Exportación, inserción internacional y recuperación del salario mínimo en la industria de maquila

luis

En solidaridad con la lucha de la Asociación de Trabajadoras del Hogar,

a Domicilio y de Maquila de Guatemala (ATRAHDOM)

por Luis Armando Ruiz Morales

La inserción de Guatemala en el comercio internacional, en particular la exportación de productos textiles y de vestuario hacia el mercado de los Estados Unidos, se sustenta en acuerdos comerciales que otorgan actualmente acceso preferencial mediante arancel cero. El fundamento permite la expansión de la industria de exportación y maquila, consolidándola como uno de los principales motores del crecimiento económico. No se puja porque los trabajadores y empresarios nacionales generen las condiciones para el impulso de una economía nacional que soslaye las contradicciones de estos esquemas de exportación.

Este patrón necesita que se analice ampliamente y no solo en los “volúmenes exportados” o las “ventajas comerciales favorables”. Según Maurice Dobb[1] y otros autores, el comercio internacional tiende a reproducir las condiciones internas de las economías en las que participan, reproduciendo las estructuras productivas y las relaciones sociales de explotación preexistentes, especialmente en los países en vías de desarrollo (también denominados, subdesarrollados, periféricos, dependientes, según la moda contemporánea, etc.). Estas ventajas comerciales, porque no se visualizan como relaciones de empleabilidad[2], derivan en el acceso preferencial solo si el beneficiado es capital externo, no se traduce en mejoras proporcionales a los ingresos laborales, por lo que el modelo de competitividad se basa exclusivamente en la contención y el deterioro del salario real: el fin último es contar con el mecanismo que permita reducir costos.

Por tanto, la industria maquiladora guatemalteca —al igual que en otras latitudes— opera bajo un esquema de reducción de costos centrado en la contención salarial, lo cual le permite cumplir eficientemente su función de acumulación de capital; sin embargo, dicha acumulación no fortalece el capital nacional, ya que una parte significativa de los excedentes se canaliza hacia el sistema bancario internacional y los paraísos fiscales. De acuerdo con Dobb, la apropiación del excedente en el capitalismo depende de la capacidad del capital para mantener el salario por debajo del valor socialmente necesario para reproducir la fuerza de trabajo. De ahí que sea el Estado guatemalteco el responsable de generar las condiciones para el desarrollo de una industria textil propia y de carácter nacional. Como advierte Ruy Mauro Marini, las formas de explotación y sobreexplotación predominantes permiten, en el mejor de los casos, cubrir la canasta básica, pero no garantizan los ingresos necesarios para la reproducción social plena de la fuerza de trabajo ni para acceder a la canasta familiar. En este marco, el trabajador queda atrapado en un sistema que le permite elegir únicamente entre distintos empleadores, sin que ninguno asuma responsabilidad por su desarrollo integral ni por la mejora sostenida de sus condiciones de vida.

El salario mínimo vigente en este sector exportador y maquila resulta insuficiente, esta brecha entre lo ideal (salario justo y decente) o lo real (salario de bajo costo) obliga a los hogares trabajadores a asumir parte de los costos de reproducción de su fuerza laborales, generando transferencia estructural de valor desde el trabajo hacia el capital, es decir: el trabajador cede parte de su salario para las necesidades de capital de estas empresas (visto, contractualmente firmado y legalizada la explotación); obviamente, esto se traduce en mayores márgenes de ganancia y sostenimiento de la “competitividad internacional”. no se produce ningún proceso de innovación; únicamente se profundizó la subordinación de la trabajadora y del trabajador a un régimen de salario precario.

Otros autores, Celso Furtado y Anibal Pinto, expresan que esta condición preferencial expresa una forma de crecimiento sin desarrollo social, que se caracteriza por la modernización productiva sin el componente de inclusión social ni una prosperidad y crecimiento del bienestar social o desarrollo social integral. Esta segmentación salarial entre sectores productivos y la persistente baja de salarios, salarios diferenciados refuerzan la heterogeneidad estructural y la consolidan en un mercado laboral que se caracteriza por una profunda desigualdad. Por tanto, el papel del Estado resulta determinante en este perverso entramado, en lugar de corregir las asimetrías generadas por el modelo exportador, la política salarial privilegia la estabilidad macroeconómica y la atracción de capital, relegando la recuperación del “salario real” y las ventajas en el pago de impuestos.

