La indignante prensa internacional y la nacional
Autor: Jairo Alarcón Rodas
Hay miserables afanes de popularidad, más denigrantes que el servilismo.
José Ingenieros
Salvo excepciones, la prensa es primordialmente un negocio de noticias dentro de un sistema de transacciones económicas, en donde prevalece, sobre todas las cosas, el ganar dinero, como sucede en el capitalismo. A los que se dedican a ese negocio no les interesa informar con veracidad sino, simplemente, trasladar noticias, que le convienen a los intereses de los grandes consorcios económicos, a los sectores hegemónicos.
Y así, manipular la información, ocultar sucesos, engañar, no les representa ningún problema, pues simplemente responden a los intereses de aquellos que los financian, los que les pagan por lo que difunden. El propósito de los medios masivos, dice Noam Chomsky, no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo con las agendas del poder corporativo dominante.
Bajo tales circunstancias, es claro que las mentiras invaden los escenarios públicos y con el avance de la tecnología, de las comunicaciones, con en el desarrollo y expansión de las redes sociales, de nuevas plataformas, las mentiras, las noticias falsas, el engaño, se propaga exponencialmente, está al orden del día en el mundo.
Bajo esa lente, el criminal resulta ser virtuoso, el delincuente es honrado, lo ilícito se convierte en lo legal, el invasor es el libertador. Es esa la importancia del control de los medios de comunicación, pues con ellos se puede lograr que la mentira se vuelva verdad y el opresor un virtuoso emancipador, a través de manipular las mentes de las apersonas, por medio del control de los medios de comunicación.
Y en un mundo en donde impera el capitalismo, la indiferencia, el egoísmo, en donde aflora la hipocresía y la deshumanización, esa es la forma de valorar la información, constituyendo, para las grandes corporaciones noticiosas, mercancía dispuesta a venderse al mejor postor.
Dentro de esa tónica, las “democracias de occidente” exigen la democratización de los países en vías de desarrollo, tachan de terribles dictaduras, de regímenes bestiales, a todos aquellos gobiernos que no comparten su visión de Estado y de democracia, sin embargo, callan, no alzan la voz, no protestan en contra de los crímenes de lesa humanidad, rehúyen criticar el genocidio palestino, en manos del ejército israelí, para quienes no existe sanción alguna.
Ni mucho menos critican los miles de millones de dólares invertidos en armas, en la destrucción del medioambiente, la miseria en el mundo. No dicen nada sobre las muertes que las guerras traen consigo pero, eso sí, vociferan en contra de aquellos que no comparten su visión del mundo.
Qué constituye para la comunidad internacional democratizar a un país, significa acaso que, con las reglas del juego establecidas por los sectores hegemónicos, en donde solo ellos o sus empleados pueden participar, se elija a un presidente cada cierto período de tiempo, a sabiendas que será un empleado más de ellos y si por alguna razón se revelara, pretendiendo independizarse, inmediatamente lo convertirían en un perverso dictador, en un tirano, simplemente por no seguir las instrucciones que ellos les den.
El papel de “títeres” ha sido común en la mayoría de gobernantes latinoamericanos, a cambio de ello se han enriquecido fraudulentamente. Gobernantes van y vienen, en la mayoría de los casos apegándose al guion que el imperio del norte les impone y a las instrucciones que las oligarquías criollas les establecen. De ahí que, mantienen en la miseria a sus países, pues para ellos, eso constituye una auténtica democracia.
Lamentablemente el caso de Guatemala y de su actual gobierno no ha sido la excepción. Así, un gobierno cuya política exterior ha demostrado ser anodina, dependiente del país del norte, en el que su gobernante no tiene idea de lo que es el liderazgo político, que hace oídos a noticias falsas, que exige desde un comunicado de su cancillería, la liberación inmediata de la líder opositora, María Corina Machado en Venezuela.
No podemos tolerar más las acciones represivas e ilegítimas del régimen de Maduro, Nuestra solidaridad con el Pueblo que lucha por la libertad y la democracia en Venezuela, continúa el comunicado. Lo cuestionable del asunto es que tal acción no sucedió, vaya pifia de la cancillería guatemalteca y de su gobernante.
Por aparte, como en la ley del Oeste, el gobierno de Estados Unidos aumentó el viernes la recompensa por la entrega de información que lleve a la captura del líder de Venezuela, Nicolás Maduro, de US$15 a US$25 millones, en respuesta a lo que califica como una investidura presidencial «ilegítima». Cómo puede ser aceptada esa acción dentro del concierto de las naciones civilizadas del mundo.
