El laberinto de la captura de la USAC y su liberación

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Fernando Cajas

La captura de la democracia es un fenómeno mundial, como ha sido documentado por Anne Applebaum tanto en su libro El Ocaso de la Democracia como en Autocracia S.A. así como por C. L. Skach en su bello libro Cómo ser un ciudadano: Seis lecciones para un mundo nuevo en paz o el extraordinario trabajo de Manuel Castells Ruptura: La crisis de la democracia, todas lecturas obligatorias para entender la democracia moderna.

Estos autores, en sus obras, ponen ejemplos de diferentes partes del mundo sobre cómo la autocracia y la cleptocracia capturan a las débiles democracias. Guatemala es un ejemplo de libro de texto. Mientras el Ministerio Público se dedicó a criminalizar a inocentes, líderes indígenas acusados de terroristas por el simple hecho de oponerse a un fraude electoral, ahora el foco de atención se traslada a la Corte de Constitucionalidad, la más alta corte del país, que se ha dedicado a defender a capa y espada al usurpador de la rectoría, al hijo fiel del Pacto de Corruptos, quien ha hecho lo que le da la gana para mantener cooptada esa noble institución de educación pública superior.

La USAC representa mucho más que una casa de estudios: su control permite dominar el sistema de justicia a través de su influencia en la elección de cortes y neutralizar el último gran espacio de pensamiento crítico y resistencia social del país. Ya tienen bajo su yugo al Ministerio Público, al Congreso, a un Ejecutivo de monigotes, a un Tribunal Supremo Electoral sin autoridad real y, especialmente, a una Corte de Constitucionalidad convertida en el principal escudo protector del usurpador de la rectoría.

La universidad pública es el último bastión de educación emancipadora, pensamiento libre y posibilidad real de transformación para las mayorías excluidas. Su caída consolidaría un país sometido a la cleptocracia, el racismo estructural, el conflicto por la tierra y la violencia como orden permanente.

Frente a esta ofensiva, destaca con luz propia la digna resistencia estudiantil. Los estudiantes de la USAC han demostrado una valentía, consecuencia y claridad incomparables. Son ellos quienes han mantenido viva la lucha contra el fraude electoral, la opacidad en los procesos, las exclusiones arbitrarias y la usurpación de la rectoría. Su movilización sostenida, sus acciones pacíficas pero firmes, su defensa intransigente de la autonomía universitaria y su rechazo al autoritarismo encarnan la mejor tradición histórica de la San Carlos como espacio de rebeldía y conciencia crítica.

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Esta resistencia estudiantil no es solo legítima: es necesaria y esperanzadora. Ellos son hoy la voz más fuerte y auténtica de la universidad. No se han doblegado ante amenazas, presiones ni cooptaciones. Su ejemplo inspira y obliga a toda la comunidad universitaria y a la sociedad guatemalteca a respaldarlos sin reservas. Apoyar esta resistencia digna es defender el alma misma de la USAC y el futuro democrático del país. Mientras ellos luchan en las calles, en las asambleas y en los tribunales, mantienen encendida la llama de una universidad pública al servicio del pueblo y no de los corruptos.

La indiferencia y el silencio cómplice de muchos profesores resulta ensordecedor y vergonzoso. Por miedo, por acomodo personal o por cálculo oportunista, buena parte del cuerpo docente ha optado por el mutismo conveniente, lavándose las manos mientras los estudiantes arriesgan su futuro y su integridad en defensa de la casa de estudios.

Ese comportamiento traiciona la esencia misma de la universidad como faro de pensamiento libre y defensa del bien común. Los profesores tienen la responsabilidad histórica y moral de sumarse activamente a la recuperación académica y democrática de la USAC: participando en asambleas, impulsando acciones legales, denunciando las irregularidades y respaldando públicamente la resistencia estudiantil. Si no lo hacen, si permanecen indiferentes, se quedarán sin universidad pública, convertidos en meros empleados de una institución capturada, despojada de su autonomía y de su sentido emancipador.

La resistencia estudiantil debe complementarse con acciones institucionales decididas. Existen vías concretas y legítimas para revertir esta captura, algunas que he propuesto aquí en Público GT y en otros medios:

  1. Intervención del Ejecutivo: El Presidente de la República, como garante constitucional del orden democrático y del interés público superior, tiene la facultad y la obligación de declarar la crisis institucional en la USAC. Esto permite adoptar medidas urgentes de transición, incluyendo la convocatoria a nuevos procesos electorales transparentes bajo supervisión imparcial, temporal o de emergencia, que restituyan la legalidad y la participación plena de toda la comunidad universitaria.
  2. Acción del Congreso de la República: Los diputados pueden y deben impulsar reformas legales inmediatas que fortalezcan la autonomía real de la universidad, transparenten y regulen con claridad los mecanismos electorales, prohíban reelecciones irregulares y establezcan sanciones efectivas contra fraudes. La creación de una comisión especial de investigación con poderes amplios de auditoría, citación y recomendación sería un instrumento poderoso para exponer y desmantelar la captura.
  3. Reforma profunda o eliminación de la Corte de Constitucionalidad: La CC ha perdido toda credibilidad al defender sistemáticamente al usurpador y al Pacto de Corruptos. Es urgente abrir un debate nacional sobre su reestructuración radical para garantizar independencia real, o incluso su supresión y reemplazo por un verdadero mecanismo de control constitucional democrático, no capturado por intereses particulares.

Estas rutas deben ir acompañadas de amparos colectivos masivos impulsados por los estudiantes, auditorías independientes, acciones de inconstitucionalidad sólidas y una movilización social pacífica e inteligente que mantenga la presión ciudadana. Eso justamente hace el movimiento DIRE, Dignidad y Rescate, con el enorme acompañamiento legal del licenciado Anibal García, luz jurídica de este proceso.

La comunidad internacional responsable también puede contribuir exigiendo respeto al Estado de derecho en la principal universidad del país.

Guatemaltecos, el momento es ahora. La resistencia estudiantil ha abierto el camino; corresponde a las autoridades, a los profesores y a la sociedad transitar las rutas legales disponibles con decisión y sin demora. Salvemos a la USAC. Porque si cae la USAC, cae con ella lo poco que queda de democracia en Guatemala. La historia no perdonará la pasividad. Actuemos, hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

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