Es evidente que esta correlación de fuerzas —integrada por actores empresariales, funcionarios del Estado pre empresariales, centros de estudios y fundaciones— contribuye a la persistencia de estas asimetrías, en la medida en que todos participan, directa o indirectamente, de los beneficios derivados del proceso de acumulación de capital. Esta convergencia de intereses, expresada tanto en incentivos formales como informales[3], termina por sostener un sistema estructural de explotación laboral que se reproduce y legitima en el tiempo.

En consecuencia. La ventaja comparativa del sector de industria de exportación y maquila no radica en los “factores” de eficiencia productiva o innovación, sino en la forma central que se da en la explotación laboral mediante salarios insuficientes, ello permite sostener el sistema de explotación laborales mediante el mecanismo salarial precario descrito, ello conduce exclusivamente a soportar y aguantar la inserción internacional a costa del descalabro y decadencia de las condiciones de vida de la población trabajadora. Es evidente que el artículo busca no solo expresar solidaridad con las demandas de salarios justos, sino también interpelar y convocar al movimiento sindical nacional, más allá de sus diferencias o afinidades políticas o de eventuales distanciamientos de la lucha legitima, a retomar como eje central la recuperación y nivelación del salario. Se trata de reivindicar una condición estructural indispensable para reorientar el modelo exportador hacia un desarrollo económico con mayor equidad social y con mejoras reales en las condiciones de vida de la clase trabajadora y de Guatemala en general. Recuperar el salario real es indispensable para garantizar a miles de hogares una condición de vida decente e integral (el Buen Vivir, como indica CODECA[4]).

Se espera que la incidencia sindical coloque de manera prioritaria en el centro del debate que las ventajas comerciales —tanto externas como internas— y el acceso preferencial a los mercados no pueden sostenerse sobre la base de salarios insuficientes. Resulta significativo que el propio sector empresarial organizado haya llamado a profundizar la discusión sobre posibles incrementos salariales, mientras que el movimiento sindical nacional aún no ha articulado una respuesta clara y unificada. Esta situación abre una interrogante relevante sobre las limitaciones organizativas, políticas y estratégicas que hoy condicionan su capacidad de reacción frente a una discusión que incide directamente en la recuperación y nivelación del salario.

A manera de conclusión, es evidente que las empresas exportadoras pueden incrementar el salario de los trabajadores aprovechando el acceso preferencial al mercado de los Estados Unidos con arancel cero, ya que esta condición reduce de forma directa los costos de comercialización externa y amplía los márgenes de rentabilidad que prevalecen en la actualidad. La ventaja descrita, permite reorientar una parte del excedente generado hacia la mejora del salario, sin afectas la viabilidad del negocio, por lo que una redistribución interna del ingreso es perfectamente compatible con el incremento salarial. Además, el incremento salarial se sustenta en economías de escala derivadas del mayor volumen a exportar, asimismo de la estabilidad de la demanda externa y en la reducción de riesgos comerciales, factores que fortalecen la capacidad financiera de las empresas y hacen viable que la competitividad no descanse exclusivamente en la contención del costo laboral, sino en una asignación más equilibrada de los beneficios del comercio internacional.


[1] Puede consultar en:

Dobb, Maurice Herbert. (1973). Teorías del valor y de la distribución desde Adam Smith: Ideología y teoría económica. Siglo XXI Editores; Dobb, Maurice Herbert. (1975). Estudios sobre el desarrollo del capitalismo. Siglo XXI Editores; Furtado, Celso Monteiro. (1974). El desarrollo económico: Un mito. Siglo XXI Editores; Furtado, Celso Monteiro. (1983). Teoría y política del desarrollo económico. Siglo XXI Editores; Marini, Ruy Mauro. (1973). Dialéctica de la dependencia. Ediciones Era; Pinto, Aníbal. (1970). Naturaleza e implicaciones de la heterogeneidad estructural de América Latina. El Trimestre Económico, Fondo de Cultura Económica; Prebisch, Raúl. (1950). El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas. Comisión Económica para América Latina (CEPAL); Dos Santos, Theotonio. (1978). La teoría de la dependencia: Balance y perspectivas. Plaza & Janés.

[2] Oportunidad de empleo.

[3] un abrazo, un café, una porción de pollo, un sobresueldo (comisión, fafa, mordida, etc.) o una visa. Todo para sostener el sistema perverso de explotación.

[4] Comité de Desarrollo Campesino (CODECA) es un influyente y legitimo movimiento social e indígena en Guatemala, fundado en 1992 para luchar por la justicia social, la soberanía territorial y los derechos de campesinos e indígenas. Con sede en Mazatenango, Suchitepéquez, busca la convocatoria a una Asamblea Constituyente Popular para un Estado Plurinacional. 

telegram
Facebook comentarios