Impacto de la Guerra del Fútbol en la Migración Actual en Centroamérica
Omar Marroquín Pacheco
La Guerra del Fútbol de 1969, entre El Salvador y Honduras, no solo fue un conflicto armado breve, sino un catalizador que exacerbó patrones migratorios estructurales en la región.
Aunque sus efectos inmediatos incluyen la expulsión masiva de hasta 300,000 salvadoreños de Honduras y un desplazamiento forzado que generó una crisis humanitaria inmediata, su legado perdura en la migración contemporánea.
A continuación, se analizó los impactos clave, basándose en causas históricas no resueltas y consecuencias de largo plazo, con un enfoque en cómo estos se manifiestan hoy (2025).
1. Raíces Estructurales: Pobreza, Desigualdad y Sobrepoblación como Legado Inmediato
● Contexto histórico: La guerra surgió de la migración masiva de salvadoreños a Honduras en las décadas previas, impulsada por la superpoblación en El Salvador (3 millones de habitantes en un territorio del tamaño de Gales) y la disponibilidad de tierras en Honduras (cinco veces más grande, con 2.3 millones de habitantes). Esta migración, que representaba hasta el 20% de la población campesina hondureña, generó tensiones por competencia laboral y recursos, exacerbadas por reformas agrarias que expulsaron a inmigrantes.
● Impacto actual: Estos problemas no se resolvieron con el cese al fuego de 1969 ni con el Tratado de Paz de 1992 (que delimitó fronteras en 1986). La desigualdad persiste: El Salvador y Honduras siguen entre los países más pobres de América Latina, con tasas de pobreza superiores al 50% y desempleo juvenil que supera el 20%. Esto impulsa flujos migratorios similares, pero ahora hacia el norte (EE.UU. y México), en lugar de entre vecinos. En 2025, cerca del 90% de los migrantes de El Salvador, Guatemala y Honduras (el “Triángulo Norte”) se dirigen a EE.UU., con más de 2 millones de salvadoreños y hondureños residiendo allí desde los años 70.
● Punto de vista: La guerra actuó como “válvula de escape” fallida para la presión demográfica salvadoreña, pero al intensificar el resentimiento bilateral, desvió los flujos migratorios hacia rutas más peligrosas, como el Darién (entre Colombia y Panamá), cruzado por más de 500,000 centroamericanos en 2024.
2. Desplazamiento Forzado y el Nacimiento de Patrones de Refugiados
● Efectos inmediatos: La violencia anti-salvadoreña en Honduras y las represalias llevaron a la muerte de 3,000 – 6,000 personas (mayormente civiles) y el desplazamiento de cientos de miles. Muchos regresaron a El Salvador en condiciones precarias, contribuyendo a la sobrepoblación y al colapso económico.
● Impacto actual: Este éxodo masivo sembró las semillas de la inestabilidad que culminó en la Guerra Civil Salvadoreña (1980-1992), donde exiliados de 1969 se unieron a guerrillas como las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí. La posguerra dejó un legado de violencia (maras como MS-13 y Barrio 18, originadas en Los Ángeles entre deportados salvadoreños) que hoy impulsa la migración. En 2025, la violencia pandillera causa el 40% de las solicitudes de asilo de centroamericanos en EE.UU., con Honduras y El Salvador entre los países con las tasas de homicidio más altas del mundo (alrededor de 35 por 100,000 habitantes).
● Punto de vista: La guerra transformó la migración de “económica” a “forzada”, un patrón que persiste. Organizaciones como la OIM reportan que el cambio climático (sequías en el Corredor Seco centroamericano) y la violencia heredada agravan esto, con 1.4 millones de desplazados internos en la región en 2024.
3. Consecuencias Económicas y Sociales de Largo Alcance
● Devastación post-guerra: La destrucción de infraestructura y cosechas paralizó economías ya frágiles, rompiendo el Mercado Común Centroamericano (MCCA) y limitando la integración regional. Honduras perdió mano de obra salvadoreña clave en agricultura, mientras El Salvador enfrentó un boom poblacional que saturó recursos.
● Impacto actual: La falta de integración regional obstaculiza el desarrollo compartido,
perpetuando la dependencia de remesas (que representan el 25% del PIB salvadoreño y 20% del hondureño en 2025). La migración actual es “circular” pero riesgosa: familias envían a jóvenes a EE.UU. para escapar de la pobreza, pero enfrentan deportaciones que reintroducen violencia. Además, el resentimiento bilateral persiste en discursos nacionalistas, complicando acuerdos como el CAFTA-DR.
● Punto de vista: Desde una perspectiva regional, la guerra ilustra cómo conflictos breves generan “ciclos viciosos” migratorios. Estudios de la Universidad de Nebraska destacan que sin reformas agrarias inclusivas, estos patrones se repiten, afectando a 500,000 centroamericanos que cruzan México anualmente.
4. Lecciones y Perspectivas Contemporáneas
● La Guerra del Fútbol resalta la necesidad de políticas migratorias regionales que aborden causas raíz: desigualdad, violencia y cambio climático. Iniciativas como el Pacto de Migración de la OIM buscan replicar la mediación de la OEA en 1969, pero con énfasis en desarrollo sostenible.
● Punto de vista crítico: En 2025, con tensiones globales por migración (e.g., políticas restrictivas de EE.UU. bajo administraciones variables), el legado de 1969 advierte contra el uso de la migración como chivo expiatorio. Países como El Salvador (bajo Bukele) han reducido homicidios, pero a costa de los derechos humanos, lo que podría desviar flujos sin resolver desigualdades subyacentes.
En resumen, el impacto de la guerra en la migración actual es indirecto pero profundo: transformó tensiones locales en una crisis regional crónica, impulsando flujos masivos hacia el norte y perpetuando ciclos de pobreza y violencia.
Para mitigar esto, Centroamérica necesita inversión en integración económica y diálogo bilateral, evitando que ecos de 1969 se repitan en fronteras como la del Darién.
