Tomás, que se llamaba Celso Humberto Morales Morales.

Zurdo

Miguel Angel Sandoval

Hace algunos años escribí una pequeña historia de la vida en la guerrilla de los hombres duros que vivían en la selva de nuestro país. La historia era sobre un pequeño jabalí que con días de nacido uno de estos guerrilleros lo había encontrado en los alrededores del campamento. Tomás quien era responsable general, adoptó al jabalicito y lo hizo parte de la vida cotidiana de ese lugar que era el puesto del estado mayor y su jefe el poco conocido del gran público comandante Tomás, o en algún momento como Mash, que en Ixil creo, quería decir Tomás. Fue en los tiempos que todos los guerrilleros, o la mayoría, optaron por utilizar seudónimos en uno de los idiomas maternos de nuestro país. Pero esa pequeña historia del pequeño jabalí, que creció y más adelante murió luego de sufrir un ataque de los de su especie pues ya había vivido con los hombres.

En las filas de la guerrilla Tomás alcanzó la categoría de jefe indiscutido, pero un jefe que, reconocido por la militancia, debía ese reconocimiento a su actitud casi espartana. Vivía con sencillez, y con coherencia ética que nadie podía poner en duda. Por ello el respeto que había ganado en las filas del Ejército Guerrillero de los Pobres -EGP- la organización, que había contribuido a fundar. Pero la anécdota del pequeño jabalí decía mucho mas de la sensibilidad que era parte de su personalidad. Parco en ocasiones, exigente con las tareas asignadas, pero al mismo tiempo capaz de tener una pequeña mascota bajo su responsabilidad. Quizás por ello había dado la instrucción de limitar la cacería al mínimo. Era su veta de ambientalista, o si se quiere, era parte de una mentalidad que decía que los recursos naturales de fauna y flora, no había que desperdiciarlos, pues podían ser en momentos complicados, la clave de la subsistencia.

De esos tiempos se conoce que fue parte de los 17 combatientes que entraron por las selvas del Ixcán en un lejano enero de 1972. Y se conoce poco de sus actividades durante meses al ingreso por el Ixcán, en la tarea de la retaguardia cercana en Comitán, del lado mexicano. Y también se conoce menos, que en los meses que paso en la capital para reincorporarse al destacamento que daba sus primeros pasos en el Ixcán, tuvo en la ciudad una actividad destacada. Podría afirmar que su esfuerzo contribuyo, de manera especial, a dar un carácter popular al esfuerzo que apenas se iniciaba. Contacto a sus amigos sastres quienes hicieron las primeras mochilas para ese naciente ejército guerrillero. Aunque esas primeras mochilas tenían el defecto de ser hechas con lona y por ello pesaban demasiado al mojarse. Pero eso lo supieron después de este primer aporte concreto de los sastres del EGP.

Luego contacto con gentes que trabajaban cuidando mercados, o jardines municipales, y unos cuantos familiares. Todo en barrios populares. Creo que por esa razón no había sido difícil pensar en una organización de los pobres pues sus referentes principales en esos años eran justamente, gente pobre del país y a los cuales dedicó sus principales esfuerzos en los años siguientes, para intentar dotarles de alguna perspectiva de vida menos sacrificada. En alguna ocasión, al viajar a la selva para el primer aniversario de fundación de la guerrilla o del EGP, su madre contribuyo preparando unos tamales de viaje que resolvieron la alimentación de quienes viajamos a ese evento. Lo escribí en alguna historia, aunque sin mencionar a la madre de Tomas.

Nos habíamos encontrado en Cuba, en los primeros meses del año 1967. Llegamos a una base de operaciones especiales para iniciar una formación bastante exigente para los combates del futuro. En esa ocasión hubo muchos compañeros y estaban casi todos los que ingresaron por el Ixcán en el año 72. Era en ese entonces buen lector de literatura latinoamericana y escuchaba la música colombiana o boliviana, especialmente los carnavalitos o huaynos bolivianos. No creo que haya perdido esos gustos por las expresiones culturales de la patria grande.

En los días de la Habana pudimos tejer algunas complicidades, como lo relate en un pequeño libro denominado La Habana era una fiesta, en donde relataba incluso, las fugas de Tomas de la ultrasecreta base en donde nos habían refundido, pero sin pensar en las fugas, que decía la historia urbana, que habían sido una especie de licencia que Turcios Lima había dado a los prospectos de combatientes. Si el mismo Turcios contaba que el se fugaba de la escuela politécnica, no podía ser que los nuevos combatientes no lo hicieran en donde estuvieran. Especialmente aquellos que ya tenían su querencia en la Habana.

La ultima de las actividades compartidas tuvo lugar cuando viajamos a Baja Verapaz, en el aniversario 60 de la columna 20 de octubre que fue desarticulada en Concuá. Ya en esos días estaba en silla de ruedas, pasaba trabajo para la comunicación oral, pero su actitud y compromiso con las luchas populares estaba intacta. En la cena de la noche que pasamos en Baja Verapaz, comentamos del esfuerzo de compañeros que en 1962 habían muerto pensando en hacer una guerrilla para la búsqueda de una salida política a los movimientos estudiantes urbanos de marzo y abril de ese año. Creo que esa noche tomamos la última cerveza.

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