Los juicios de valor en la comunicación
Autor: Jairo Alarcón Rodas
Ningún pensamiento es inmune a su comunicación, y es ya más que suficiente expresarlo fuera de lugar o en forma equívoca para rebajar su verdad.
Theodor Adorno
Comunicarse es una necesidad esencial para los seres humanos, pero toda comunicación lleva consigo una intención, es decir un para qué hacerlo. De ahí la importancia de saber y distinguir la diversidad de funciones de lenguaje que establecen la conexión y de su uso apropiado en cada aspecto de la realidad.
Regularmente se habla a través de una función mixta del lenguaje, dicho de otra manera, se mezclan varios tipos de lenguajes para expresar o comunicar algo en un ambiente coloquial. No obstante, ello puede dar lugar a lamentables equivocaciones cuando la comunicación amerite un lenguaje preciso, lo que da lugar a incomprensiones y a equívocos, dada la mezcla continua de juicios de valor, impresiones o si se utiliza un lenguaje inapropiado, motivados por recurrentes errores del actuar humano en su ligereza al hablar y comunicarse.
Max Weber define el juicio de valor como la evaluación práctica de un fenómeno que es capaz de ser influenciado por nuestras acciones, ya sea en su favor o en su contra. De modo que un juicio de valor es el resultado de la inclinación subjetiva de una persona que atiende a sus apetencias, inclinaciones, intereses y valores. Por consiguiente, la comunicación que se establece a partir de juicios de valor pierde su objetividad y por consiguiente también la claridad.
El contacto que tiene toda persona con su entorno, originalmente, se efectúa a través de sus órganos sensoperceptivos, más bien, por medio de sus sentidos. Son estos los que proveen la información necesaria sobre la realidad y situarlos en el mundo para, de esa forma, accionar en él. Pero, sin duda, tal información no tendría relevancia sin la función que efectúa el intelecto, que consiste en realizar la síntesis de la información recabada por los sentidos.
En dicho proceso cognitivo, es la racionalidad la que abstrae, relaciona y sintetiza los datos proporcionados por los sentidos, para lograr con ello una lectura del mundo y de las cosas. De esa forma surgen las ideas, los razonamientos, los pensamientos, los juicios y criterios. Pero estos requieren de un mecanismo que les permita salir de su lugar de origen y ese es la palabra, el lenguaje. He ahí su importancia, pues qué sería del pensamiento si no pudiera expresarse.
Por eso, es relevante la concreción del vínculo entre el pensamiento y el habla, necesario, en su momento, para la pervivencia y el desarrollo de los seres humanos. El lenguaje articulado significó no solo una forma de expresión sino, también, el medio de compartir ideas, de trasladar información, de mostrar sentimientos a través de un lenguaje; convirtiéndose en el mecanismo exterior del pensamiento.
Pensamiento que, cabe señalar, rige, en cierta medida, al lenguaje que se expresa, pues es ahí en donde tiene su origen. Sin embargo, el pensamiento puede ser certero, ingenuo, perverso, práctico. Consecuentemente, las palabras pueden mostrar u ocultar las intenciones del que las dice, ya que pueden ser una mezcla de verdades y de engaños, resultado de intenciones o carencias de quien las diga.
Las personas se comunican, pero la relación que establecen no necesariamente cumple con los requerimientos de una comunicación efectiva que transmita con claridad un mensaje. Por lo que surgen barreras en la comunicación que se deben tomar en cuenta para evitar errores. Por lo tanto, existen errores en la comunicación que pueden surgir del ambiente, del medio utilizado para transmitir el mensaje, error en el emisor o en el receptor que no hagan efectiva la comunicación.
Con la comunicación se comparten ideas, pensamientos, conocimientos, sentimientos e información, de modo que los mensajes sean entendibles y efectivos para el receptor, de ahí que se comunique para algo.Pero también la comunicación,puede ser portadora de mensajes que distorsionen la realidad, que tengan como propósito el engaño y la alienación. En este caso lo comunicado tiene la intención de lograr el control del que recibe el mensaje o de persuadirlo. Entonces ¿qué es la comunicación? ¿Cuál es su finalidad?
Es claro que la comunicación y los medios de comunicación, así como pueden llevar mensajes informativos sobre los hechos que acaecen en la realidad de forma objetiva, también los pueden tergiversar, consecuentemente pueden ser portadores de verdad, pero también lo son de engaño.
En la comunicación se puede dar lugar a malentendidos, a distorsiones erráticas de la realidad a equívocos ya que les es ajeno el conocimiento, simplemente opinan. Pero, por qué es que ocurren tales errores, estos pueden originarse intencional o sin intención por un proceder errático de los factores en juego.
Acostumbrados a no distinguir los juicios de valor de los de razón, el común de las personas se expresa sin reparar en ese detalle y, dado que la realidad se juzga en función de sus fortaleza o carencias cognitivas, muchos sustituyen las lecturas objetivas de la realidad a través del conocimiento por opiniones inciertas de tipo valorativo.
Dentro de la cotidianidad, a muchos probablemente no les interese conocer la realidad, simplemente les importa obtener provecho de las cosas. Su mentalidad está influenciada por un proceder pragmático, utilitario, basan su criterio sobre el mundo de acuerdo con la racionalidad subjetiva, actúan a través de la razón instrumental en la que el objetivo es lo importante sin considerar su impacto dentro de la sociedad. Es por lo que no les interesa enfrentar la realidad de forma crítica y mucho menos tener cuidado en la forma que se expresan, en comunicarse con propiedad.
Los juicios de valor tienen una procedencia psicológica, apelan a las emociones y a los sentimientos del que los enuncia, ya que valorar algo está en función de las peculiaridades individuales de sus gustos, inclinaciones y apetencias. En tal sentido, la valoración particular que una persona hace sobre las cosas no necesariamente es la misma que la de otra persona.
Consecuentemente, en la comunicación, tal imprecisión subjetiva se convierte en ruido u obstáculo para que sea efectiva, sobre todo cuando lo que se pretende comunicar es una información que precise claridad y objetividad en el mensaje. Herbert Spencer: Con qué frecuencia las palabras mal utilizadas generan pensamientos engañosos.
Pero cómo evitar el uso de juicios de valor, sobre todo cuando se requiera de una función referencial, sin duda que el conocimiento de las funciones de elementos de lógica, de las funciones del lenguaje, de la distinción entre juicios de valor y los de razón será un buen comienzo, de lo contrario el mundo de las comunicaciones seguirá siendo un caos.
