Estar en el mundo es mucho más que pasar por él
Autor: Jairo Alarcón Rodas
Tuve miedo de perder a alguien especial (y terminé perdiéndolo)pero sobreviví. Y todavía vivo. No paso por la vida.
Y tú tampoco deberías sólo pasar…
VIVE.
Charles Chaplin
Millones de personas nacen cada día en distintas partes del mundo como resultado de su reproducción y la permanencia de la especie, pues todo ser vivo lucha por subsistir, por no sucumbir y permanecer. De ahí que a pesar de que numerosas especies se han extinguido, dejando únicamente un rastro de su paso por el mundo, nuevas especies surgen y, simultáneamente, otras se niegan a perecer.
Cinco grandes extinciones han ocurrido en el planeta: la Ordovícico-Silúrico, Devónico-Carbonífero, Pérmico-Triásico, Triásico-Jurásico y Cretácico-Terciario, siendo la de mayor magnitud la extinción del Pérmico-Triásico, conocida como la «Gran Mortandad», ocurrida hace aproximadamente 252 millones de años. Eliminó cerca del 90 al 96% de las especies marinas y el 70% de las terrestres.
Pareciera que el planeta, cada cierto tiempo, sufre cambios que determinan el fin de unas especies y la consolidación y el desarrollo de otras. Pese a tales catástrofes, la vida en la Tierra se ha resistido a sucumbir y, como el Ave Fénix, renace de sus cenizas para hacer valer su presencia frente a la muerte.
El reinado de los dinosaurios en el Jurásico duró aproximadamente entre 165 a 186 millones de años y un cataclismo en el planeta determinó su final, lo que posibilitó el desarrollo de los mamíferos y, con estos, la consolidación de los seres humanos. No obstante, al igual de lo sucedido con los grandes reptiles, muchas especies de seres vivos han desaparecido, plantas y animales ya no existen, en parte, por lo que Charles Darwin denominó selección natural y, por otra, como resultado de la brutal acción del ser humano y de sus excesos sobre la naturaleza.
A pesar de ello, el ser humano tiene la posibilidad de estar en el mundo o, como señalara Martin Heidegger, de ser en el mundo, in der Werlt sein, no solo como un sujeto aislado, sino que está constitutivamente inmerso, relacionado y arrojado en un contexto de significatividad, herramientas y otros seres. El ser poseedor de conciencia no simplemente se asienta en el planeta, sino que actúa sobre la naturaleza, la transforma, tiene la posibilidad de ser consciente de ello, de trazar su ruta de vida, en fin, de ser un sujeto de posibilidades que se abren al infinito y se pregunta por un por qué.
Las posibilidades que se le abren al sujeto, de cara a la realidad, pueden ser estimadas o desestimadas por éste, no así las que se traducen en necesidades esenciales para su vida. De ahí que muchos concentren su atención en resolver sus requerimientos básicos, desatendiendo la posibilidad de comprender el mundo. Otros, teniendo garantizados esos requerimientos, actúan de forma similar, interesados únicamente en satisfacer sus excesos, siendo estos los perversos.
Personas que contando con la posibilidad y lo medios para trascender y conocer la realidad, se acomodan en la ignorancia, se sumergen en la vacuidad de las sombras y de lo que representan. Consecuentemente, para estos, “la ignorancia es la felicidad”.Por lo que sustituyen, más bien reducen lo verdadero a lo que les proporciona utilidad, beneficio, siendo eso lo que constituye su criterio de acción, sin importar los medios para lograrlo y el impacto que pueda causar a los demás.
Por eso, no es de extrañar que el capitalista explote a sus trabajadores, que los políticos se aprovechen ilícitamente de sus cargos para sus oscuros objetivos pues, para ellos, su verdad consiste en beneficiarse sin importar el daño que puedan causar a los demás.
Lo peligroso de eso es que, como lo señalara el poeta británico Thomas Gray: Donde la ignorancia es felicidad, es una locura ser sabio. En un mundo de sombras, el que atisba la luz se convierte en enemigo del sistema, al que incluso se le debe aniquilar, pues resulta ser un peligro para los demás.
Y es que son muchas las personas a las que el profundizar en el conocimiento de las cosas les parece algo irrelevante, una pérdida de tiempo, un sin sentido. Para ellos la vida consiste en acumular riqueza, en tener y no en ser buscadores de la verdad ni ser solidarios con los demás. Pero ¿en qué utilizarán su valioso tiempo esas personas? Unos, en hacer dinero, otros, simplemente en soñar cómo tenerlo.
