Mi vecino el presidente
Mynor René Martínez
El 31 de octubre cierra el mes con la noticia de que el Tribunal Supremo Electoral dio por concluido el período electoral, sin atender la petición de varios sectores de la sociedad que solicitaban que se ampliara hasta el 14 de enero de 2024. Sin embargo, se deja por sentado que todos los resultados del proceso electoral deberán quedar intactos.
Eso significa que mi vecino Bernardo Arévalo, podrá asumir el cargo de presidente constitucional para el período 2024 – 2028, a pesar de que los enemigos políticos sigan minando la llegada a su toma de posesión.
Mi vecino el presidente habita en una casa estilo Art déco, donde su padre Juan José Arévalo vivió sus últimos días. De hecho, cuentan los vecinos más antiguos del barrio que al ex presidente de la Primavera Democrática se le veía caminar todas las mañanas, en su tradicional recorrido hacia el Parque Central, donde pasaba parte del día.
Esa naturalidad de vivir entre “la gente de a pie”, es un hábito que los gobernantes, políticos, e incluso los empresarios han perdido. Cada vez que alguien escala en su posición social, económica o política va perdiendo la consciencia de la convivencia social.
Es muy conocida la imagen de José Mujica, ex presidente de Uruguay, a quien se le recuerda como el mandatario que salía de Casa Presidencial en un “escarabajo” (Wolskwagen), con tal sencillez que lo convirtió en el estereotipo de presidente cercano a la gente.
Y es que en la consciencia de estos gobernantes hay más satisfacción que vergüenza o miedo, porque su conducta en el trabajo público no tiene reparos. Como reza el refrán, “el que nada debe, nada teme”.
De ese tipo de servidores y funcionarios públicos es que alimentan los países que más se han desarrollado socialmente, porque basan su sistema de vida en la meritocracia (la elección por cualidades) y no por favoritismo, chantajes y la corrupción.
Conozco a alguien que, al asumir como funcionario a una institución pública, llegó con la consigna de hacer negocios y lo decía sin reparo, lo cual me pareció poco ético. Este mismo personaje tuvo que salir de la institución al ser descubierto, aunque corrió con la suerte de no ser alcanzado por la justicia.
Como el mismo Mujica indica: “Hay gente que adora la plata y se mete a la política; si adora tanto la plata que se meta al comercio o a la industria, que haga lo que quiera, no es pecado, pero, la política es para servir a la gente”.
Estar en la actividad del servicio público no significa que “nos ha tocado la suerte de cuidar el botín”, más bien es el acto de confianza que la población tiene del centinela que cuida la riqueza del país y la invierte en el beneficio colectivo.
No se trata de izquierdas o de derechas, se trata más bien de valores ideológicos comunes, que deben confluir en principios de vida con altas intenciones y objetivos trascendentales que ayuden a conformar una convivencia pacífica hacia estadios de mayor desarrollo.
No importa si mi vecino o vecina es alcalde, diputado, ministro o presidente, cualquier ciudadano cualificado y probo, debería ocupar un cargo público para servir honestamente y no para servirse con la cuchara grande.
Mynor René Martínez
Docente universitario, capacitador, empresario y promotor cultural.
Apasionado de la comunicación, la semiología y las ciencias cognitivas.
Con experiencia en medios y tecnologías de la comunicación humana
