La guerra de las mentiras
Autor: Jairo Alarcón Rodas
Los medios son la entidad más poderosa en la tierra. Tienen el poder de hacer culpables a los inocentes y de hacer inocentes a los culpables y eso es poder. Porque controlan las mentes de las masas.
Malcolm X
El conflicto bélico entre Rusia y Ucrania no solo constituye una amenaza a la paz del mundo sino, también, un riesgo a la pervivencia de la especie humana, dadas las repercusiones impredecibles, causadas por el armamento nuclear que poseen las superpotencias del mundo. También muestra cómo la desinformación, las mentiras, el engaño, causan un impacto contraproducente para la paz y estabilidad en el mundo.
Quiénes son los buenos, los justos, los que tienen la razón y, por otra parte, los terroristas, los que atentan en contra de la seguridad en el planeta, a partir de invasiones, crímenes de lesa humanidad que han cometido, es la interrogante que se plantea. No obstante, en el mundo de la falsa información, la mentira se viste de verdad y la verdad se vuelve mentira.
Desde la óptica de occidente, es claro que el mal está encarnado en Rusia, debido, según ellos, a sus ansias de poder y expansionismo. Pero, qué dice la historia al respecto, quiénes son los que han intervenido, saqueado, destruido a otros países sacando provecho de eso. Serán ellos los buenos y, por lo tanto, los que tienen la razón en ese conflicto. A caso Estados Unidos, la comunidad europea y Volodímir Zelenski son los amigos de la paz en el mundo, será que constituye una perversión darle la razón a Vladimir Putin en sus reclamos en cuanto a que el expansionismo de la OTAN pone en riesgo la seguridad de su país.
Es importante recordar que la OTAN se estableció en respuesta al Pacto de Varsovia, que aglutinaba a los países de la llamada Cortina de Hierro. Tras la derrota del regimen nazi, en manos del ejército rojo, de Rusia y de sus aliados del momento, la Organización del Atlántico Norte se fundó para contrarrestar al temido expansionismo soviético y del comunismo. Sin embargo, tras la disolución de la Unión Soviética en 1992, su razón de existir dejó de tener justificación. A pesar de ello siguió creciendo con la idea de que para lograr la paz hay que prepararse para la guerra.
Poco a poco fueron aceptados nuevos miembros en la entidad, desde los países bálticos hasta los del este, centro y algunos del norte de Europa, cercando literalmente a la federación Rusa, constituyéndose una amenaza a su seguridad. La crisis se detonó con el inminente ingreso de Ucrania a la OTAN y la agresión de Ucrania a los habitantes de región de Donetsk y Lugansk tras proclamar su independencia.
Era predecible que Rusia reaccionara e iniciara la guerra con Ucrania, por aparte las hostilidades de este país, su cercanía y el expansionismo de la OTAN resulta ser un peligro inminente para la seguridad de Rusia. Hoy por hoy, afirma Chomsky, la única solución es trabajar para que Ucrania mantenga una posición neutral al estilo austriaco. Esto implica que Estados Unidos renuncie a un estilo de hacer política, consolidado desde los años cincuenta, y se siente a la mesa en la que se negocia la paz.
La crisis de los mísiles de los años sesenta, entre los gobiernos de Nikita Jrushchov y John F Kennedy, tuvo similar connotación pues situar ojivas nucleares en Cuba, por parte de la Unión Soviética, constituyó una amenaza a la seguridad estadounidense a criterio de su presidente. Así que, si la denuncia proviene de Estados Unidos, es justificable, pero si, en cambio, lo es por parte de Rusia, esta no tiene que señalar qué países deben ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
La Europa colonialista, la que ha robado la riqueza de los países del resto de continentes en el mundo, los que asentaron sus bases del extractivismo, explotación e irrespeto a los derechos humanos durante sus acciones parasitarias en esos países, son los que ahora pretenden constituirse en paladines del bien, árbitros de la justicia a la sombra de Estado Unidos.
