro dirá cuál de los dos eligió la llave más accesible. Pero si Cristiano Ronaldo sigue jugando para sí mismo, Portugal no va a llegar muy lejos. El fútbol es un deporte de equipo, Cristiano. Ya lo sabes. Pero como dice el refrán: «El que nace para estrella, nunca termina de aprender a pasar el balón.»


Colombia pudo ganarle al Portugal de Cristiano (pero terminó 0-0 y está en la ruta de Argentina)

Colombia pudo ganarle al Portugal de Cristiano, pero terminó 0-0, y ahora está en la ruta de Argentina. El fútbol, a veces, es así: haces méritos para ganar, pero terminas empatando y encima te toca el campeón del mundo en la siguiente ronda. Como ir a la feria, ganar en todos los juegos y que te toque el premio más pequeño.


Argentina pasó invito (y Messi se tomó el día libre)

Argentina pasó invito, comenzando sin Messi de titular, con un cuadro renovado, pero sin la consistencia de los titulares, volvió a mostrar que depende de Messi para jugar mejor. Sin el 10 para la creación y el cambio de ritmo, a la Selección le costó encontrar precisión en los últimos metros. Sin embargo, tuvo una gran efectividad.

Desde la segunda jugada de una pelota quieta, Lautaro Martínez reventó el travesaño y Marco Senesi se tiró de palomita a buscar el segundo y encontró un botín en su cara. Esa es la Argentina que todos conocemos: cuando Messi no está, el equipo se las arregla como puede. Y cuando está, todos se suben a sus hombros. El problema es que Messi ya no es un niño. Y los hombros, aunque sean de genio, también se cansan.


El VAR sigue jodiendo todo (como siempre)

Se prometió que el VAR ayudaría a mejorar el arbitraje. En cierto sentido, está mejorando el tiempo de juego, en algunos casos, pero hay decisiones que dejan mucho que desear. Le sucedió a Irán: un fuera de juego inexistente le privó prácticamente de pasar a la siguiente ronda. Y volvió a pasar en el partido de Colombia-Portugal.

Ya cuando el partido agonizaba, Dávinson Sánchez conectó un cabezazo y la pelota fue a la red. La emoción fue interrumpida por un fuera de lugar sancionado que generó mucha polémica. En la repetición en TV no se veía la posición adelantada del zaguero colombiano. Sin embargo, la revisión VAR detectó el fuera de juego por un dedo. Un dedo. Sí, leyeron bien.

El VAR, ese invento que iba a terminar con las polémicas, ahora las ha multiplicado por diez. Antes, el árbitro se equivocaba y ya. Ahora, el árbitro se equivoca con la ayuda de la tecnología. Es como tener un GPS que te lleva al lugar equivocado pero con más precisión.


Lumumba, sin visa (y sin fútbol)

El hincha más famoso de la República Democrática del Congo no pudo asistir al último partido de su selección contra Uzbekistán debido a que se le venció la visa para ingresar a Estados Unidos. Ya había tenido problemas para llegar al torneo. No es la primera dificultad que enfrenta Mboladinga durante esta Copa del Mundo.

El emblemático aficionado tampoco pudo asistir al debut de la República Democrática del Congo debido a las restricciones sanitarias que afectaron los desplazamientos desde su país. Sin embargo, posteriormente logró viajar a México y estuvo presente en Guadalajara para acompañar a su selección en el encuentro frente a Colombia.

La ironía: el hombre que protestó contra el silencio sobre el conflicto en el este del Congo no pudo entrar al país que organiza el Mundial. La FIFA, mientras tanto, no comentó. Pero nadie espera que lo haga.

Austria se clasifica en el 95′ y deja afuera a Irán

El partido fue una locura y Austria anoto al final, pero Irán fue el perjudicado.


El marketing fallido de la FIFA (o cómo tapar marcas para hacerlas más famosas)

En este Mundial de 2026, la FIFA está imponiendo cubrir y evitar marcas y símbolos que no forman parte de los patrocinadores oficiales del evento. Sucedió incluso con los nombres de los estadios, ahora llamados con el nombre de la ciudad en donde se ubican los recintos deportivos. Esas tácticas buscan evitar que marcas no patrocinadoras tengan presencia y obtengan beneficios del torneo mundial.

Pero esas marcas, no patrocinadas, hacen de la innovación un compromiso para burlar las restricciones impuestas por el organizador. Hay que tomar en cuenta que el nivel de ingresos que la FIFA recibe por patrocinios puede alcanzar los 2.8 mil millones de dólares. Las principales marcas siguen siendo Coca Cola, Adidas, Hyundai, Qatar Airways, entre otras.

La mayoría de los estadios en Estados Unidos tienen nombres de empresas. Por ejemplo, en donde se jugará la final, el estadio se llama MetLife Stadium, pero la FIFA lo ha bautizado como Estadio de Nueva Jersey-Nueva York. En San Francisco está el Estadio Levi’s, ahora renombrado Estadio del Área de la Bahía.

Al cubrir el logotipo de la marca, la empresa utilizó esto en una campaña publicitaria, en donde miles de usuarios identificaron de inmediato la marca y su campaña se volvió viral en redes sociales. Así, sin estar presente, sin gastar en patrocinio a la FIFA, Levi’s logró una presencia de marca increíble y de paso burló las restricciones de los organizadores.

Desde la perspectiva de Daniel Sá, estas medidas «desde un punto de vista legal y contractual, son comprensibles ya que los patrocinadores pagan por la exclusividad y esta exclusividad tiene que ser protegida. Pero desde una perspectiva de marketing, tienen un efecto paradójico».

«Cuanto más intenta la organización controlar la visibilidad, más despierta la creatividad en las marcas y la atención pública. La cinta negra en las marcas es un símbolo de esto: protege legalmente, pero se comunica mucho desde el punto de vista de los medios».

Así es: la FIFA intenta esconder una marca y, en el intento, la vuelve más famosa. El principio del efecto Streisand aplicado al fútbol. Maravilloso.


Cierre: el fútbol como espejo del capitalismo

Este Mundial nos está dejando claro que el fútbol cambió. Ya no es el deporte de los pobres. Es el negocio de los ricos. Y la FIFA, como buena empresa, se ha encargado de recordárnoslo cada vez que tapa una marca, cambia el nombre de un estadio o le niega la visa a un hincha.

Pero mientras Infantino viaje en avión privado, Neymar tenga miedo de romperse, y Brasil gane sin gustar, nosotros seguiremos mirando. Porque el fútbol, aunque sea aburrido, siempre será fútbol. Y el fútbol, como la vida, es una cuestión de esperar el próximo gol.

O la próxima polémica del VAR. O la próxima marca que la FIFA intente ocultar. O el próximo hincha que se quede sin visa. El espectáculo, como siempre, está servido. Y nosotros, como siempre, pagamos la cuenta.


Nota final: Esta crónica es una mirada irónica al Mundial, sus contradicciones y sus miserias. Si el fútbol es el espejo de la sociedad, este Mundial refleja un mundo donde el dinero, el poder y la hipocresía deciden el juego. Y los sueños, como los balones, a veces entran, a veces no. Pero siempre hay alguien dispuesto a cobrar por el espectáculo.

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