De la artesanía a la tecnología: Parte 1
Fernando Cajas
Mi tío Augusto, Augusto Cajas Cantoral, solía decir: “Una vez que un trabajo está empezado, nunca lo dejes hasta que esté bien terminado. El trabajo hay que hacerlo bien”.
Esa frase simple describía, para él, la esencia misma de ser artesano: Hacer bien el trabajo.
La artesanía no puede separarse de la tecnología, las máquinas ni la automatización. Hay una conexión profunda entre ambas. No es solo cronológica: cuando emergen las artesanías, emergen también las tecnologías. Pero difieren en algo esencial. Las artesanías nacen de la relación directa entre la mano y el cerebro. Surgen de la manualidad pura, sin necesidad de máquinas que medien el proceso.
Sin embargo, ubicadas en sus propios espacios y tiempos, las artesanías parecen ceder terreno poco a poco ante productos tecnológicos, algunos ya totalmente automatizados. En Guatemala, país de profunda tradición artesanal, esto se ve con claridad. Nuestros textiles tejidos a mano por artesanas, los diseños contextualizados que han viajado siglos, el tallado de madera, las máscaras ceremoniales de los bailes de moros y el hierro forjado siguen siendo emblemas vivos. De hecho, los pueblos en los alrededores de Antigua Guatemala se formaron precisamente dependiendo de sus habilidades, esto es, se formaron grupos de artesanos especializados. Casi desde la conquista española, cada comunidad desarrolló su maestría única.
La tecnología puede entenderse como artefacto, como conocimiento o como práctica social. Pero no hay que confundir la práctica social con el producto final. Detrás siempre hay un sistema conceptual, teorías que intentan explicar esa práctica. Tarea que, como bien saben sociólogos y filósofos de la tecnología, ha resultado compleja.
Las tecnologías modernas se basan en una intensa fundamentación científica. Se diferencian así de las artesanías antiguas, que se forjaron en la práctica empírica, en años de repetición y perfeccionamiento de habilidades concretas.
El problema filosófico de entender la tecnología es complejo. Las filosofías tradicionales —ya sea la idealista ingenua de Platón o la pragmatista de Richard Rorty— suelen verla simplemente como “ciencia aplicada”.
Sin embargo, cientos o miles de años antes de la ciencia moderna (Galileo y los que vinieron después), ya existía tecnología. Fueron artesanos quienes construyeron el primer telescopio con el que Galileo observó las fases de Venus y las lunas de Júpiter.
Con la Revolución Industrial todo cambió. Cuando el calor se explicó mediante la termodinámica y la máquina de vapor surgió de nuevas ingenierías con base científica, las artesanías empezaron a perder terreno.
En el siglo XXI esa batalla parece decidida: la producción artesanal es reemplazada por tejedoras automáticas, tornos preprogramados y, ahora, por inteligencia artificial capaz de recrear los diseños más complejos.
¿Está realmente la tecnología reemplazando a las artesanías?
Richard Sennett, en su libro El artesano (The Craftsman), nos advertía: “Las máquinas pueden hacer cosas que nosotros no”. Pero cuando Sennett escribía, la inteligencia artificial aún no existía.
Hoy sí. Y mientras releo sus páginas, pienso en nuestros textiles guatemaltecos. Ya antes de la IA sufrían la competencia de máquinas chinas que copiaban diseños originales. Un huipil de Chichicastenango o San Antonio Aguas Calientes, que una artesana tarda semanas en tejer con paciencia y tradición, ahora compite con réplicas producidas en minutos.
Sennett todavía creía que el ser humano podía controlar a la máquina: “La forma ilustrada de usar una máquina es juzgar sus poderes y diseñar sus usos a la luz de nuestros propios límites, y no del potencial de la máquina. No deberíamos competir contra la máquina”. Esa percepción cambió.
En las siguientes entregas exploraré la relación entre artesano, técnico y tecnólogo. Mi propósito es entender las ingenierías modernas —base de nuestro desarrollo— sin perder la esencia que mi tío Augusto nos enseñó: hacer las cosas bien, con las manos y con el corazón.
Porque tal vez el futuro no esté en que la máquina gane del todo. Tal vez esté en que el artesano guatemalteco se convierta en tecnólogo, sin dejar nunca de ser artesano.
