Desafíos y Obstáculos en el Ministerio de Salud Pública de Guatemala
“Análisis de la Inestabilidad Política y su Impacto en la Gestión Sanitaria”
por Luis Armando Ruiz Morales, elaborado para el Foro Ciudadano por la Salud de los Pueblos
El análisis del Ministerio de Salud Pública de Guatemala a lo largo de varios períodos presidenciales permite identificar diferentes aspectos críticos relacionados con la lucha por el poder, la dispersión de los servicios de salud, el tiempo promedio de cambios en la organización y la inercia institucional, y, como esto contribuye a la violación al derecho humano de la salud. En este artículo, se aborda únicamente el cargo de ministro y salud. Esta rotación puede deberse a varios factores.
Conflictos políticos. La inestabilidad política en el país a menudo se traduce en cambios en el liderazgo del ministerio. Por ejemplo, durante el breve período de Alejandro Maldonado Aguirre, se nombró un ministro que enfrentó un proceso de antejuicio, probablemente, para retirarlo del cargo. Este personaje solo estuvo en el poder durante 26 días.
Intereses partidistas. El cambio de ministros está influenciado por la necesidad de acomodar intereses partidistas y alianzas políticas, generados por los financiamientos recibidos durante los períodos electorales, normalmente provenientes de las farmacéuticas nacionales e internacionales. La confluencia con organizaciones sociales, tales como fundaciones y asociaciones civiles (ONGs), no se observa de manera directa, pero existe. O, en el caso del Foro Ciudadano por la Salud de los Pueblos, tiene opinión en temas de salud, pero no se les ha tomado en cuenta.
Desacuerdos internos y recomendaciones políticas. Aunque en menor escala, estos desacuerdos que podrían darse entre el personal y funcionarios y la negativa a seguir recomendaciones también pueden resultar en cambios en el liderazgo. Sin embargo, en los medios de comunicación nacional o en las observaciones de este foro de salud, no se percibe dicha situación como de alta incidencia. Además, los movimientos sindicales por reclamos salariales, son intrascendentes y no están vinculados al cambio de ministro.
Los pocos servicios de salud muestran una alta dispersión de estos servicios a lo largo del país y en el tiempo plantean varios desafíos, como la baja cobertura rural y los pésimos servicios urbanos en áreas marginales. A pesar de los esfuerzos presupuestarios incrementados, no se observa una mejora en la calidad de los servicios prestados. Los temas de infraestructura y su mejoramiento son cuestionables, ya que no existe evidencia en la sociedad ni en los medios de comunicación de mejoras paulatinas a los servicios recibidos.
Por otro lado, se observa una inestabilidad preocupante en la permanencia en el cargo de ministro y viceministros. El tiempo promedio de permanencia en el cargo de los ministros del Ministerio de Salud Pública de Guatemala es relativamente corto. Esta alta rotación se evidencia en los últimos 34 años, durante los cuales se han sustituido 28 ministros de Salud Pública, lo que equivale a un promedio de aproximadamente 1 año y 6 meses por ministro. Este promedio no evidencia la crisis en cada período de gobierno, puesto que algunos de estos funcionarios han estado por espacio de 26 días de gestión y otros en espacios más amplios. Esta frecuencia de cambios genera a su vez el cambio de viceministros y cuadros en las direcciones y 89 unidades ejecutoras.
Esta inestabilidad tiene un impacto negativo en la implementación y ejecución de políticas de salud, ya que la continuidad de la política se ve afectada. Cada nuevo liderazgo requiere un tiempo de adaptación para aprender sobre el cargo, lo que retrasa la implementación o creación de nuevas políticas y genera una resistencia laboral caracterizada por la espera y la incertidumbre de las nuevas directrices.
La inercia institucional en el Ministerio de Salud Pública, referida a la resistencia al cambio dentro de la organización, puede deberse a una burocracia que, aunque se ralentiza, a la vez mantiene los servicios a flote. Esta inercia también implica una inadecuada respuesta a los nuevos desafíos que conlleva reiniciar los procesos institucionales y fomenta una cultura organizacional que se puede observar en las debilidades de los profesionales de la salud, dificultando la adopción de nuevas metodologías y tecnologías para implementarlas debido a la falta de tiempo a los cortos periodos de cada administración.
Como resultado de estos factores, se observa una falta de ética profesional expresada en valores como la honestidad, responsabilidad, dignidad y entrega; lo cual es esencial para el desarrollo y la implementación eficaz de políticas de salud. No empleando los conocimientos de la profesión para la violación del derecho humano a la salud aún, estando bajo amenaza.
Todo lo anterior demuestra la crisis en la que está sumergido el sistema de salud de Guatemala al, punto que los ministros de salud renuncian por problemas vinculados a la salud. Aunque esto suene a sarcasmo.
