«No es nuestra guerra»»
Miguel Angel Sandoval
Esto es lo que dicen con todas sus letras la mayoría de países de la llamada OTAN. Y esto quiere decir que no van a enviar ni barcos, ni aviones, menos hombres, para intentar desbloquear el estrecho de Ormuz. Y además quiere decir, la guerra es de quienes la iniciaron, de quienes la mantienen, pero no de nosotros. De hecho, si hacemos una lista como la que publica La Jornada de México el martes 17 de marzo, vemos que la mayoría de países europeos, encabezados por las declaraciones de Alemania y de Inglaterra, han dicho un no rotundo a la guerra de Trump y Netanyahu. No equivocarse en esto.
Y esto tiene trasfondo. Lo primero es que en otra guerra que sigue su curso, todos estos países que ahora se desmarcan de los EEUU, fueron y a la fecha lo son, aliados en la guerra de los EEUU en Ucrania contra Rusia. Y en esta los europeos han cometido cualquier tipo de estupideces. No podemos dejar de analizar estos hechos. Pero todo tiene su final como dice la canción que canta Héctor Lavoe. De una parte, cuando Trump vio que la guerra iba para largo, demandó a los europeos que integran todos la OTAN, que le echaran un poco más al cochinito de la guerra. Les demandó, entonces, el 5% de aumento del presupuesto nacional en los gastos militares. Y esto es inaceptable, en el fondo, para los europeos, del signo que sean, pero ello no impide un malestar social que crece día a día.
Si se es un poquito analítico, luego se da uno cuenta que aumentar el 5% del gasto militar, equivale, sin dudar un momento, a limitar la inversión social, sea en educación, salud, pensiones, investigación, deportes o lo que sea, pues implica un recorte de cinco por ciento a los social, se mire como se quiera ver. No hay de otra. Pues debemos convenir que ninguno de los países mencionados, puede hacer crecer la economía en 5% con una orden de Trump o algo por estilo. ¿Y todo para qué? ¿Para alimentar una guerra que finalmente es una criatura de los norteamericanos? ¿O un resultado de sus propios errores?
Es por ello que siempre me pareció una torpeza monumental del gobierno de Giammattei, ir con fanfarrias a sumarse como extra de una mala película, a las voces de apoyo al infumable de Zelensky. Pero en el caso de los europeos el tema es de tintes dramáticos, en donde por suerte los españoles han recapacitado y dicen no a las aventuras de Trump. Y ahora se suman otros países europeos que inician un proceso de pensar con la cabeza antes que construcciones ideológicas o con el bolsillo. Pero hay algo pendiente. Si bien es cierto que los europeos se jugaron la vida con la guerra de Ucrania, al momento de dar inicio a la idea de una salida política, quedaron fuera, ni siquiera fueron invitados para servir el café, en una mesa en donde fueron y serán excluidos.
Dicho de otro modo, no basta con ser condescendientes con los designios de una gran potencia. Siempre hay que tener claro que la agenda nacional es prioritaria, que no se puede dejar de lado a demanda ajena. Es necesario tener respeto por la soberanía nacional. Y esto es lo que viene ocurriendo en nuestro país. Con todas las muestras de amistad, de apoyo a la democracia guatemalteca y de mantener aparentes buenas relaciones con los EE.UU., estos no vacilaron en poner a un impresentable y antidemocrático en la corte constitucional de nuestro país. Aun a costa de enturbiar las buenas relaciones con el gobierno actual. La puñalada se oyó en todo el continente.
En esta perspectiva, es inaudito que se pueda dar un escenario en donde nuestro país se pueda alinear con los agresores de Irán. Pues no se puede olvidar que la agresión fue iniciada por Israel y los EEUU desde el 28 de febrero con los bombardeos que asesinaron al Ayatola Jamenei. Como dicen los europeos con alguna sensatez, esa no es nuestra guerra. Ese no es nuestro interés. Lo único que podemos hacer en ese caso, es decir que apoyamos la paz mundial y hacer lo que esté en nuestros modestos recursos para apoyar una iniciativa de paz, de diálogo, de salida negociada. Por ello no podemos caer en la tentación de correr la misma suerte de los agresores. Ellos deben hacerse responsables de sus errores.
