Cuestión de percepción

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La unidad es la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo.

Isaac Newton

Si cada persona percibiera la realidad como le da la gana y tal criterio fuera aceptado por los demás sin cuestionar su grado de veracidad, si no existiera un orden, una forma adecuada para hacerlo, no habría lugar para el conocimiento, y el κόσμος (cosmos) perdería su interés, ya que pretender comprenderlo resultaría irrelevante pues cada individuo tendría el derecho de tener una lectura sobre las cosas y señalar que tal criterio debe ser respetado,  no habría equivocación alguna sino solo puntos de vista.

Sin embargo, los seres humanos oscilan entre el acierto y el error, muchas de sus conjeturas que hacen sobre las cosas son equivocadas ya que no corresponden a juicios lógicos sino emotivos. Así, la relación entre antecedente y consecuente en sus presunciones están relacionadas psicológicamente, lo que origina las falacias del entendimiento que son razonamientos incorrectos.

Consecuentemente, Parménides señalara: Es justo, de conformidad con el orden lógico de las cosas que le sea revelado el conocimiento a quien lo merece. De tal modo que no a todas las personas les interesa el conocimiento de las cosas, simplemente opinan sobre ellas de conformidad con su percepción o siguiendo la opinión de otras. Pero que lo hagan, no significa que estén en lo correcto. Tener el derecho de opinar no significa que la opinión sea válida, ya que lo real amerita una forma adecuada de hacerlo.

Es más, si todo fuera relativo, tendrían lugar relevante los juicios arbitrarios, no habría criterios absurdos, el bien y el mal serían cuestión de opinión, la mentira sería un punto de vista, lo correcto y la verdad no tendrían razón de ser y la conciliación de criterios resultaría imposible. El supuesto de que la realidad es independiente de la conciencia, presupone un nexo que en los seres humanos permita su comprensión y ese es el intelecto humano, el razonamiento y su estructuración lógica.

Con el supuesto de que la realidad es y tiene un orden, pensadores, filósofos, hombres y mujeres de ciencia, desde la antigüedad, han buscado su fundamento, el principio generador de todas las cosas que les sirva de guía para su comprensión, ya que no se puede accionar adecuadamente en la realidad si no se le comprende. Recalcando que comprender algo no significa simplemente opinar.

Pero, percibir la realidad es llevar a la conciencia la información que los sentidos proporcionan, es mantener una relación constante con las cosas y sacar conclusiones sobre estas a través de un proceso intelectivo. No obstante, cada quién percibe la realidad como quiere, la juzga según su criterio y lo hace cotidianamente a pesar de no ser lo correcto. Por lo que Protágoras tenía razón al indicar que el hombre es la medida de todas las cosas. Pero, que su comportamiento sea así, no significa que esa sea la vía correcta para ponerse en contacto con la realidad y poderla transformar.

Como parte de la realidad, cada persona se percibe a sí misma de las formas más insospechadas posibles, los optimistas se ven muy inteligentes, agraciados físicamente, honestos, pulcros, los menos, todo lo contrario. Tal forma de ver las cosas da lugar a la subjetividad, aunque también hay juicios objetivos que permiten unificar criterios. Agregar más o decir menos de lo que son y poseen las cosas da lugar a la subjetividad, señalar lo que le corresponde constituye la objetividad.

Existen diversidad de ejemplos en donde los juicios subjetivos y relativos se hacen presentes, es decir, las opiniones. Cada año, los comentaristas mexicanos ven a su selección de futbol como una de las mejores del mundo, ven a los jugadores dotados de habilidades inusitadas, sin embargo, los hechos los vuelven a la realidad, al darse cuenta de los resultados.

La percepción de los funcionarios estadounidenses sobre sus acciones política y militares en el mundo en la geopolítica, ven a ese país como una auténtica democracia, baluarte de la justicia y ejemplo para el mundo. Consideran que las acciones que han emprendido, en distintos países y a lo largo de la historia, son y han sido legítimas, en defensa de la democracia, para preservar el orden y la paz en el planeta.

Pero, al evaluar cuál ha sido el papel de Estados Unidos a lo largo de la historia, claramente se demuestra, con sobrados hechos, quién ha sido el brutal agresor, el que ha empleado las tácticas desestabilizadoras de terrorismo de Estado e impuesto sus designios a través del poderío militar.

Así, en un mundo en donde prevalecen las opiniones, hay personas se perciben como animales, se autodenominan transespecie, algunos incluso se consideran cosas, se sienten no humanos y en el campo sexual cada vez más se extienden los que tienen distintas apetencias. Es claro que tales personas pueden percibirse como quieran, están en su derecho, siempre y cuando no afecte a los demás.

El nazismo en Alemania, a mediados del siglo pasado, percibía que los alemanes eran seres superiores, con el derecho de esclavizar e incluso aniquilar a los demás habitantes del mundo y en parte lo hicieron. Sin embargo, a los ojos de los demás, fueron unos criminales, dignos de la vergüenza de la especie humana. De ahí que la percepción que pueda tener un individuo sobre él mismo y sobre las cosas, puede ser distinta. ¿Cómo saber quién está en lo correcto? Las evidencias podrán demostrarlo y estas se basan en juicios objetivos.

Uno de los problemas que tiene el subjetivismo y el relativismo es que al tener cada persona el derecho de percibir la realidad como quiera, el juicio de alguien que perciba la realidad en forma objetiva también tiene validez, de tal modo que lo real sería subjetivo y objetivo a la vez lo que vulnera el principio de no contradicción que señala que no se puede ser y no ser al mismo tiempo.   

Las percepciones subjetivas, como su nombre lo indica, dependen del criterio de cada persona, consecuentemente, según sea la capacidad que tenga esta, así será su percepción del mundo, que a menudo están cargadas de ignorancia, ligerezas, prejuicios, señalamientos sesgados, intereses particulares y presunciones arbitrarias, que lejos están de la objetividad sobre las cosas y de la certeza.

Cada uno tiene el derecho de percibir como quiera la realidad, de juzgarse como mejor le plazca, pero pretender imponer ese criterio, sin establecer un consenso, sin demostrar que es así, es lo que da lugar a la discordia y al conflicto. Los juicios objetivos, aquellos que corresponden a la realidad y que se obtienen a partir del razonamiento y el pensamiento lógico, constituyen el mejor árbitro, el mediador entre la falsedad y la validez, entre el acierto y el engaño.

Difundir y promover el subjetivismo es la estrategia empleada por aquellos que temen la unidad de criterio en aspectos en donde sus intereses se ven en peligro. La diversidad de criterio enriquece la realidad pero la objetividad no puede estar en discusión.

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