Perder el rumbo por peanuts

Zurdo

Miguel Angel Sandoval

El aumento de sueldo auto otorgado por los diputados es en verdad una expresión de la absoluta falta de sensibilidad política. En ese auto aumento, visto de varias formas, vemos todo tipo de justificaciones o de intentos, pues el bochorno es inevitable. La verdad que es un asunto serio. Son más de 20 partidos y sus diputados, que de manera irresponsable apuestan por ese aumento sin pensar para nada en la institución y su desgaste. Y cuando me refiero al desgaste de la institución y sus tareas, estoy hablando de la perdida de su función, que no es usar la institucionalidad para darse auto aumentos sino para trabajar en dirección al bien común, como lo establece la constitución a la cual juraron servir. Aunque no se puede esperar mucho de una veintena de paridos sin ideología, programa político, objetivos nacionales, afiliados reales y un largo etcétera. Si algún partido piensa que, si tiene lo que señalo, vendría bien que lo expusiera, lo argumentara, lo escribiera, que fuera al debate armado de esos principios. Pero….

En los días o semanas previos al aumento, escuche algunos “argumentos” que intentaban hacer de esa medida impopular, una suerte de explicación de las razones por las cuales se iba por el incremento, abusivo, por cierto, del sueldo de los diputados. Que si las distritales tienen dificultades, que si el costo de la vista, que si los otros quieren y no nos podemos oponer, etc. Nada relevante en verdad. Puros intentos de ocultar las vergüenzas. Y no hubo una corriente política que, de forma clara y con argumentos, señalara que el aumento no era prudente. Menos al recetarse sin pestañear, mas de 6 o 7 salarios mínimos con una levantada de mano irresponsable. Solo para la ilustración de los “honorables” en México se aumentaron el 5% en las dos cámaras. OJO el 5%. Estamos muy lejos de los vecinos. Pena.

En este contexto hay quienes dicen que votaron en contra, y eso se puede respetar, pero no cuando quienes sabemos de votaciones en el hemiciclo, vemos que, llegado a un número de votos, luego de los acuerdos políticos bajo la mesa, lo que sigue es irrelevante y no cambia nada y es cuando se vota, es un numero mas y no afecta el contenido. Eso es oportunismo. Nada más. Es el momento que se alcanzan votaciones de 140 o 150, pues luego de 107 ya no importa quien vota en contra, pues ya esta algo aprobado y entonces en lenguaje de la novena avenida, se suben los oportunistas. O en el auto aumento, se vota en contra cuando ya se aprobó y solo se recibe sin rubor el cheque a fin de mes. Bravo.

En el congreso durante muchos años ha existido el intento de aumentarse de salarios. En ocasiones por la vía de los almuerzos, en otras por el combustible, en otras ocasiones con los seguros médicos, o los celulares. Todo porque es realmente difícil el auto aumento. Ni siquiera entro a considerar las explicaciones que dicen que es a cambio de otras leyes pues no hay mayoría. Es siempre un tema complejo, de sensibilidad política y siempre es algo en contra la población. Se entienda o no. Y por esas razones el pretendido aumento no ha sido posible en otras legislaturas. Solo ahora.

También se ha manejado la idea de que los diputados deben estar al mismo nivel de los magistrados o de otros cargos semejantes. Solo se olvida que los magistrados a pesar de lo mal que hagan las cosas, tienen una carrera, años de ejercicio profesional y otros requisitos. Al grado que cuando son nominados, se espulga en su vida, personal y privada.  Los diputados ninguno es sometido a semejante proceso. Esa es una de las grandes diferencias. Por otra parte, la idea de que son votados popularmente, no es algo relevante, pues eso está a discusión mientras haya una ley electoral como la actual, que, entre otras cosas, no permite la elección nominal, sino que solo en planchas o listas.

Y por supuesto el costo político es difícil de asimilar, aunque siempre existe la posibilidad de dar marcha atrás. O si el clima político es tan cargado como puede ser ahora, existe la movilización social como la mejor manera de echar para atrás una medida de esta naturaleza. En otros temas ha sido posible revertir una votación de los diputados, o incluso por las torpezas desde la novena avenida, se han creado las condiciones para la depuración del hemiciclo. Nada es definitivo ni nada está escrito en piedra.

En el marco del aumento de sueldo por razones inconfesas, resulta que se ha colado también, la idea de reformar la ley orgánica y de paso la ley electoral y de partidos, para permitir el transfuguismo, con lo cual se echaría por la borda las reformas electorales de 2016, que si no se recuerda, tuvieron como telón de fondo las movilizaciones sociales del año 2015, mientras que ahora la idea urge de diputaditos que creen que por haber llegado a ocupar una curul, tienen el derecho de legislar verdaderas tonterías como sería la que señalo.

No se puede perder el rumbo de la forma en que ahora vemos. Menos por un puñado de cacahuates. Especialmente si lo que apostamos o queremos es un cambio de rumbo en el país, pero no a costa del envilecimiento de una corriente política renovadora, ni a costa del mayor desgaste de una de las principales herramientas de una democracia representativa, como es el organismo legislativo por esa absurda idea de aumentarse los sueldos sin importar que nadie esté de acuerdo con semejante vergüenza.

Es obvio que para el pacto de corruptos el tema de los sueldos es babucha. No resuelve su voracidad ni su afán de usar el estado como fuente de negocios. En esto debe estar la diferencia entre las fuerzas progresistas y los corruptos consumados de siempre. Por ello no se puede perder el norte. Así de sencillo debe ser el proceso de rectificación. Regresar a la senda es la palabra de orden.

No sé si la movilización social tiene o va tener, la fuerza que queremos. Ni se si se puede apostar a la misma para retrotraer el tema de la ignominia de los sueldos de los diputados, pero si de algo estoy seguro: la barbaridad de ahora tendrá su cobro en los próximos eventos electorales o en una eventual depuración que en verdad está a la orden del día, aunque nadie lo esté viendo con la claridad que ello ame

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