Centroamérica a veces cuenta ¿y los poetas?

Zurdo

Miguel Angel Sandoval

Es de importancia cultural innegable la realización del evento Centroamérica Cuenta, con el fin de pensar la región y actualizar en el medio académico, intelectual, cultural, los debates que tienen lugar en los más connotados lugares del continente y más allá, con personajes que se ocupan de la región. Especialmente ahora que se perciben movimientos sociales de nuevo tipo, en particular el rol que están asumiendo las autoridades tradicionales o ancestrales. Es el signo de esta época. Desde el inicio de este encuentro se ha querido subrayar la presencia y liderazgo de los pueblos indígenas en un país como Guatemala. No es nada casual que las dos actividades iniciales tengan lugar en Totonicapán y Comalapa.

Es claro que junto con estas reflexiones que tienen razón de ser por la historia inmediata de nuestro país y su lucha por la democracia, hay foros sobre otros países de la región con problemáticas semejantes a la nuestro, tanto desde la perspectiva de la presencia indígena y su liderazgo, como de la construcción de la democracia sin adjetivos. Es obvio que habrá discusiones sobre el estado de la democracia, y que las dictaduras de la región serán sometidas a un escrupuloso escrutinio. Es lo que corresponde en evento con estas características y en estos tiempos.

Pero habrá un banquete cultural de primer orden. El homenaje de Asturias, el Gran Moyas, tiene un lugar central, pues al reconocimiento universal, en los últimos tiempos se trabaja en la repatriación de sus restos mortales desde el cementerio de Pere Lachaise en Paris a Guatemala. En medio de esta algarabía cultural, el homenaje del premio nobel de literatura, hay el reconocimiento de una visión que tiene en los pueblos indígenas un peso inconfundible. Los hombres de Maíz tienen ahora en estos tiempos, un lugar especial en la vida de los guatemaltecos.

En los debates estarán muchos intelectuales laureados, periodistas con amplio reconocimiento, escritores, y analistas de lo que ocurre en la Centroamérica que hoy nos toca vivir. Y como decía en el párrafo inicial, el rol de los pueblos indígenas es inocultable y eso se festeja.  Es en verdad un regalo para quienes vemos como los espacios culturales son realmente contados con los dedos de las manos. Vivimos en un país en donde la cultura y el debate político palidece o mejor languidece en casi todos los medios, especialmente en aquellos encargados de apoyar todas las expresiones culturales que no son pocas y en verdad la mayoría abandonadas o dejadas a su suerte, pero esto es parte de otros debates.

Y de forma casi escondida o de puntillas, hay un debate sobre Roque Dalton, el poeta salvadoreño que en el año de 1975 fue ejecutado por sus propios compañeros de armas. Sería deseable, que en el foro sobre Roque se discuta o simplemente se evoque, su amistad con otro poeta como el chapín Otto Rene, quien, en exilio salvadoreño luego de la intervención y derrocamiento de Árbenz, fue a ese país y entro en relación estrecha con los poetas y escritores salvadoreños que estaban vinculados al partido comunista, como Otto en Guatemala.  Es algo que se encuentra ficcionado en su novela póstuma, “Pobrecito poeta que era yo”, una obra indispensable de Roque, en donde anticipa su muerte en medio de la controversia.

Es de sumo interés, por lo menos historiográfico, la discusión de Roque y Otto, con Asturias, y en verdad, las críticas de los dos poetas comunistas jóvenes, a lo que consideraron defección de Asturias, a los principios de lo que él mismo había denominado como la conducta moral del poeta que no podía hacer concesiones. Es un tema que debería de abordarse sin acudir a lo “políticamente correcto” para quedar bien con los anfitriones. Es una discusión pendiente, que ubicaría en un plano diferente la idea que durante años gentes como Roque y Otto, como sus principales impulsores, hicieron de la llamada generación comprometida. Es el tono de Vamos patria a caminar del poeta quetzalteco. O de tantos libros se poesía de Roque que a su muerte era ya un poeta consagrado.

Es en esos años, los sesenta para ser mas exactos, que poetas, escritores, intelectuales, así como obreros o campesinos y gente sencilla de todas las ocupaciones, apostaron por la vía de las armas para los cambios que nuestros países necesitaban y necesitan, aunque ahora `por otras vías ante los cambios ocurridos desde entonces.  En ese contexto la idea asturiana del poeta como una conducta moral, no resiste el peso de las nuevas opciones y por ello la crítica en medio de la admiración de Roque y Otto Rene a las opciones policías del Premio Nobel. No es algo aislado pues criticas semejantes fueron dichas por su propio hijo Rodrigo Asturias o por Luis Cardoza y Aragón.

Son debates propios de una época, opiniones sobre una ruta política que no se compartía, aunque limitada a estas expresiones, siempre se mantuvo el respeto por su literatura.  En todo caso, tanto de la idea de Asturias sobre que el poeta era una conducta moral, como la travesía de la Generación comprometida, están a la búsqueda de actores en momentos en donde priva un individualismo rampante, de sello neoliberal para decirlo con ese lugar común, que adquiere un nivel de planteamiento absoluto, con la filosofía del libre mercado en el campo de las ideas.  

Se trata de un debate abierto pues en El Salvador aún no se sabe el paradero de los restos de Roque Dalton a pesar de múltiples ofertas de investigación, al tiempo que los autores intelectuales y no se sabe si materiales del crimen se pavonean por el mundo; mientras en Guatemala hubo en su momento un homenaje a Otto Rene Castillo, aunque la justicia no se haya impartido y haya quedado un sabor de algo inconcluso. Mientras los homenajes a Asturias se multiplican y en esos momentos, la evocación de sus críticos, poetas comprometidos y jóvenes, no aparece. Pero así se construye la historia. Es entonces un momento de apostar por la memoria.  

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