Todo sería diferente si su proceder en la actualidad fuera distinto al pasado oprobioso, sin embargo, no es así, continúan con la mentalidad neocolonialista, en donde se impone una doble moral, ya que el que se impone por el poder, por la fuerza, es el que impone el criterio de justicia y de verdad en el mundo, así lo quieren hacer creer.
No se requiere ser un experto analista en geopolítica para darse cuenta de que las intenciones del imperio del norte y de sus aliados europeos es causarle daño a Rusia y a la administración del presidente Putin. Es claro que no buscan un mundo más justo, en donde impere la equidad en las naciones, el respeto a los derechos humanos. Es más, no les incumbe las vidas humanas que se están perdiendo en ese conflicto, lo que les importa son sus intereses económicos, mantener su hegemonía. Si desearan un mundo más justo y democrático hubieran alzado la voz en otros conflictos, en donde Estados Unidos se ha constituido en el claro agresor.
La doble moral es tal para estos países que acusan al presidente de Rusia de terrorista, de poner en peligro la paz en el mundo, de crímenes de lesa humanidad, pero callan y han callado ante los crímenes ocurridos en Afganistán, Kosovo, Irak, Siria, por mencionar los más recientes, todas invasiones y agresiones perpetradas por Estados Unidos, con el aval y muchas veces con el apoyo de la comunidad europea, ante la indiferencia de gran parte de los habitantes del mundo.
¿Quiénes han sido los invasores históricos, los colonizadores, en el sentido más oscuro de esa palabra? Basta recordar las hordas de conquistadores provenientes de España al llamado nuevo continente y su legado de terror. De igual forma, lo ocurrido con los colonizadores británicos en el norte de América; lo sucedido bajo el reinado de Leopoldo II en el Congo, la ocupación francesa en Argelia, lo acontecido en Tanzania bajo el coloniaje alemán. Qué decir de las colonias portuguesas en Cabo Verde, Angola, Mozambique, entre otras, en todas ha habido un denominador común: el irrespeto a los derechos humanos y el robo de las riquezas de esas naciones.
Los intereses de la élite estadounidense son más valiosos que la paz y la estabilidad en el mundo, por lo que las intenciones no son lograr acuerdos, sino debilitar y derrotar al gobierno de Vladimir Putin, pues persiste, para ellos, la idea de un mundo unipolar con Estados Unidos como su gendarme. Recientemente, Laura Richardson, la general jefa del Comando Sur de Estados Unidos, comentó, sin disimulo, las verdaderas motivaciones e intereses de Washington en América Latina, en la que reconoce que el principal interés de Washington es: los recursos naturales de esa región, para estos no existe ni la amistad ni la solidaridad solo los intereses.
Como por arte de magia, los que irrespetaron los derechos de otros pueblos, y se nutrieron a expensas de estos, son los mismos que se hacen de la vista gorda ante las atrocidades cometidas por sus aliados, por Estado Unidos e Israel, son los que también hoy pretenden dictar cátedra de derechos humanos, de justicia y proclamar, condenar, sentenciar y castigar, en todas partes del mundo, a quienes ellos consideran ser los enemigos de la paz, los que merecen escarmiento, los terroristas criminales.
De ahí que, en el imaginario colectivo de gran parte del mundo, en el de muchas personas, dada la desinformación, la propaganda parcializada a nivel mundial, el sesgo de la información y las mentiras, se pretenda mostrar un escenario en el que los buenos son los que históricamente han actuado antidemocráticamente, lo cual es parte de la desinformación orquestada por occidente para mantener alienada a la población, privada de juicio crítico y de memoria histórica.
Falsear la realidad, engañar, es la misión de los estrategas de la desinformación y, como decía Maquiavelo, el que engaña con arte halla siempre gente que se deja engañar. Y así, en un mundo en el que cada vez más sus habitantes son carentes de criterio y de información objetiva, la persuasión constituye una herramienta fundamental para los que viven de la mentira y del engaño, afortunadamente la historia los ha evidenciado.