De ahí que el proceder de esas personas se fundamente en la racionalidad instrumental que consiste en una forma de pensamiento reduccionista que prioriza la eficiencia, el cálculo y el control técnico sobre cualquier otra consideración. Forma de actuar que, para Karel Kosik, constituye el pensamiento pragmático, el cual prioriza la utilidad, forzando a conveniencia del sujeto todo encuentro e interpretación de la realidad, más bien subordinándolos a sus deseos, anhelos y excesos, sin tomar en cuenta lo genuino, que puedan ser los medios para alcanzarlos. Siendo esa la forma, el criterio que determina, para tales personas, el encuentro con las cosas.
Kosik añade: En la relación práctico-utilitaria con las cosas, en la cual la realidad se manifiesta como un mundo de medios, fines, instrumentos, exigencias y esfuerzos para satisfacerla, el individuo “en situación” se crea sus propias representaciones de las cosas y elabora todo un sistema correlativo de conceptos con el que capta y fija el aspecto fenoménico de la realidad. De modo que el sujeto la ajusta a sus intereses, forzándola artificialmente a su conveniencia y, no solo eso, considerando que esa es la forma correcta de juzgar el mundo y de proceder en él.
Será que se puede vivir sin comprender la realidad, sin entender el mundo, sin tener una idea de lo que son las cosas y los demás. Dejar que la existencia humana se guíe por los instintos, por lo espontáneo de las emociones, es ir en contra de su propia naturaleza, la que supuestamente ha escogido a la razón por guía, por lo que es un despropósito, para el ser que posee conciencia, que actúe de esa forma. No obstante, ocurre. Son esos los que simplemente pasan por la vida.
No obstante, Emil Cioran señala: El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única, en realidad. Pero, no tener sentido la vida no equivale a ser libre ya que siempre la resistencia que provocan los otros y la propia circunstancia determinan que se tenga un proyecto de vida, un por qué y para qué que puede ser simple o profundo.
En el Libro II de la República, Platón hace referencia al Estado en el que las personas únicamente satisfacen sus necesidades básicas, las biológicas, al que denomina Estado de cerdos. Por lo que constituye un desperdicio el venir al mundo con conciencia y nacer únicamente para limitarse a satisfacer las necesidades esenciales. El tener conciencia abre las puertas al saber, desde luego que para poner en funcionamiento el intelecto hay que cubrir los requerimientos vitales que posibilitan el buen desempeño corporal.
Estar en el mundo es ser consciente, como un yo que reside en el mundo, que interactúa con él, que se pregunta y examina lo que encuentra a su paso y es responsable de sus actos. El que sabe que va a morir y, por eso, valora con mayor intensidad lo que representa la vida y el respeto que amerita. Al saber que la vida se termina y con ésta la existencia, la duración de esa contingencia, obliga a vivir a plenitud, responsablemente. Pues como decía Darwin, un hombre que se permite malgastar una hora de su tiempo no ha descubierto el valor de la vida.
No se trata de hacer lo que a uno le plazca, sin responsabilidad alguna, como ocurre en aquellos que, sumidos en valores y conductas narcisistas, individualistas, egocentristas, únicamente velan por sus intereses, sin importar que, con ello, se violente el bienestar de los demás. Se trata de vivir a plenitud, contemplando no afectar el derecho de los demás; a solicitar lo mismo que se concede a otras personas, de conformidad con el imperativo categórico de Emanuel Kant que dice, obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca meramente como un medio.
Vivir es mucho más que pasar por la vida, es ser consciente que la existencia es irrepetible, que es solo una y que más allá de esta no hay nada, y no solo eso, es existir contemplando al otro como parte de lo que se es y de lo que se puede ser, de su desarrollo y bienestar. Por lo tanto, es respetar a los demás en su deseo de vivir. Pues como lo expresó Erich From, vivir es nacer a cada instante. Reinventarse a cada momento, darse la oportunidad de ver el mundo con nuevos ojos.
Emanuel Levinas, con relación a lo que es verdaderamente humano, dijo, lo verdaderamente humano es —y no teman a esta palabra— el amor. Y lo digo en serio, incluso con todo lo que conlleva el amor o, mejor dicho, la responsabilidad, es amor, como dijo Pascal: «sin concupiscencia» [sin lujuria]… el amor existe sin preocuparse por ser amado. Es el sentimiento desinteresado que busca el bien para el otro sin pretender recibir nada a cambio.
Y así la vida es evolución creadora, la misma de la que hablaba Henri Bergson, que permite que la naturaleza humana, al igual que la vida, se reinvente continuamente, en cada momento de su existencia, es cambiar, cambiar es madurar, madurar es seguir creándose a uno mismo sin cesar. Por ello, la vida es una oportunidad para ser mejores y hacer cosas mejores mientras se viva, es una oportunidad que merece ser aprovechada.