Lo que la extrema derecha de Venezuela denuncia es lo mismo que el Ministerio Público de Guatemala, a través de la FECCI, le endilga al partido político Semilla, sin presentar las pruebas pertinentes, de que se haya cometido un fraude. Sin embargo, las pírricas pruebas presentadas por Edmundo González Urrutia le han servido a la comunidad internacional para proclamarlo el ganador de las elecciones.
A pesar de ello, en el caso de Guatemala, es preferible este gobierno a que se hubiese continuado con la camarilla delincuencial que pretendía perpetuarse en el poder, como diría Tomás de Aquino, ante un mal mayor, es preferible un mal menor.
La frágil pero significativa ruptura de poder que se obtuvo con la derrota en las urnas por parte del Pacto de Corruptos, tras la elección del candidato de Semilla como presidente, sin duda no fue suficiente para comenzar a construir un nuevo país. Es pertinente que el gobierno de Bernardo Arévalo reflexione en estos detalles y antes de tomar una decisión y medida cerciorarse que se está actuando con apego a la verdad y no formando parte de acciones orquestadas a partir de mentiras y de suposiciones.
Dentro de ese contexto, la prensa nacional e internacional, fiel a sus acreedores y financistas, difundió el 9 de enero la noticia sensacionalista que “las fuerzas represivas de Nicolás Maduro” habían secuestrado a María Corina Machado, dirigente opositora al régimen. Diarios de Estados Unidos, de Europa, de Latinoamérica, de Guatemala, cadenas televisivas, destacaron lo que resultó ser una noticia falsa y con la desfachatez del caso, tan solo con contadas excepciones, continuaron con la desinformación, con el engaño, sin pedir disculpas a la audiencia mundial por la tendenciosa mentira difundida.
Preocupados por la seguridad de la dirigente opositora, desplegaron grandes titulares pero, curiosamente, pocos han sido los que se atreven a señalar las atrocidades del ejército israelí en contra de la población civil de Palestina, los niños masacrados, la terrible situación en la Franja de Gaza en eso guardan un sepulcral, vergonzoso y cómplice silencio.
Cuál ha sido el pronunciamiento de la Cancillería guatemalteca en contra de las muertes de las niñas y niños palestinos, sobre los bombardeos a hospitales, en fin, sobre el genocidio que se está perpetrando en Oriente Medio. Será que eso no ocurre para ellos, no está sucediendo o no les importa. Qué han dicho sobre el golpe de Estado de Dina Boluarte en Perú o del asalto, a la Embajada de México en Quito, Ecuador.
Me pregunto, algún gobierno latinoamericano o gobernante del mundo occidental alzó la voz o protestó en contra de las acciones emprendidas por Estados Unidos, dijeron algo ante las denuncias, por medio de WikiLeaks, que Julian Assange hizo en contra de los efectivos militares estadounidense durante la invasión a Irak. O de lo ocurrido en las elecciones presidenciales del 2000, sobre los votos perdidos en Florida, lo que determinó que fuera electo George Bush hijo.
Algún gobernante dijo algo sobre, la incitación a la rebelión por parte de Donald Trump, tras haberlo declarado perdedor de la elecciones en el 2019. No, todo fue silencio; ante lo que suceda en el gran país del norte, nadie tiene derecho a meterse, ese es un asunto que le corresponde únicamente a los estadounidenses solucionarlo.
Ante lo suscitado, más digno ha sido el papel de la presidente de México, Claudia Sheinbaum, la que, ante no contar con la información suficiente de lo acontecido en Venezuela y no cerciorarse de las noticias difundidas, ha optado por suspender juicio y señalar que los problemas de Venezuela le corresponde a los venezolanos resolverlos. Caso un tanto similar ha ocurrido con Gustavo Petro, a pesar de que la virulenta derecha tradicional colombiana lo ha acusado de ser cómplice del presidente Maduro.
La cuestionable prensa internacional y la nacional continúan con el negocio de la información, pretendiendo que las personas, las más ingenuas, caigan en sus redes de desinformación tendenciosa. Otras, como siempre, se sienten a sus anchas dentro de este caos de noticias falsas y de engaño, pues se ven beneficiadas con ello. Entre todos el gran perdedor resulta ser la población en general, que vive en un ambiente de mentira, de suposiciones, de trampas y de manipulación.
